Pila de diferentes pastillas, medicamentos y drogas unos sobre otros.
Crédito: Steven Depolo.

El aumento en la cantidad de suicidios y muertes por sobredosis en Estados Unidos nos revela una enraizada crisis de salud mental en el territorio. Sin embargo, hasta la fecha, pocos estudios han tratado a ambos elementos como una misma parte del problema.

Ahora, la investigación publicada en EClinicalMedicine de The Lancet ha llegado para cambiar esta situación. El investigador Ian Rockett estuvo a la cabeza de dicho estudio y contó con el trabajo de colegas como Brian Hendricks y James Berry, entre otros.

Gracias al nuevo vistazo que se da a la situación de salud mental estadounidense, es posible comprender mejor tanto el alcance de esta, como su origen. Todo debido a que la investigación, por primera vez, da una mirada completa a los reportes tanto de suicidio como de sobredosis de todos los 50 estados y de Washington D.C.

Suicidio o sobredosis accidental, la crisis de salud mental estadounidense

Durante lo que ya se han vuelto décadas, el pueblo estadounidense ha estado constantemente marcado por noticias de sobredosis con opiáceos. De hecho, entre 1999 y 2018 –el tiempo revisado dentro del estudio– las cifras solo han aumentado en todo el país.

Sin embargo, paradójicamente, estas situaciones no se cuentan siempre como suicidios, a pesar de que la persona causó su propia muerte. En general, se las trata como “accidentes” o consecuencias “no intencionales”. Debido a esto, no ingresan en los registros oficiales de suicidio marcados y reportados por las diferentes regiones de Estados Unidos.

Como consecuencia, la crisis de salud mental no se puede observar como un todo, debido a la división natural que existe entre los reportes de suicidios y los de sobredosis. Para los investigadores, la clave para poder entender más el escenario macro, sería unificar las observaciones de ambos eventos. Sobre todo ahora que las muertes por sobredosis de opiáceos en EE.UU. han incrementado incluso más a causa de la pandemia.

Epidemia de autolesiones: el verdadero peligro

Para poder estudiar ambos elementos (suicidio y sobredosis) como parte de un mismo panorama general (la crisis de salud mental), los investigadores propusieron simplemente observar los niveles de “mortalidad por autolesión” o SIM, por sus siglas en inglés.

El detalle yace en que propusieron ampliar el concepto para poder abarcar también las intoxicaciones fatales con drogas que usualmente se clasifican como “no suicidios”. De este modo, los promedios de anuales de SIM se hacen mucho más generales, en lugar de estar confinados al este del país –donde las muertes por suicidio suelen ser más fáciles de clasificar, ya que el método más usado es el arma de fuego–.

Con esto los porcentajes poblacionales de SIM cambiaron notoriamente. Allí donde antes se suponía que un 1,8% de la población cometía suicidio anualmente, se logró ver que en realidad las muertes por la propia mano abarcaban al menos el 4,3 % de los casos.

La necesidad de un cambio de perspectiva

“Si bien es posible que la mayoría de las personas que mueren por sobredosis no tuvieran la intención de morir, estaban participando en comportamientos repetitivos, intencionales y autolesionantes entendiendo que aumentaban notablemente sus posibilidades de morir prematuramente. Llamar a estas muertes ‘accidentes’ (la clasificación forense más utilizada en los EE. UU.) o ‘no intencional’ (el término utilizado por los CDC [Centers for Disease Control and Prevention]) caracteriza erróneamente lo que ocurrió, incluso si es consistente con los criterios de clasificación utilizados por los médicos forenses“, aclaró Rockett.

Con esto, el investigador jefe hace referencia a los problemas de clasificación que actualmente se ven en Estados Unidos. Sin embargo, el entendimiento de la crisis de salud mental en el país no implica cambiar cómo contabilizamos los suicidios y las sobredosis.

En general, lo que Rockett rescata es que, tanto los adictos como las personas que cometieron suicidios incurrieron en conductas autoflagelantes. Al mirar más de cerca esto, se identificó que, en general, ambos grupos tenían los mismos disparadores para ellas. Entre ellos, contamos el desempleo, la inestabilidad familiar, el dolor físico mal manejado o no tratado, el abuso de sustancias y variadas condiciones psiquiátricas.

En resumen, el identificar estas características comunes podría ayudar a abordar el problema de salud mental en Estados Unidos. Ya sea que se lo vea como suicidios o casos de sobredosis, se podrá atacar para solucionarlo antes de que llegue a consecuencias fatales o autolesionantes.

Referencia:

Fatal self-injury in the United States, 1999–2018: Unmasking a national mental health crisis: doi.org/10.1016/j.eclinm.2021.100741