Dos manos extendidas la una hacia la otra a punto de tocarse contrastanto con el cielo azul claro y sin nubes.
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El suicidio se ha convertido poco a poco en una crisis de salud mental que afecta al mundo entero. Sin embargo, naciones como Estados Unidos se posicionan como algunos de los territorios más afectados –una característica que se exacerbó con la cuarentena–. Ahora, una nueva investigación sugiere que fármacos como la ketamina, en dosis bajas, podrían ser lo que se necesita para disminuir la proliferación de pensamientos suicidas.

El estudio que ha puesto esta idea sobre la mesa se publicó este mes en la revista científica Translational Psychiatry. Dentrás de su desarrollo se encontró el equipo conformado por Adem T. Can, Daniel F. Hermens, Megan Dutton, Cyrana C. Gallay, Emma Jensen, Monique Jones, Jennifer Scherman, Denise A. Beaudequin, Cian Yang, Paul E. Schwenn y Jim Lagopoulos.

Ketamina, una nueva oportunidad para disminuir los pensamientos suicidas

Como sabemos, con anterioridad la ketamina se llegó a considerar solo como un tranquilizante para animales o incluso como una droga recreativa ilegal. Debido a esto, no se la consideraba muy importante en el mundo de la medicina. Pero, en los últimos años, los descubrimientos de la ciencia le han devuelto al medicamento un puesto privilegiado ante los reflectores.

Para 2019, la FDA la aprobó como una droga efectiva para el tratamiento de la depresión. Ahora, otros estudios indican que la ketamina también podría ser efectiva para mantener a raya pensamientos suicidas –algo que muchos antidepresivos no logran–.

La ingesta oral de ketamina podría ser la clave en esta oportunidad

En ocasiones anteriores, ya se había considerado a este fármaco como una posible alternativa de tratamiento para personas con intenciones suicidas. Sin embargo, la logística entonces planteada involucraba la inyección intravenosa del medicamento. Como consecuencia, el procedimiento era complicado, invasivo y costoso.

Ahora, la nueva investigación sobre la ketamina y los pensamientos suicidas facilita el proceso al simplificar la aplicación de las dosis. Según el nuevo modelo, estas se pueden administrar oralmente sin problemas. De hecho, los resultados con este método fueron contundentes –y podían equipararse a los obtenidos por administración intravenosa–.

Acción rápida y contundente

Específicamente, un 69% de la muestra de voluntarios de alto riesgo mostró una disminución significativa en sus pensamientos suicidas luego de recibir las primeras dosis de ketamina. En un principio, todos eran sujetos con intención suicida recurrente y que había lidiado con la situación durante periodos sostenidos de tiempo.

A tan solo 6 semanas de iniciar el tratamiento, el nivel de pensamientos suicidas reportados se colocó por debajo del umbral que la medicina considera peligroso. En otras palabras, la ketamina redujo la incidencia de estos pensamientos a niveles al menos controlables.

Después de 4 semanas de haber finalizado el estudio, los investigadores examinaron de nuevo a los pacientes. Para ese momento, un 50% se mantenía con los niveles de pensamientos suicidas por debajo del umbral de riesgo.

Con esto, se observó que los efectos de las dosis de ketamina pueden perder su incidencia sobre los pensamientos suicidas si no se mantiene el tratamiento. No obstante, también se observó una mejoría rápida e innegable en todos los que la utilizaron. Por lo que podrían desarrollarse tratamientos con dosis bajas de la droga, de forma que esta no cause efectos secundarios al organismo y mantenga las intenciones suicidas a raya.

Referencia:

Low dose oral ketamine treatment in chronic suicidality: An open-label pilot study: https://doi.org/10.1038/s41398-021-01230-z