Cuando hablamos de familias dedicadas a una profesión, normalmente pensamos en negocios familiares como tiendas, farmacias o cosas similares. A pocos se nos pasa por la cabeza la idea de una familia que dejó su vida en la ciencia y que, además, parecía estar dedicada a ganar premios Nobel. Sin embargo, este es el caso de la familia Curie, la cual estaba compuesta de tres grandes científicos reconocidos en el gremio.

La familia Curie se formó cuando Marie y Pierre se casaron en 1895. Ambos eran grandes profesionales que habían destacado en sus estudios universitarios, y de hecho Marie se convirtió poco tiempo después en la primera mujer en culminar un doctorado. Al principio trabajaban en proyectos separados, pero posteriormente empezaron a trabajar juntos a raíz de que Pierre comenzara a interesarse en los trabajos de su esposa y decidiera concentrarse en esas investigaciones.

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Así, ambos comenzaron a realizar investigaciones científicas que lograron desarrollar en conjunto y que los hicieron merecedores de grandes reconocimientos. Uno de sus grandes logros fue el descubrimiento del polonio y, posteriormente, el radio. Esto los hizo merecedores de un Premio Nobel de Física.

La pareja tuvo dos hijas: Irène y Ève. Ambas se convirtieron en grandes profesionales en sus áreas, pero siguieron caminos diferentes. Mientras que Irène siguió los pasos de su madre, Eve decidió dedicar su vida a la escritura y al activismo.

Una pérdida dolorosa

Marie Curie y sus hijas
De izquierda a derecha: Ève, Marie e Irène Curie.

En 1906, un terrible accidente acabó con la vida de Pierre de forma instantánea. En un día lluvioso, un camión tirado por caballos y cargado con 4000 kilos de material militar perdió el control y atropelló al esposo de la científica. Este fue uno de los golpes más fuertes que sufrió la familia, lo cual fue documentado por Marie en su diario, en el cual plasmó: “Todo ha llegado a su fin, Pierre está durmiendo su último sueño bajo la tierra; es el fin de todo, todo, todo”.

Sin embargo, la científica no paró su trabajo. Llegó a comentar en su autobiografía “Destrozada por el impacto, no me sentí capaz de afrontar el futuro. No podía olvidar, sin embargo, lo que mi esposo solía decir a veces, que, incluso desprovista de él, debía continuar mi trabajo”.

Esto hizo que Marie se dedicara por completo a sus hijas, pero que ahondara aún más en su trabajo en la ciencia, especialmente con la radiactividad. Por esto, en 1911 se convirtió en la primera persona de la historia en ser galardonada dos veces para el Premio Nobel, pero esta vez logró obtener el Premio Nobel de Química.

Años después de la muerte de Pierre, un escándalo familiar azotó a la familia luego de que la esposa de Paul Langevin acusó a Marie de haber tenido una aventura con su marido. A pesar de que era viuda y que este hombre era un reconocido mujeriego, la opinión pública cayó sobre ella. Acosaban a sus hijas en el colegio y solían insultarla por haber manchado el apellido Curie. Dejaban pancartas frente a su casa con mensajes de odio que le exigían que volviera a Polonia, su país natal.

Sin embargo, el conflicto solo fue parte de una etapa oscura de la familia. La mujer que acusaba a Marie quemó la supuesta evidencia que tenía contra ella, y el periodista que publicó la noticia, quien había sido retado por el propio Langevin a un duelo, dijo que se negaba a dispararle a uno de los mayores cerebros de Francia. A pesar de que la opinión pública habló de ello por mucho tiempo, poco a poco pasó al olvido.

Dos hijas, dos mundos distintos

Irène y Ève Curie
Irène y Ève Curie.

Como comentamos anteriormente, Irène y Ève se convirtieron en dos mujeres completamente distintas, pero que destacaron mucho en su propio mundo. Gracias a los esfuerzos de su madre en educar propiamente a sus hijas, ambas se convirtieron en grandes profesionales completamente distintas.

