Ilustración de hombre en blanco y negro con un paisaje en la mente.
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Sin duda, el estrés puede ser altamente perjudicial para todos y tener efectos negativos en el organismo. No obstante, el tiempo nos ha mostrado que los niños parecen ser particularmente sensibles a él. En relación con esto, recientemente un estudio justamente ha logrado comprobar cómo el estrés infantil afecta el desarrollo del cerebro adulto.

La investigación que nos ha traído este conocimiento se desarrolló con el trabajo del equipo conformado por Arash Aghamohammadi-Sereshki, Nicholas J. Coupland, Peter H. Silverstone, Yushan Huang, Kathleen M. Hegadoren, Rawle Carter, Peter Seres y Nikolai V. Malykhin.

Recientemente, el Journal of Psychiatry & Neuroscience la publicó en su portal online, de forma que pudimos tener acceso a ella. Estos son los puntos más resaltantes de sus descubrimientos.

El estrés infantil puede afectar áreas vitales del cerebro adulto

Específicamente, la investigación evaluó las imágenes de resonancia magnética de 35 adultos diagnosticados con depresión severa y las comparó con 35 controles sanos. Asimismo, se estudio la existencia o no de estrés en la infancia de cada uno, para averiguar si esta podía relacionarse con el desarrollo del cerebro adulto.

Gracias a este estudio, se detectó rápidamente que la presencia de estrés infantil se relacionaba con problemas de crecimiento en áreas vitales del cerebro adulto: la amígdala y el hipocampo. En general, este par de zonas se relacionan con elementos como la capacidad de aprendizaje, la memoria y el manejo de las emociones –especialmente el estrés y el miedo–.

¿Qué significa esto?

En ocasiones anteriores ya se había estudiado la forma en la que el estrés infantil podía alterar la forma del cerebro y cómo podía influir en su desarrollo adulto. Esto no resulta tan extraño, sobre todo sabiendo que también se ha logrado relacionar el estrés durante la infancia con cambios en el ADN, así como problemas de esclerosis múltiple agravados y riesgo de muerte prematura.

No obstante, esta es la primera vez en la que los estudios lo comprueban de forma clara y que, además, se delimitan las áreas exactas que han recibido el daño. Gracias a esto, la forma de tratar problemas como la depresión en la adultez podría cambiar para desarrollar métodos más específicos y eficientes.

Un gran salto para la medicina

Los investigadores consideran que esta investigación abre las puertas al desarrollo de medicamentos y terapias enfocadas tano en la amígdala como en el hipocampo. De este modo, se podría contrarrestar su falta de masa y, si todo funciona adecuadamente, disminuir sus efectos negativos en el cerebro adulto de quienes sufrieron estrés infantil.

Referencia:

Effects of childhood adversity on the volumes of the amygdala subnuclei and hippocampal subfields in individuals with major depressive disorder: DOI: 10.1503/jpn.200034