Nuestra capacidad de pensar, abstraernos e imaginar es uno de los elementos que nos han distinguido como especie por miles de años. Sin embargo, en la actualidad, entre un 2 y 5% de la población sufre de una condición que no le permite tener imágenes mentales. A esta se la conoce como afantasía y, tras un reciente estudio, se ha visto que también parece disminuir la capacidad de las personas de sentir miedo.

Los investigadores Marcus Wicken, Rebecca Keogh y Joel Pearson fueron los encargados de llevar a cabo el estudio que nos ha mostrado esta cara de la afantasía. Los resultados de este se publicaron en Proceedings of the Royal Society B este mismo miércoles.

El poder de las historias de terror

Para poder comprobar su teoría, los investigadores de la University of New South Wales Sydney (UNSW Sydney) desarrollaron un experimento. Dentro de este, participaron 46 voluntarios. De ellos, 22 tenían afantasía y 24 podían imaginar y fantasear normalmente.

A todos se los llevó a una habitación oscura, donde se los dejaría solos mientras escuchaban un relato de terror. Este comenzaría con narrativas de situaciones comunes, como ir a la playa, viajar en avión o tomar unas vacaciones en una casa en el campo.

Mientras la historia continuaba, se iría aumentando el suspenso y se narrarían situaciones angustiantes que irían desde ser perseguido por un tiburón o estar en un avión que se desploma hasta ser testigo de eventos paranormales.

Durante todo este proceso, los investigadores midieron las reacciones de los participantes a través de electrodos conectados a su piel. Gracias a estos, fue posible detectar los aumentos en la frecuencia de la corriente –una reacción típica en ante emociones fuertes–. Acá, lo curioso fue que, mientras el grupo de fantaseosos mostró un aumento constante en estos niveles durante la historia, las personas con afantasía no manifestaron su miedo físicamente, por lo que sus registros se mantuvieron “planos”.

El miedo a los fantasmas y otros eventos amenazantes es menor cuando se tiene afantasía

Gracias a esta primera interacción, los investigadores pudieron notar que el miedo a relatos de fantasmas u otras situaciones de peligro es menor cuando las personas tienen afantasía. En general, esto parece deberse a que estas no “visualizan” lo que se les está contando, por lo que les es mucho más difícil reaccionar con miedo, ya que su mente no está tan estimulada como la de los demás.

“En todas nuestras investigaciones hasta la fecha, esta es, con mucho, la mayor diferencia que hemos encontrado entre las personas con afantasía y la población en general”, comentó Pearson.

Frente a una imagen aterradora, las personas con afantasía sienten tanto miedo como todos

Ahora, cuando el experimento se repitió, pero esta vez exponiendo a los participantes a imágenes aterradoras, las mediciones cargados. En estos casos, el aumento en los niveles de captación de señales electrónicas se dio en ambos grupos de voluntarios.

Con esto, se comprobó que las personas con afantasía no tienen una falta de miedo en general, sino una capacidad menor de manifestarlo cuando no tienen un estímulo visual. O, como dijo Pearson:

“Estos dos conjuntos de resultados sugieren que la afantasía no está relacionada con la reducción de la emoción en general, sino que es específica de los participantes que leen [o escuchan] historias de miedo”.

En otras palabras, las personas con afantasía no son necesariamente menos sensibles, emocionales o incluso miedosos que la población en general. De hecho, lo único que hace la diferencia es que, cuando escuchan o leen una historia de terror, no se generan las imágenes mentales que, según parece, son las que desencadenan con más rapidez nuestra respuesta de miedo.

Conclusión: la imagen puede actuar como un “amplificador” del pensamiento emocional

“Los hallazgos sugieren que las imágenes son un amplificador de pensamiento emocional. Podemos pensar todo tipo de cosas, pero sin imágenes, los pensamientos no van a tener ese ‘boom’ emocional”, finalizó Pearson.

Básicamente, esta investigación nos ha permitido dar un vistazo diferente a la forma en la que las imágenes interactúan y desencadenan nuestras emociones. Según lo que se ha visto, estas podrían estar mucho más relacionadas con nuestra respuesta emocional de lo que creemos.

De allí que, cuando no tenemos la capacidad de formarnos una imagen mental, nuestras emociones no se manifiesten o respondan de la misma forma que el promedio.

Referencia:

The critical role of mental imagery in human emotion: insights from fear-based imagery and aphantasia: https://doi.org/10.1098/rspb.2021.0267

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