Imagen de un enfermero con todo el equipo de protección personal contra el COVID-19 sosteniendo una pequeña representación del planeta con vista a sus países.
Vía iStock.

La pandemia del coronavirus ya ha afectado a más de 109 millones de personas en el mundo. De entre estas, al menos 2,3 millones han fallecido por su causa y aún no parece que el virus esté cerca de detener su avance. Aun así, existen algunas culturas que han sido más exitosas en general al combatir la dispersión del COVID-19.

En una investigación publicada a finales de enero en The Lancet Planetary Health, un grupo de investigadores abordó esta situación para identificar qué características unían a los países que han tenido más éxito. Para esto, evaluaron las respuestas a la pandemia de 57 naciones desde enero hasta octubre del 2020.

Las culturas  más “estrictas” fueron más exitosas al combatir el COVID-19

La investigación llevó a los autores del estudio a notar que mientras más “estrictas” eran las culturas, más exitosas parecían haber sido al combatir el COVID-19. Como contraparte, los países más “relajados” solían tener números más preocupantes de contagios y fallecimientos.

Entre algunos de los casos estudiados de naciones “estrictas” podemos mencionar a Singapur, China, Corea del Sur, Japón y Austria. Cada una de ellas, a su manera, diseñó estrategias que le permitieron controlar de mejor forma los brotes de la enfermedad pandémica.

Por su parte, otros países “relajados” que formaron parte del estudio fueron Brasil, España, Italia, Israel, Reino Unido y Estados Unidos. En todos sus casos, la existencia de culturas menos apegadas a la colaboración comunitaria y al seguimiento de normativas impactó negativamente en la cantidad contagios y muertes registradas por COVID-19.

Las diferencias entre una y otra cultura fueron notorias

De sus promedios generales, los investigadores notaron que las culturas estrictas tenían casi 5 veces menos contagios que las relajadas. Específicamente, hablamos de 1.428 casos por millón de habitantes para las primeras versus 7.132 casos por millón de habitantes para la segunda.

Asimismo, este patrón se repitió con incluso más fuerza en las tasas de mortalidad de las distintas culturas. Allí, las naciones estrictas tuvieron 8,71 veces menos muertes que las relajadas. En este caso, los países menos fieles a las normas reportaban hasta 183 fallecimientos por millón de habitantes, mientras que, por su lado, los más apegados a la colaboración colectiva presentaban 21 fallecimientos por millón de habitantes.

¿Por qué?

Para los autores, podrían existir variadas explicaciones que muestren por qué las culturas más estrictas se mostraron generalmente más exitosas al combatir al COVID-19. Según sus observaciones en investigaciones pasadas, muchas de estas parecían haber pasado ya antes por amenazas colectivas como guerras, desastres naturales, epidemias y afines. Como resultado, colectivamente eran más propensos a seguir las normas y a colaborar para superar la crisis.

Por su parte, los países más relajados, según los datos de una encuesta aplicada a 22 de ellos, solían tener habitantes menos propensos a colaborar. Según parece, en muchos casos su preocupación por el contagio era menor, lo que los llevaba a tener conductas arriesgadas y que no iban de la mano con las restricciones de bioseguridad.

La excepción a la regla

Dentro del estudio, los investigadores también encontraron algunas excepciones a sus observaciones. Por ejemplo, culturas relajadas, como la de Nueva Zelanda, también se mostraron altamente exitosas al combatir el COVID-19.

Según los autores, esto podría deberse al gran esfuerzo comunicacional que ejerció el liderazgo de la nación para que los ciudadanos cooperaran. Un detalle que se repite de forma similar en Israel que, aunque no ha sido el mejor controlando los brotes, ha tenido la mejor campaña de vacunación en el mundo.

Por otra parte, países estrictos como India y Botsuana han tenido problemas con sus brotes de COVID-19 y, justo ahora, enfrentan sus crisis de salud correspondientes. De allí que los autores observen que, aunque sus datos han dado lugar a un patrón correlacional, este no es totalmente infalible y –por otros factores influyentes– algunas naciones podrían caer fuera de él.

Referencia:

The relationship between cultural tightness–looseness and COVID-19 cases and deaths: a global analysis: https://doi.org/10.1016/S2542-5196(20)30301-6