Mujer del mundo de la ciencia con una bata de laboratorio viendo por un microscopio en blanco y negro, sobre fondo fucsia.
Crédito: Slate. Vía Thinkstock.

El rol y la condición de las mujeres en la sociedad han evolucionado con tiempo y con esfuerzo. La lucha por conseguir un trato igualitario no ha sido sencilla y, definitivamente, aún no lo es. De allí que incluso ahora podamos ver muestras del trabajo que queda por hacer para conseguir el respeto que nos merecemos. Ahora, pensando específicamente en la mujer dentro la historia de la ciencia, rápidamente vemos ejemplos del camino que nos queda por delante.

Aunque, también tenemos la posibilidad de contemplar todo lo que se ha recorrido. Lastimosamente, esta cara de la moneda queda usualmente olvidada por algo que me atrevo a llamar: la memoria selectiva de la ciencia.

¿Qué pasa con la representación femenina en el mundo de la ciencia?

Incluso en la actualidad, se tienen preocupaciones sobre el rol de las mujeres en el mundo STEM. Puesto que, en general, se habla de su poca participación en el área, lo que se traduce en menos oportunidades para hacer grandes aportes.

Con esto, podríamos pensar que las mujeres aún no han tenido oportunidad de contribuir por la falta de plataformas para hacerlo…  Sin embargo, nos olvidamos de que incluso en los momentos de mayor opresión, siempre hubo mujeres que aun así lograron brillar con luz propia, dentro un mundo básicamente configurado para antagonizarlas.

Debido a esto, nuestra historia ya está llena de grandes aportes hechos a la ciencia por mujeres. Pero, en general, tendemos a ignorarlas o a no darles el crédito que se debe. ¿Por qué? Como ya decía: la memoria selectiva de la ciencia.

Por este motivo, considero vital el que aprovechemos todas las plataformas posibles para dar a conocer los aportes femeninos en estas áreas. Ya que estos han pasado desde años hasta centurias en las sobras no por ser pocos, sino porque la sociedad se ha negado a apuntar traerlos a la luz.

Joyas escondidas: o cómo la mujer siempre ha formado parte de la historia de la ciencia

Es por este fenómeno que considero que la historia de la ciencia está llena de “joyas escondidas”. Estas representan todos aquellos relatos y aportes invaluables realizados por las mujeres a la ciencia, pero que, incluso hoy, la mayoría de nosotros ignora.

Si en la actualidad tratar de surgir en el mundo STEM, en duro, el intentar hacerlo durante los siglos anteriores era un claro acto de revolución femenina. Afortunadamente, lo que nos sobran son ejemplos. Una de las primeras mujeres que podemos mencionar acá es Augusta Ada Byron, también conocida como Ada Lovelace, la primera programadora del siglo IXX.

Afortunadamente, en la actualidad se reconoce el intelecto de Ada y lo adelantado de su genio para su época. Pero, en su momento, se le prestó poca atención a sus propuestas y, se desperdició su potencial.

Una mente que fue igualmente ignorada por la historia, y por su propia pareja, fue la de Mileva Maric que terminó opacada bajo la sombra de su esposo Albert Einstein. Todo porque la sociedad no consideraba que una mujer tuviera las capacidades de cálculo y razonamiento físico que ayudaron a Einstein a desarrollar sus famosas teorías –aunque él nunca reconoció tampoco los aportes de ella–.

Sumadas a ellas, un poco más adelante en la historia nos encontraríamos con otras innovadoras como Doña Angelita, quien concibió el primer “libro electrónico”. O como Frances Glessner Lee, quien a sus casi 60 años creó un método de investigación forense que revolucionó el campo. Lastimosamente, a pesar de sus notorios logros, son contadas las personas que han escuchado de ellas.

La historia que debemos volver a aprender

Otro relato de claro potencial desaprovechado fue la de Hedy Lamarr, la mujer cuyo ingenio nos permite disfrutar hoy de nuestro amado WiFi, pero que es mucho más recordada por sus roles como femme fatale del cine estadounidense.

La vida de esta mujer parece sacada de una película de James Bond y su intelecto definitivamente estaba a la altura. Escapando del esposo nazi con el que fue forzada a casarse, se embarcó a Estados Unidos y donde desarrolló su carrera como actriz. Sin embargo, en los años que tuvo codeándose con los nazis, aprendió sobre sus sistemas de defensa y diseñó un sistema de codificación de mensajes que hubiera permitido a EE.UU. lanzar misiles sin ser detectados por el enemigo.

Lamarr le ofreció la patente al gobierno EE.UU. y este la guardó en una gaveta. Años después, se desempolvó la idea y se la usó para crear las redes móviles que usamos ahora. Poco después, esto también dio origen a las conexiones WiFi de la actualidad.

