La contaminación del ambiente es un problema que nos afecta a todos y que se ha ido haciendo más grave con el paso de los años. Ahora, el mundo debe tomar medidas drásticas para poder hacer frente al creciente problema. Consciente de esto, Australia ha decidido tomar cartas en el asunto y desarrollar un plan para prohibir los plásticos en su territorio, incluso aquellos denominados “biodegradables”.

Nos hemos enterado de esta iniciativa gracias al escrito de Jenni Downes y Kim Borg, de la Universidad Monash, junto a Nick Florin, de la Universidad de Tecnología de Sydney, publicado en The Conversation. A través de este, se trata el reciente Plan Nacional de Plásticos de Australia, lo que se espera de él y por qué ha incluido medidas tan radicales.

El gran plan

Básicamente, la meta principal de este plan es disminuir paulatinamente la dependencia al plástico en su país. Como sabemos esta no es una tarea fácil, pero ya algunas otras naciones como Francia también han mostrado sus primeros pasos hacia esta meta.

Al igual que la nación europea, Australia prohibirá el uso de variados plásticos desechables como el poliestireno –común en los envases de comida para llevar–. Igualmente, los plásticos de un solo uso tampoco podrán comercializarse ni utilizarse cerca de las playas.

Como si fuera poco, también se trabaja en un proyecto para introducir gradualmente filtros de microplásticos en las lavadoras. Ya que sabemos que estas terminan por dejar escapar gran cantidad de estos pequeños pero peligrosos componentes a los océanos.

Además de todo lo anterior, Australia también hará un esfuerzo especial por prohibir los plásticos biodegradables. Esto también con la intención de evitar que la contaminación al ambiente sea mayor.

¿El plástico biodegradable es realmente seguro para el ambiente?

Cuatro vasos plásticos rojos alineados uno junto al otro sobre mesa blanca con fondo negro.
Crédito: anthropocenemagazine.org

En general, se cree que el plástico biodegradable es una de las alternativas más beneficiosas para el planeta. Después de todo, la idea de que el material se desintegre dentro de unas pocas semanas nos hace pensar que el problema está resuelto.

Sin embargo, la situación es mucho más complicada que eso. De hecho, aunque el plástico diga que es biodegradable, no siempre significa lo mismo. Por ejemplo, mientras que algunos están conformados con componentes vegetales u orgánicos, otros tienen sus mismos materiales dañinos, pero con una duración menor.

En ambos casos, al cabo de, por ejemplo, seis semanas los dos tipos de plásticos biodegradables de descompondrán en micropartículas invisibles para el ojo humano. Sin embargo, seguirán allí. De modo que los componentes dañinos solo se habrán hecho más pequeños, pero seguirán siendo contaminantes. De allí que para Australia la mejor opción sea prohibir todos los plásticos biodegradables, como una precaución.

En la actualidad, no existen regulaciones que determinen los lineamientos específicos para que un plástico se considere biodegradable. Por esto incluso podría darse el caso de que se califique de esta manera a un elemento que está hecho con materia vegetal, pero que tiene la misma duración que un plástico común. Acá, al estar hecho con materiales orgánicos, se lo considera “biodegradable” incluso cuando el proceso se vaya a demorar cientos de años.

Australia busca prohibir los plásticos biodegradables y rápido

Específicamente, dentro del Plan Nacional de Plásticos, Australia plantea la meta de no solo prohibir sino eliminar todos los plásticos biodegradables “fragmentables” para mediados del 2022. Con una meta a tan corto plazo, no hay dudas de que las medidas que la nación piensa tomar serán radicales.

Dentro de estas también entrarán los plásticos “compostables”, que teóricamente pueden usarse para fertilizar los suelos. En estos casos, a pesar de sí tener un marco regulatorio, estos plásticos aún terminan siendo grandes contaminantes.

La mayoría de ellos son compostables industriales. En otras palabras, necesitan ser procesados y calentados a altas temperaturas para que se los pueda aprovechar. Además, no hay un sistema adecuado de recolección y transporte para ellos. Por otro lado, los “hogareños” aún no son comunes y tampoco funcionan adecuadamente bajo totas las condiciones climáticas.

Otras alternativas más usuales como el reciclaje solo alcanzan al 8% de los plásticos del mundo –y al 18% de los de Australia–. De allí que, aunque se mantenga la medida, no se puede depender solo de ella para resolver el problema de la contaminación.

Debido a esto, la alternativa de eliminar la producción de estos elementos y optar por materiales que puedan reutilizarse es la apuesta más segura para Australia. A corto plazo, una erradicación total no parece posible. Pero, si mantienen sus esfuerzos, podrían convertirse en el primer país en marcar una diferencia notoria en esta lucha contra la contaminación con plásticos.

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