Silueta de un hombre saltando de piedra en piedra con un gran vacío en medio, tal como los tomadores de riesgos, con el fondo de un cielo azul y un sol brillante.
Crédito Toltek. Vía Getty Images/iStockphoto.

Sabemos bien que el cerebro humano aún está lleno aún de secretos por descubrir. Por este motivo, no es sorprendente que se sigan encontrando nuevos procesos, conexiones e interacciones neuronales de las que no sabíamos. Sin embargo, sigue siendo curioso cuando aprendemos que algunos cerebros, como los de los tomadores de riesgos, simplemente no son como los del resto.

La información que ha llevado a esta conclusión se publicó en Nature Human Behavior. Allí, los investigadores y neuroeconomistas, Gökhan Aydogan, Todd Hare, Christian Ruff, de la Universidad de Zurich, junto a otros colegas, presentaron los resultados de una investigación única en su tipo.

¿Tomar más riesgos viene de una predisposición biológica?

Debido a estudios anteriores, ya sabíamos que las conductas de alto riesgo podrían estar asociadas con ciertos genes en nuestro organismo. Sin embargo, teníamos este conocimiento como un elemento aislado.

Ahora, la nueva investigación ofrece un panorama generalizado con una muestra de más de 25 mil individuos. Gracias a ella, podemos entender que los cambios en los cerebros de los tomadores de riesgos se tratan de un elemento común de su biología, más que de una curiosidad o un caso extraño de poca incidencia.

Asimismo, los investigadores han sido los primeros estudiar en paralelo los factores genéticos del organismo, junto a la anatomía y funciones cerebrales, de cara a las conductas de riesgo. Ha sido justamente gracias a esto que se ha podido hacer una revisión general de la mente humana y de cómo cinco áreas específicas de ella varían.

Así son los cerebros de los tomadores de riesgos

Específicamente, los cerebros de los tomadores de riesgos parecen tener una anatomía y funciones distintas en cinco puntos principales: 1) el hipotálamo; 2) el hipocampo; 3) la corteza prefrontal dorsolateral; 4) la amígdala y 5) el estriado ventral.

Para el primer punto, nos encontramos con cambios en los patrones de liberación de hormonas como la orexina, la oxitocina y la dopamina. Por su lado, el segundo se encarga del almacenamiento de recuerdos y la gestión de memorias.

El punto tres regula elementos tan vitales como el autocontrol y los procesos de deliberación cognitivos y toma de decisiones. Sumado a esto, el cuarto está directamente relacionado, entre otros elementos, a la respuesta emocional que damos al peligro. Finalmente, el quinto punto gestiona la forma en la que procesamos las recompensas.

El invitado inesperado

Contrario a lo que habrían esperado los investigadores, las diferencias anatómicas y funcionales en los cerebros de los tomadores de riesgos no terminaron con la lista anterior. De hecho, también notaron que otras áreas como la del cerebelo –que generalmente no se asocia con las conductas de riesgo– también se estructuraban y actuaban distinto en ciertos individuos.

En general, se relaciona al cerebelo con las tareas de motricidad fina. Por lo que, incluso ahora, no queda muy claro cómo la disminución de materia gris en esta área pueden influir en las conductas de riesgo. Pero, ahora que se ha establecido la relación, no pasará mucho tiempo antes de que este se estudie también como un fenómeno aparte.

Las investigaciones no pueden detenerse

A pesar de que ya existen estudios como el presente, que muestran cómo la anatomía del cerebro puede ayudar a predecir de cierto modo la predisposición de los individuos al riesgo, no se han desarrollado experimentos que permitan medir la causalidad entre ellas.

Como resultado, aún es importante realizar más investigaciones que puedan establecer una relación directa entre elementos como la genética y la expresión neurobiológica. De lograrlo, nos estaríamos topando con una herramienta sin igual para abordar a los individuos aficionados al riesgo y sus conductas de forma que estas no causen perjuicios a la sociedad.

Referencia:

Genetic underpinnings of risky behaviour relate to altered neuroanatomy: DOI:10.1038/s41562-020-01027-y