En este mismo equipo de innovadoras que nunca fueron adecuadamente reconocidas nos encontramos con la hermana Miriam Michael Stimson. Gracias a ella se creó el método de espectroscopía infrarroja y se recopilaron los datos con los que otro par de científicos descubrieron la estructura molecular de los ácidos nucleicos.

Estos últimos recibieron el Premio Nobel de Fisiología o Medicina 1962 y quedó por fuera Stimson. Otra historia de una mujer sobresaliente en la ciencia, pero que quedó relegada al olvido por los estereotipos y costumbres de la época.

De entre todas, definitivamente por la historia de Mari Curie, podría considerársela una mujer a la que la ciencia sí reconoció. Sin embargo, lograrlo no fue fácil, casi no le otorgan el Nobel y, luego de que su esposo falleciera, los laboratorios se negaron a trabajar o financiar a una mujer sola. Nada de esto detuvo a Curie ni a sus estudios en radioactividad que le ganarían un segundo galardón y la coronarían como la única mujer en obtener dos premios Nobel.

La mujer en la ciencia hoy: ¿hemos aprendido o se repite la historia?

Los mediados del siglo XX e inicios del siglo XXI han traído grandes cambios a la historia de la ciencia, y, por buena fortuna, también a la forma a la que se ve a la mujer en este campo. Tal vez uno de los ejemplos más claros podría darse en la NASA, donde las calculadoras humanas Katherine Johnson, Mary Jackson y Dorothy Vaughan, junto a la ingeniera de software Margaret Hamilton, fueron vitales para llevar al hombre a la Luna en la misión Apolo 11.

Lastimosamente, solo Hamilton recibió algo de crédito en su momento, mientras que el trío de “calculadoras humanas”, como se las conocida por sus grandes capacidades numéricas, terminaron ocultas en las sobras –no solo por ser mujeres, sino también por el color de su piel–. Posteriormente, la NASA sí reconoció la labor de estas mujeres, pero, de nuevo, tuvo que pasar un largo tiempo para que su valía fuera apreciada.

Otra mujer de la ciencia que aún no ha recibido el reconocimiento que se merece en la historia es Jocelyn Bell Burnell, quien fue vital para el descubrimiento de los pulsares y fue ignorada por el Nobel, para galardonar solo a sus tutores. Otra historia de poco reconocimiento se dio en 2018, cuando Wikipedia se negó a crear un perfil para Donna Strickland, por considerarla poco conocida.

Al parecer, ser la tercera mujer en ganar un premio Nobel de física y la primera en hacerlo en una brecha de 55 años no era suficiente mérito. Afortunadamente, el incidente no se repitió en el 2020, cuando Andrea Ghez se convirtió en la cuarta mujer en recibir el Nobel de Física por su trabajo con agujeros negros.

Los cambios comienzan a verse

A  pesar de que claramente la historia ha seguido teniendo sus tropiezos, podemos ver cómo poco a poco se hacen progresos. El espacio, antes un territorio meramente masculino está comenzando a abrirse también para las mujeres, de allí que nombres como el de Svetlana Savitskaya y Christina Koch se hagan conocidos por sus hazañas particulares.

Asimismo, se han conseguido otras pequeñas victorias, como la realización de la caminata espacial de solo mujeres en la Estación Espacial Internacional o la creación de la tripulación más diversa en la historia de la NASA.

Sumado a esto, también nos encontramos con representación femenina en el mundo de la innovación tecnológica actual. Viendo a nombres como Susan Wolcicki y Gwynne Shotwell brillar en los puestos más altos de empresas como Google y SpaceX respectivamente.

Una mirada al futuro: ¿hay esperanza en el horizonte?

Crédito: Stock.adobe.com

Es claro que no se puede decir que la mujer no ha contribuido a la historia y desarrollo de la ciencia, la tecnología y del mundo STEM en general. Sin embargo, sí podemos mencionar que la población femenina sigue representando solo un cuarto de todos los profesionales en el área y, que, incluso ahora, se pueden ver casos en los que la discriminación hace presencia, como pasó con Strickland.

Considero entonces que es justamente a esta área a la que debemos prestar atención. Vivimos en una época donde la información está al alcance de un dedo o de un comando de voz. Donde el mundo digital derriba cualquier frontera y nos brinda oportunidades para cultivarnos como ninguna otra era lo ha permitido.

Entonces, aprovechando estas nuevas facilidades, es momento de poner todos nuestro grano de arena para seguir concienciando sobre el rol de la mujer en la historia de la ciencia. De forma que podamos recordar y dar el valor que se merece a los trabajos que ya se han realizado, además a preparar el camino para recibir con los brazos –y la mente– abiertos los proyectos y aportes que están por venir.

Nunca ha sido solo un asunto de oportunidad, sino de voluntad. ¿Estamos listos para poner de nuestra parte? Yo creo que sí.