Un alto riesgo de parecer Alzheimer no está cerca de ser el único efecto negativo que viene de la mano con la obesidad. De hecho, existen muchas otras condiciones que también se pueden manifestar con esta.

Una de las más comunes es la diabetes tipo 2, pero otras patologías como la hipertensión también hacen presencia con frecuencia. Además de estas, otros eventos como los ataques cardiacos o enfermedades como el cáncer también se posicionan como riesgos posibles en la lista.

Como si fuera poco, estudios recientes han relacionado a la obesidad con cuadros más severos y letales del COVID-19. Asimismo, la demencia también se ha vuelto un elemento común asociado a la obesidad debido a la pérdida de neuroplasticidad que sufre el cerebro.

Es justamente por esta última que se sospechó sobre la relación entre las posibilidades de desarrollar Alzheimer y la obesidad. Entonces, para desarrollarla a fondo, se realizó un estudio que se publicó en el Journal of Alzheimer’s Disease Reports.

La obesidad aumenta el riesgo de tener Alzheimer

Para determinar la relación entre la obesidad y el mayor riesgo de padecer Alzheimer los investigadores de la Universidad de Oulu, Finlandia, trabajaron con una muestra de 172 individuos.

De entre ellos, 57 estaban completamente saludables, 68 mostraban algunos signos de la enfermedad pero eran funcionales en sociedad y los otros 47 ya sufrían de demencia por Alzheimer.

Los investigadores examinaron a todos, midieron su índice de masa corporal (IMC), el ancho de su cintura, su actividad cerebral y su presión sanguínea. Una vez tuvieron todos estos datos, realizaron análisis cruzados con los que identificar las relaciones existentes entre la incidencia y gravedad de la incidencia de Alzheimer y el grado de obesidad.

A mayor sobrepeso, más daños cerebrales y orgánicos

Los resultados de la investigación arrojaron inmediatamente que, entre los individuos sanos o con síntomas leves, aquellos con sobrepeso tenían los niveles más altos de pérdida celular en el cerebro. En pocas palabras, aquellos con obesidad tenían un mayor riesgo de desarrollar Alzheimer o de agravar sus síntomas.

Igualmente, notaron que este patrón se repetía pero en los niveles de circulación de la sangre. A mayor peso, menor circulación, lo que también implicaba una disminución en las capacidades cerebrales por falta de oxígeno.

Sumado a esto, los investigadores notaron que las regiones frontal, temporal y parietal eran las más afectadas del cerebro tanto por la pérdida celular como por la baja oxigenación. Cada una de estas áreas se relacionan con procesos mentales como la memoria, el planeamiento y la interpretación visual del mundo –cuando el Alzheimer ataca, todas estas se ven gravemente afectadas–.

El otro lado de la moneda

Por otra parte, una curiosidad que notaron los investigadores fue que, mientras menor fuera el nivel de obesidad en la persona sana o con Alzheimer, los niveles de pérdida celular y falta de oxígeno en el cerebro eran menores. En otras palabras, los individuos con un IMC considerado promedio o sano tenían menos riesgos de padecer la enfermedad o de verdad empeorar en el tiempo.

Lo que sabemos ahora

Con esta información, se ha comprobado que la obesidad puede verse como otro indicador del riesgo de padecer Alzheimer. Sin embargo, esto no implica que existe una relación de causalidad entre uno y otro.

Para los investigadores, la forma en que la obesidad perjudica al organismo, al sistema cardiovascular y al respiratorio podría ser el origen de sus efectos en el cerebro y el desarrollo de Alzheimer. No obstante, esto aún no se ha comprobado por lo que solo se puede hablar de una aparición conjunta común de ambos elementos.

En el futuro, la obesidad deberá medirse en las consultas y exámenes que busquen determinar el riesgo de Alzheimer en los pacientes. Por ahora, la enfermedad continúa sin cura. Por lo que, poder contar con más medios para identificarla tempranamente sigue siendo la mejor forma de contenerla.

Referencia:

Obesity and Brain Vulnerability in Normal and Abnormal Aging: A Multimodal MRI Study: DOI: 10.3233/ADR-200267

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