Como sabemos, lo que comemos juega un papel fundamental en el nivel de salud de nuestro organismo. Sin embargo, aunque tenemos este conocimiento, aún no manejamos por completo todos los cambios que la comida puede traer a nuestro organismo. Entonces, para conocer un poco más de este mundo se realizaron experimentos en ratones que nos han permitido comprender mejor la relación entre la alimentación en la infancia y el microbioma intestinal adulto.

El estudio que nos ha traído esta nueva información se publicó el 11 de enero en Journal of Experimental Biology. Para su realización, participaron los autores Monica P. McNamara, Jennifer M. Singleton, Marcell D. Cadney, Paul M. Ruegger, James Borneman y Theodore Garland, Jr.

Durante el proceso, el equipo de investigadores de la universidad de California, en Riverside, trabajó en conjunto para hacer un experimento en al menos 8 diferentes líneas de ratones. Gracias a esta colaboración entre el Departamento de evolución, ecología y biología organizacional y el Departamento de microbiología y patología de plantas, ahora tenemos otro indicio para empezar a entender mejor a nuestro organismo.

Sobre los primeros años de vida y el microbioma intestinal

El estudio como tal se desarrolló en dos partes. En una se trabajó con cuatro líneas de ratones “High Runner” y en la otra con especímenes control “comunes”. Los primeros se diferencian por ser especialmente críados y seleccionados. Por este motivo, son hasta tres veces más activos que los controles, comen más y tienen una temperatura corporal más elevada.

Por su parte, los controles son ratones que fueron criados sin ningún tipo de selección. Debido a esto, se considera que poseen un organismo estándar.

La meta de la investigación era observar cómo las ocho líneas –con claras diferencias orgánicas entre una y otra– se veían afectadas por niveles de incidencia distintos de una dieta específica y de actividad física.

Todo esto para medir a largo plazo qué tantos de estos elementos –modificados en la infancia de los ratones– podían afectar su época adulta. Después de todo, ya se sabe que las primeras bacterias que colonizan el microbioma son determinantes en su desarrollo. Pero, ¿este se mantiene fiel a ellas durante el resto de la vida de los individuos?

La alimentación durante la infancia determina de por vida el microbioma intestinal de los individuos

Para la investigación, los autores trabajaron con la generación 76 de las ocho líneas de ratones. En todos los casos se trabajó con especímenes machos y a todos se los sometió a la polémica “dieta occidental”. Junto a esta, los ratones contaron con una rueda para correr. Esto se mantuvo hasta las 6 semanas de edad de las criaturas.

Luego de esto, se cambió su dieta de nuevo a la comida “estándar” y se removieron las ruedas de las jaulas. Luego de 14 semanas (el equivalente a 10,5 años humanos) los investigadores tomaron y analizaron muestras fecales de cada línea de ratones.

Incluso después del tiempo de “desintoxicación” con una dieta estándar, los ratones que se expusieron durante su infancia a la alimentación occidental tuvieron un microbioma intestinal menos variado. En pocas palabras, su microbiota tenía una menor riqueza y diversidad de bacterias, lo que puede dejar al intestino más vulnerable ante infecciones.

La genética, el ejercicio y el desarrollo del microbioma

Como si fuera poco, los investigadores también notaron que no solo la alimentación durante la infancia pareció tener efectos duraderos en el microbioma intestinal. De hecho, los niveles de actividad tempranos también fueron cruciales.

En este caso, un microbioma un poco más variado estuvo ligado a niveles de actividad mayores durante las primeras semanas de vida de los ratones. Por esto, los “High Runners” terminaron con microbiomas más ricos y variados que los ratones control. Sin embargo, todos tenían niveles menores de bacterias que aquellos que no recibieron la dieta occidental.

Referencia:

Early-life effects of juvenile Western diet and exercise on adult gut microbiome composition in mice: doi: 10.1242/jeb.239699

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