Ève era la segunda hija del matrimonio y decidió no seguir el camino de sus padres. A diferencia de su hermana, esta decidió dedicarse a la escritura, por lo que estudió ciencias y filosofía en el Collège Sévigné. También aprendió a tocar piano, instrumento con el cual se presentó en conciertos en varias ocasiones.

Irène, por su parte, terminó por enamorarse de la física. Desde sus 17 años, trabajó con su madre en la instalación de máquinas móviles de rayos X en los campos de batalla de la Primera Guerra Mundial y también se desempeñó como enfermera radióloga en los hospitales de campaña.

Irène y Marie trabajaron juntas también en el Instituto del Radio, posteriormente conocido como el Instituto Curie, y poco a poco Irène creó su propio camino en la ciencia.

En el mismo Instituto del Radio, Irène conoció al que sería su esposo, Frédéric Joliot. Luego de trabajar en los aspectos químicos del polonio y otros elementos radioactivos —áreas en las que Joliot no tenía experiencia pero logró sorprender a pesar de todo— terminaron enamorándose y se casaron en 1926.

Irène y Frédéric Joliot-Curie: radiactividad a la carta | Vidas científicas | Mujeres con ciencia
Irène Curie y Frédéric Joliot-Curie junto a sus dos hijos: Hélène y Pierre.

Continuaron con las investigaciones relacionadas con la radioactividad natural y artificial, la transmutación de elementos y la física nuclear. Gracias a sus esfuerzos, lograron ser galardonados con el Premio Nobel de Química en 1935.

Dos años después, Irène se convirtió en profesora en la Facultad de Ciencias de París en 1937, y luego en Directora del Instituto del Radio en 1946.

De forma casi paralela, Ève se estaba dedicando a escribir la biografía de su madre titulada “Madame Curie”, el cual escribió a raíz del fallecimiento de la científica en 1934. Cuatro años después, el libro se había convertido en un superventas mundial que le dio reconocimiento como escritora. En 1939, se convirtió en caballero de la Legión de Honor y de la Orden Polonia Restituta.

Con el estallido de la Segunda Guerra Mundial, Ève comenzó a trabajar junto a los Aliados hasta el fin de la guerra. Durante este tiempo, escribió un libro titulado ‘Journey among warriors’ en el que relata sus viajes en los frentes de la batalla. Cuatro años después, en 1944, recibió la Cruz de Guerra.

Ève Curie
Ève Curie

En 1952 se convirtió en consejera especial de la Secretaría General de la OTAN, y dos años después se casó con Henry Labouisse, quien fue presidente de UNICEF durante 15 años. Ève bromeaba a menudo con que era la única de su familia que no había ganado un Nobel, pues en 1965 Labouisse fue galardonado con el Premio Nobel de la Paz.

Sin embargo, no estuvo del todo desligada de la ciencia, pues se convirtió en administradora de la “Fundación Curie”, desempeñando el cargo desde 1957 hasta 1967.

Por su parte, Irène y Frédéric tuvieron dos hijos que también continuaron con el legado Curie: Hélène y Pierre. La primera se convirtió en física nuclear y actualmente, a sus 93 años, es miembro del comité asesor del gobierno francés. Curiosamente, y casi como si tuviera una especie de responsabilidad con el escándalo de su abuela, Hélène terminó casándose con Michel Langevin, nieto del famoso físico Paul Langevin con quien se dice que Marie tuvo un romance.

Hélène y Pierre Curie
Hélène y Pierre Curie

Por su lado, Pierre, quien recibió su nombre en honor a su abuelo, se convirtió en un notable bioquímico e investigador del Centro Nacional para la Investigación Científica (CNRS) desde 1956. Actualmente, es profesor emérito en el Collège de France.

Como probablemente habrás notado, esta gran familia de grandes personajes se encargó de continuar un legado familiar científico, exceptuando solamente a Ève, quien incluso siendo una escritora y pianista, también se encargó de administrar el instituto familiar. Lo que sí podemos asegurar es que esta familia tendrá, por siempre, un espacio importante en las páginas de la historia.

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