Representación de variados parásitos alargados sobre fondo amarillo/beige.
Vía Getty Images.

El estudio de las enfermedades ha evolucionado a pasos agigantados en el último siglo. En la actualidad, poseemos normativas, protocolos y herramientas que menos de 100 años atrás ni se asomaban en el panorama. De allí que algunos investigadores optaran por métodos poco ortodoxos para sus estudios. Tal es el caso de Claude Barlow quien, por amor a la ciencia, se infectó voluntariamente con los parásitos.

Los parásitos, también conocidos como Schistosoma haematobium, pertenecen a una enfermedad que era típica en Egipto. El padecimiento se conocía como esquistosomiasis y era causante de cuadros médicos que incluían dolores de cabeza, sangrado al evacuar, nauseas, dolor abdominal y hasta anorexia.

Claude Barlow se infectó con parásitos para transportarlos a Estados Unidos

Como parte de la Campaña de la División Internacional de Salud, Barlow estaba colaborando con Egipto para encontrar una cura para la esquistosomiasis. Dicha iniciativa estaba activa desde 1929, pero, para 1944 aún no habían logrado identificar una forma de contrarrestar definitivamente a los parásitos.

Para poder determinar esto, era necesario estudiar las muestras con más detalle, algo que Egipto no había hecho. Por este motivo, Claude Barlow colocó los parásitos dentro de su propio cuerpo y emprendió un viaje a Estados Unidos. Esto ya que en el país norteamericano sí se contaba con los equipos para poder estudiar con más profundidad a los parásitos.

La pregunta que todos nos hacemos, ¿por qué?

La decisión de Claude Barlow de llenar su propio organismo con parásitos no salió de la nada. Con anterioridad se había intentado enviar muestras individuales, pero estas no sobrevivían el viaje.

Por este motivo, se pensó en llevarlas dentro de un organismo vivo, como los caracoles. Lastimosamente, estos tampoco sobrevivían lo suficiente.

Al final, se concluyó que era necesario contar con un “transporte” más grande y resistente, como una persona. Ante esta encrucijada, Barlow decidió tomar las riendas del asunto y se convirtió a sí mismo –y a un babuino llamado Billy– en un recipiente para los parásitos.

Amor a la ciencia

Fotografía de Claude Barlow, el científico que se infectó a sí mismo con parásitos por amor a la ciencia.
Claude Barlow. Crédito: Wallace M. Morgan/Historic record Company.

Con la intención de llevar un cultivo significativo a Estados Unidos, Claude Barlow se infectó voluntariamente con más de veinte huevos de los parásitos. Para Billy el proceso fue menos voluntario, pero terminó igual de contaminado que Barlow.

Luego de este primer paso, vino el viaje a los Estados Unidos. Durante este, los incidentes no se hicieron esperar. Durante el vuelo, Billy se escapó de su jaula y causó pánico entre los pasajeros. Afortunadamente, la situación se solucionó sin accidentes graves. Pero, de todos modos, Billy no llegaría al suelo norteamericano, ya que sucumbiría a los parásitos durante el viaje. Así, Barlow quedó como el único transporte de estos.

Las consecuencias no fueron agradables

En un estudio publicado en 1949, Barlow relató con detalle todas las consecuencias que sufrió a causa de la esquistosomiasis. Al principio, algunos de los síntomas iniciales fueron simples mareos y sudores fríos. No obstante, esto no duró mucho.

Poco después de colocar los parásitos en su organismo, Claude Barlow comenzó a tener otras complicaciones. Entre ellas, podemos contar algunas como fiebre, náuseas, dificultades para respirar y sangrado en su orina.

Como si esto fuera poco, como una de las últimas y más desagradables consecuencias, Barlow observó que los huevos de los parásitos aparecían mezclados en su semen. Debido a esto, con cada eyaculación una carga de estos salía al exterior.

¿Todo esto sirvió para algo?

Por lo menos si hablamos de su propósito original… no. Cuando Claude Barlow llegó a Estados Unidos, en el laboratorio no contaban con la cantidad suficiente de caracoles para mantener vivos sus parásitos y, al final, ninguna de las incubaciones fue exitosa.

Como consecuencia, el viaje que Barlow soportó, junto con los desagradables síntomas, no ayudaron en el estudio de la esquistosomiasis ni de los parásitos que la causaban. Aun así, el científico sí llegó a colaborar con una pieza más de conocimiento sobre la enfermedad.

Hasta ese momento, no se sabía que los huevos de los parásitos podían expulsarse a través del semen. Así que, aunque no de la forma que esperaba, Barlow sí logró colaborar de algún modo al mejor entendimiento de la enfermedad.

Y… ¿qué pasó con Barlow?

Después de su misión fallida en Estados Unidos, Claude Barlow regresó a Egipto para someterse a un tratamiento para eliminar a los parásitos de su organismo. Durante poco más de un año y medio, el médico estuvo luchando para erradicar la infección de su sistema.

Al final, pudo deshacerse de los parásitos. Sin embargo, la enfermedad había pasado factura en su organismo. En este caso, el corazón de Barlow quedó dañado y nunca estuvo totalmente recuperado.

Claramente, este es un ejemplo de esos intentos que ocurrían antes en el mundo de la ciencia y que, lastimosamente, no salieron bien. Aun así, es necesario reconocer la dedicación que Barlow colocó en la causa y cómo, de un modo u otro, su sacrificio nos ayudó a entender al menos un poco más a la esquistosomiasis.

Referencia:

A voluntary infection with Schistosoma haematobium: https://doi.org/10.4269/ajtmh.1949.s1-29.79

Claude Barlow and the International Health Division’s Campaign to Eradicate Bilharzia (Schistosomiasis) in Egypt, 1929-1940: https://rockarch.issuelab.org/resource/claude-barlow-and-the-international-health-division-s-campaign-to-eradicate-bilharzia-schistosomiasis-in-egypt-1929-1940.html

Lea también:

Abundancia de los “parásitos de sushi” ha aumentado 283 veces en los últimos 40 años