Paricia Hearst siendo arrestada

Un secuestro es una de las experiencias más traumáticas que puede sufrir un ser humano, eso no entra en discusión. De hecho, es tan traumática que puede provocar reacciones completamente incoherentes en las víctimas, como sucede con el Síndrome de Estocolmo. Por eso, hoy queremos hablarles de uno de los ejemplos más claros de esto que estamos comentando: el secuestro de Patricia Hearst.

Para quienes no la conocen, Patricia Hearst es la nieta del magnate estadounidense William Randolph Hearst, responsable de uno de los imperios empresariales más grandes de la historia al lograr que circularan 28 periódicos suyos en todo Estados Unidos. Quizás puedas reconocerlo más fácilmente si te decimos que la famosa película ‘Ciudadano Kane’, de Orson Welles, está basada en su vida.

Fotografía de William Randolph Hearst
Fotografía de William Randolph Hearst

Con esta presentación, no parece necesario mencionar que esta familia era un blanco perfecto para que secuestradores hicieran lo suyo. Y precisamente esto fue lo que sucedió el 4 de febrero de 1974, cuando Patricia Hearst fue secuestrada del apartamento de su novio por un grupo de izquierda denominado Ejército Simbionés de Liberación (SLA, por sus siglas en inglés).

El SLA era un grupo sectario pequeño que reunía a simpatizantes del socialismo que creían en una “revolución del Tercer Mundo” y buscaban vivir en “profunda y amorosa armonía”. A pesar de que aparentaba ser una gran organización, la verdad es que estaba compuesto por una docena de estudiantes universitarios. Aún así, se convirtieron en un grupo peligroso que llegó a ser responsable incluso del asesinado de Markus Foster, el director de las Escuelas de Oakland.

Las autoridades habían estado siguiendo a este grupo por un tiempo, y de hecho lograron apresar a dos de sus integrantes en la Prisión Estatal de San Quintín, California, quienes fueron responsables del asesinato de Foster. Debido a que buscaban liberar a dichos integrantes, decidieron secuestrar a Patricia Hearst para intercambiarla por sus compañeros y también para extorsionar a su padre, Randolph Campbell Hearst.

Patricia estuvo encerrada durante 20 meses completos, en los cuales los miembros del SLA la maltrataron físicamente, abusaron sexualmente de ella y la sometieron a tortura psicológica y manipulación mental. Esto causó que la pobre chica de 19 años terminara uniéndose al propio ejército como una integrante más, ejemplificando a la perfección lo que sucede en los casos de Síndrome de Estocolmo.

Una guerrillera más

Partricia Hearst frente al logo del Ejército Simbionés de Liberación
Partricia Hearst frente al logo del Ejército Simbionés de Liberación

Tal como hemos explicado en ocasiones anteriores, el Síndrome de Estocolmo es la formación de un vínculo afectivo entre el rehén y el secuestrador, cosa que se genera como resultado de la dependencia que tiene la víctima de este último durante su tiempo en cautividad. En este caso, el maltrato psicológico fue tal que Patricia Hearst formó un vínculo con la organización y sus ideales.

En este sentido, Patricia fue bautizada como Tina en el SLA, en honor a Tamara Bunke, quien combatió y falleció junto al Che Guevara en Bolivia. Así, la nueva Tina comenzó a participar activamente en las actividades del ejército, pero no por mucho tiempo, pues fue arrestada en septiembre de 1975 luego del asalto al Banco Hibernia, en el que los miembros del SLA hirieron a dos clientes y se llevaron más de 20 mil dólares.

Patricia Hearst junto a un miembro del SLA en el asalto al Banco Hibernia
Patricia Hearst junto a un miembro del SLA en el asalto al Banco Hibernia

Inicialmente, el juez la condenó a 35 años de cárcel, la máxima pena para entonces. Sin embargo, y luego de pensar que Hearst podría haber sido víctima de maltrato psicológico, la dirigió con un psiquiatra para que analizara su estado mental. Este, efectivamente, determinó que la joven había sufrido de abusos y posteriormente otro juez redujo la pena a solo 7 años.

En vista de esto, nació una oleada de manifestaciones solicitando que libraran a Patricia Hearst, asegurando que esta solo había sido una víctima más. En 1979 la presión en los medios era masiva, y ya para febrero de ese año, Patricia fue puesta en libertad luego de cumplir tan solo 22 meses en la cárcel gracias a una amnistía que le concedió el político Jimmy Carter.

Una vida nueva

Patricia Hearst posa junto a su esposo mostrando la frase "perdónenme" en su camisa
Patricia Hearst posa junto a su esposo mostrando la frase “perdónenme” en su camisa

Luego de muchas sesiones de terapia, Patricia Hearst reconoció los abusos que había sufrido y se alió por completo de este tipo de organizaciones. En su lugar, decidió comenzar a vivir una vida tranquila y dedicada a ayudar a los menos favorecidos.

En abril del mismo año, contrajo matrimonio con un guardaespaldas que había contratado su propia familia para cuidarla, tuvo dos hijos y descubrió que su vocación era trabajar en instituciones benéficas. Convirtió el cine alternativo en uno de sus hobbies y también se encargó de cuidar animales.

En el año 2001, fue indultada por el presidente Bill Clinton y desde entonces, decidió vivir alejada de la esfera pública. Definitivamente había pasado por mucho y logró superar una etapa terrible de su vida, por lo que terminó convirtiéndose en un ejemplo de superación para el mundo entero.