Seguramente te habrás dado cuenta de que, en una emergencia, suele suceder que las personas alrededor del suceso, en vez de ayudar al otro, deciden simplemente no hacer nada. Pues este es un fenómeno social que se ha estudiado profundamente llamado efecto espectador, y no hay mejor ejemplificación del mismo que con el asesinato de Kitty Genovese.

Kitty Genovese era una chica de 19 años que en 1964 trabajaba como gerente de un bar de Nueva York, ubicado en la Avenida Jamaica de Hollis, Queens. Su madre y el resto de su familia habían decidido mudarse a Connecticut luego de que esta presenciara un asesinato en ocurrido en Brooklyn en 1954. Sin embargo, Kitty decidió quedarse sin saber que este sería el peor error de su vida.

El 13 de marzo de 1964, Kitty iba de camino a su casa sin percatarse de que un auto la había estado siguiendo. Se bajó de su Fiat rojo a unos 30 metros de su apartamento y cuando se dispuso a caminar hacia su hogar, un hombre se abalanzó sobre ella y la apuñaló dos veces en la espalda.

Kitty Genovese o la apatía - Jot Down Cultural Magazine

Kitty gritó y el asesino huyó. En el barrio, los vecinos habían escuchado el llamado de auxilio y muchos de ellos simplemente se limitaron a gritarle al criminal que dejara a la chica en paz. Mientras tanto, Kitty, herida, se arrastraba a su casa y nadie se percató de su estado ni se preocupó en ayudarla.

Algunos vecinos llamaron a la policía, pero las declaraciones eran confusas y las autoridades no le dieron mayor importancia. Sin embargo, como la mujer se había levantado, dejaron que el hecho simplemente pasara.

Sin embargo, la pesadilla de Kitty no termina aquí, pues diez minutos más tarde, el asesino volvió para terminar el trabajo que había empezado. Este encontró a Kitty tumbada casi inconsciente en la parte posterior del edificio, y allí la apuñaló más veces, la violó y le robó 49 dólares. Según las heridas de cuchillo en las manos de Kitty, se puede deducir que esta trató de defenderse. Se estima que el ataque duró aproximadamente media hora y, en ese tiempo, nadie llamó a la policía.

Los vecinos del barrio aseguraban que habían escuchado el ataque, pero pensaban que se trataba de una pelea de borrachos. Solo un vecino, Karl Ross, decidió llamar a la policía luego de que terminara el ataque.

Las autoridades llegaron pocos minutos luego de la llamada de Ross y se llevaron a Kitty en una ambulancia. Lamentablemente la chica falleció en el traslado al hospital.

El crimen de Kitty Genovese conmovió a EEUU, pero todos creyeron la versión errónea de la historia - Infobae

Dos semanas después, el Times publicó una noticia titulada “38 personas que vieron un asesinato y no llamaron a la policía”. Investigaciones posteriores aseguraron que, en realidad, habían sido unos doce testigos, quienes habían escuchado el ataque pero no se habían enterado de lo que sucedía.

El asesino, Winston Moseley, fue arrestado poco tiempo después del asesinato de Kitty en un evento relacionado con un robo. Confesó su crimen y aseguró que lo hizo simplemente por “el deseo de matar a una mujer”. El examen psiquiátrico posterior dio como resultado que era un necrófilo.

Simples espectadores

El artículo del Times, a pesar de ser inexacto, desató polémica en la población debido a la indiferencia de los vecinos en la localidad. Poco tiempo después, en 1968, los investigadores John Darley y Bibb Latané, inspirados en el caso de Kitty Genovese, publicaron una investigación que demostraba la existencia del efecto espectador.

Ambos investigadores elaboraron un experimento para demostrar cómo funcionaba este fenómeno social. En el mismo, se pone a un sujeto solo en un cuarto y se le dice que puede comunicarse con otros a través de un intercomunicador, el cual está apagado y se encenderá solo cuando sea su turno de hablar. En realidad, el sujeto lo único que escucha es una grabación, en la cual uno de los participantes finge tener un ataque mientras está grabando.

Según los resultados del estudio, el tiempo que se tardaba el sujeto en avisarle al investigador que el otro participante estaba teniendo un ataque variaba inversamente con respecto al número de personas en el experimento, e incluso en algunos casos, el sujeto nunca le avisaba al investigador sobre el supuesto ataque del otro participante.

Esto demostró que los observadores de un hecho simplemente asumen que otra persona intervendrá, por lo que se abstienen de hacerlo. También pueden asumir que alguien con más preparación podría ayudar, por lo que consideran que su intervención es innecesaria.

¿Se puede combatir?

El efecto espectador, ¿nos hemos vuelto insensibles a la realidad?

Aunque parezca difícil, en realidad sí se puede contrarrestar el efecto espectador. El truco es que, en una emergencia, la persona que necesite la ayuda se dirija a una persona en particular de la multitud. Esto hace que, en lugar de que la emergencia se difumine entre el resto de la gente, la responsabilidad de ayudar recaiga en los hombros de una sola persona, de forma que se vea obligada a ayudar.

Este simple acto influye en la superación de la ignorancia colectiva, pues al momento en el que la persona en la que recae la responsabilidad decide ayudar, las demás se van a ver motivadas por la acción casi como un efecto dominó.

Como moraleja nos queda que debemos tratar de no ser víctimas del efecto espectador y de darnos cuenta de si estamos paralizados cuando nuestra participación podría ser de ayuda.