No es la primera vez que se plantea que el comportamiento “típicamente” masculino está asociado a un mayor nivel de agresividad o de individualismo. Sin embargo, recientes estudios han mostrado que esto no solo es producto del aprendizaje social, sino que las hormonas podrían también tener que ver. Específicamente para este caso, se evaluó si los altos niveles de testosterona promovían las tendencias egoístas.

Para realizar este estudio, los investigadores Jianxin Ou, Yin Wu, Yang Hu, Xiaoxue Gao, Hong Li y Philippe N. Tobler trabajaron de forma colaborativa. Al finalizarlo, publicaron sus resultados en la revista científica Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS).

Testosterona y tendencias egoístas: ¿dos elementos que van de la mano?

Como ya lo dijimos, la testosterona se ha asociado en otras investigaciones a comportamientos específicos como una marcada falta de empatía o una preferencia por los artículos de lujo. Igualmente, esta hormona relacionada al sexo también parece influir en los niveles de paciencia de los individuos y en su capacidad de controlar sus impulsos.

Ahora, también se ha dicho que mientras mayores sean los niveles de testosterona, más propensa será la persona a tener tendencias egoístas. Para comprobar si esto es cierto, los investigadores realizaron un experimento que mediría no solo lo cambios conductuales de los hombres, sino también los procesos neuronales que los acompañan.

El estudio como tal contó con la participación de 70 hombres sanos de entre 18 y 25 años. Este grupo inicial se dividió por la mitad, a una se le frotaron 150 miligramos de gel de testosterona en la piel, y a la otra se le dio un placebo. Luego de esto, se les presentaron nombres de personas cercanas, conocidas y extrañas y se les pidió que evaluaran sus niveles de distancia social.

En este caso, no se hablaba de distancia física, sino emocional. Es decir, no se tienen el mismo nivel de distancia social del cartero que de una madre, por ejemplo. Se clasificó esta distancia con un rango de 1, 2, 3, 5, 10 y 20, 50 y 100 –siendo 1 lo más cercano–.

A mayor distancia social, menor empatía

El experimento como tal comenzó cuando se trajo dinero en efectivo a la situación. Se tomaría un monto entre los 130 y 290 yuanes chinos (de 20 a 44,60 dólares estadounidenses) y a uno de los sujetos calificados por los participantes. Luego, se evaluaría qué tan propensos eran a estar dispuestos a compartir el pago con el individuo que se les presentaba.

En general, tanto el grupo placebo como el de testosterona se mostraron dispuestos a compartir cuando se trataba de un individuo cercano a ellos. Ahora, la diferencia se dio cuando la distancia social se hizo mayor.

Cuando se pidió al grupo de testosterona que decidiera si quedarse con todo el dinero o compartirlo con la persona que calificaron con 50 o 100, la mayoría de las veces los hombres eligieron la opción más egoísta. Para entender por qué pasaba esto, los investigadores también realizaron escaneos cerebrales en paralelo con la prueba.

La testosterona no necesariamente aumenta las tendencias egoístas

Específicamente, la investigación los llevó a prestar atención a dos áreas particulares: la unión temporoparietal (TPJ) y la zona del cerebro que se extiende desde la ínsula hasta el cuerpo estriado. La primera suele estar relacionada con la empatía, mientras que la última regula cómo procesamos las recompensas.

Se observó que la TPJ era menos activa en los individuos que habían recibido la testosterona. De allí que su interés en el “bienestar del otro” fuera menor en el caso de los conocidos/extraños y tuvieran una propensión menor a compartir su recompensa. Algo que no se dio con tanta frecuencia cuando la otra persona sí era de sus círculos más cercanos.

De allí que no se diga que la testosterona como tal aumenta las tendencias egoístas, sino que disminuye los niveles de empatía. Debido a esto, si el otro individuo que podría salir beneficiado no es del círculo de afectos del hombre, entonces será menos probable que esté dispuesto a ayudarlo a colaborar con él.

Aún debemos tener en cuenta que…

Gracias a este estudio, se ha podido confirmar que altos niveles de testosterona pueden disminuir el nivel de empatía o interés en el beneficio del otro (cuando este es un extraño o un conocido lejano), pero no necesariamente esto implica que se refuerzan las tendencias egoístas.

Como se mencionó más arriba, la brecha entre el grupo con testosterona y el grupo placebo solo se vio en las clasificaciones más “lejanas”, por lo que los individuos no necesariamente fueron egoístas todo el tiempo, sino que tuvieron menores niveles de empatía con los individuos que no eran cercanos a ellos. Algo que trajo como consecuencia que fueran menos empáticos y, como resultado de esto, más egoístas en sus decisiones.

Ahora, la investigación solo tomó en cuenta a un nicho muy específico de hombres jóvenes y sanos. Por esto, sus resultados no pueden generalizarse y serían necesarias más investigaciones para corroborar que esto se repita del mismo modo en otros grupos.

Referencia:

Testosterone reduces generosity through cortical and subcortical mechanisms: https://doi.org/10.1073/pnas.2021745118

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