Durante el día experimentamos variadas emociones en diferentes momentos. Algunas serán tan breves como un instante y otras podrían quedarse con nosotros desde unos minutos a unas horas. Pero… ¿qué es lo que determina cuándo dura cada una de estas? Un reciente estudio ha tratado de responder al menos una parte de esto al señalar qué áreas del cerebro parecen estar estrechamente relacionadas con nuestro mal humor.

La revista científica Journal of Neuroscience ha publicado recientemente un estudio que presenta particulares nuevas evidencias. Para su realización, los investigadores Nikki A. Puccetti, Stacey M. Schaefer, Carien M. van Reekum, Anthony D. Ong, David M. Almeida, Carol D. Ryff, Richard J. Davidson y Aaron S. Heller decidieron trabajar en equipo.

Como parte de la división de investigación de la Universidad de Miami, el grupo de científicos se dedicó a determinar qué relación había entre los procesos cerebrales y los cuadros de mal humor sostenidos. Para esto, contaron con los datos de 52 individuos del estudio ‘Midlife in the US’.

Esta iniciativa, que tuvo inicio en 1990, ha recolectado los datos de salud mental y emocional de miles de estadounidenses de mediana edad. Gracias a ella, los investigadores no solo pudieron hacer un experimento transversal, sino también evaluar longitudinalmente el carácter y emocionalidad de cada voluntario involucrado.

Nuestro mal humor depende en gran parte de esta área del cerebro

Según los principales resultados de su estudio, ha sido la amígdala la responsable de la regulación de las emociones negativas. Esta área del cerebro –que forma parte de su sistema límbico– es comúnmente asociada con la gestión del estrés y el miedo. Sin embargo, también está involucrada en otros procesos del procesamiento emocional, las capacidades de memoria y hasta de la toma de decisiones.

Ahora, también se ha visto que esta misma zona del cerebro podría determinar si las personas permanecen de mal humor o si son capaces de “superarlo”. Pero… ¿cómo han logrado determinar esto?

Desenmascarando a la amígdala

Para el siguiente paso de la investigación, luego de recuperar todos los datos de los voluntarios, cada uno se sometió a una prueba. Durante esta, se realizó un escaneo de su actividad cerebral, para poder determinar qué zonas tenían mayor movimiento dependiendo de si se percibían estímulos positivos, negativos o neutrales.

Se fomentó cada una de las emociones a través de fotografías asociadas con elementos positivos o negativos y con imágenes neutrales (como un rostro sin expresión). Entre cada presentación de un elemento “afectivo” se intercaló una imagen neutral.

Luego de que terminara el experimento, se midió cómo reaccionó el cerebro a los diferentes estímulos. Fue acá donde se pudo observar con claridad cómo la amígdala izquierda se presentaba con más fuerza cuando se apreciaban fotografías de connotación negativa.

Si la actividad en esta área del cerebro persiste, el mal humor también lo hará

Primer plano de un hombre con ceño y boca fruncidos en gesto de mal humor.
Crédito: Ryan Hyde/Flickr.

Otra observación que realizaron los investigadores es que, cuando la actividad en la amígdala izquierda del cerebro se mantenía, el “mal humor” de los participantes también. Por este motivo, tendían a reaccionar de forma más negativa al resto de elementos que vinieran después de que la amígdala se activara.

Del mismo modo, se notó que aquellos individuos cuya amígdala izquierda solo se les activó por un momento tendían a tener apreciaciones más positivas y a no dejar que el mal humor afectara el juicio de sus siguientes imágenes.

Al comparar estos resultados con los datos del ‘Midlife in the US’, los autores también notaron que aquellos que mostraron más actividad en la amígdala izquierda, solían ser los que reportaban más emociones negativas diariamente. Por lo que, se pudo observar al menos un patrón y una relación inicial entre esta área del cerebro y el mal humor sostenido.

Más allá de una molestia pasajera

Estos descubrimientos podrían ser de gran ayuda a la hora de entender cómo algunos individuos ven y valoran su día a día. Después de todo, aquellos con una mayor actividad en la amígdala izquierda podrían ser más propensos a percibir y recordar experiencias negativas, debido a un estado de mal humor constante apoyado por el cerebro.

“Puede ser que para los individuos con mayor persistencia en la amígdala, los momentos negativos se amplifiquen o prolonguen al imbuir momentos no relacionados que siguen con una valoración negativa”, escribieron los autores.

Con esto claro, los investigadores consideran que continuar estudiando esta área podría darnos ideas más claras sobre el pensamiento de los individuos. Un detalle que, además, vendrá a ser de utilidad a la hora de evaluar o promover elementos como su bienestar físico y mental.

 “Como el bienestar psicológico es una autoevaluación cognitiva compleja que requiere que uno se integre a lo largo de toda una vida de experiencias, es probable que dicho proceso de evaluación esté respaldado por redes cerebrales distribuidas en lugar de una región individual”, escriben los investigadores.

En otras palabras, como un siguiente paso, los autores han recomendado que se hagan más investigaciones que permitan comprender qué otras redes neuronales podrían estar actuando en este tipo de situaciones. Todo debido a que, desde su perspectiva, tal vez la amígdala se haya activado con sus estímulos específicos, pero esto no es suficiente aún para verla como la única responsable.

Referencia:

Linking Amygdala Persistence to Real-World Emotional Experience and Psychological Well-Being: https://doi.org/10.1523/JNEUROSCI.1637-20.2021

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