Mujer embarazada con una nota en su mano izquierda que dice

En muchas especies animales ovíparas y de sangre fría, la temperatura en cierta fase del desarrollo es determinante del sexo de la descendencia, pero esto no aplica en los humanos, al menos hasta los momentos.

Ahora, aprovechando que hablamos de este tema, ¿existe la posibilidad de que en algún momento podamos aplicar un enfoque similar para decidir si tener un hijo o una hija? En este artículo exploraremos entre las posibilidad y las consecuencias que podría tener dicha capacidad en nuestras sociedades.

La temperatura de los huevos en cierta fase puede determinar el sexo de la descendencia

Se sabe que los cocodrilos, algunos lagartos, la mayoría de las tortugas y muchas variedades de peces pueden controlar el sexo de su descendencia a través de la temperatura. Curiosamente, esto puede ocurrir de forma estratégica, dependiendo del contexto en su hábitat, ya sea por disponibilidad de alimentos, probabilidades de supervivencia o la necesidad de equilibrar las poblaciones.

Live Science cita a la bióloga de organismos Karla Moeller de la Universidad Estatal de Arizona, que explica el papel de la exposición a calor o a frío en el destino de las crías. Según su declaración, el impacto radica en la producción de hormonas sexuales que, gracias a la exposición en determinado período, pueden transformarse.

En este sentido, destaca el papel de una enzima conocida como aromatasa, que es la responsable de convertir las hormonas sexuales masculinas en hormonas sexuales femeninas. Y como ejemplo, la tortuga de orejas rojas, en la que la exposición a calor durante una etapa específica de su desarrollo, puede incrementar los niveles de la aromatasa. ¿La consecuencia? Más crías hembras.

¿Por qué algunos animales controlan el sexo de su descendencia?

Ahora bien, en cuanto a por qué lo hacen, aún no hay mucha claridad, pero los expertos han planteado teorías muy interesantes. Por ejemplo, Diego Cortez, biólogo de la Universidad Nacional Autónoma de México en la Ciudad de México, cree que se debe a que “el sexo que está relacionado con temperaturas de incubación más altas nacerá antes”.

En el caso de los reptiles, lo primero que podría explicarlo es la estrecha interacción de los huevos con el medio ambiente. A ello sumamos que las temperaturas de incubación elevadas aceleran el desarrollo de los embriones, lo que a su vez hará que nazcan antes.

La eclosión de los huevos de reptiles está relacionada con la temporada de lluvias, lo cual da lugar a mayores recursos posteriores. Así, el sexo vinculado a temperaturas de incubación altas, eclosionará antes y obtendrá acceso a la comida primero. “Con más alimentos, crecerá más rápido y tendrá mayores posibilidades de sobrevivir hasta que alcance la madurez”, explicó Cortez.

Sin embargo, también existe la posibilidad de que haya algo de estrategia en ello. Por ejemplo, los científicos creen que las hembras de caimanes pueden elegir nidos más fríos para tener más crías hembras para favorecer sus poblaciones. En cambio, si las poblaciones ya están en niveles estables, pueden elegir nidos más cálidos para que nazcan más machos y así proporcionar a la próxima generación variedad para su reproducción.

Las posibilidades entre los humanos

Ahora intentemos dar respuesta a las preguntas planteadas inicialmente. Partamos de que los humanos no son para nada similares a los animales de sangre fría mencionados hasta el momento. Estos pueden cambiar su temperatura corporal en función de su entorno, pero la nuestra es relativamente estable, de 37 grados Celsius.

“La determinación del sexo dependiente de la temperatura en los seres humanos no es muy probable porque necesitaría, como mínimo, dos temperaturas corporales diferentes, una que desencadenaría el desarrollo femenino y otra que desencadenaría el desarrollo masculino”.

Dicho así, es poco probable que los humanos realmente puedan usar la temperatura a favor del sexo que prefieren para su descendencia. Sin embargo, Cortez explica que compartimos con los repetiles ciertas proteínas involucradas con nuestros ritmos circadianos: las quinasas CLK. Curiosamente, estas también intervienen en la determinación del sexo dependiente de la temperatura en los reptiles.

Para Cortez, no resulta descabellado pensar en una posible adaptación a través de las quinasas CLK para detectar cambios de temperatura pequeños que pudieran favorecer un sexo u otro. Claro, esto aún es completamente hipotético, pero bien sabemos que nuestro mundo está lleno de sorpresas.

Mientras que Jennifer Graves, genetista de la Universidad La Trobe en Melbourne, Australia, dice que para que los humanos puedan controlar el sexo de su descendencia por medio de la temperatura tendrían que hacerse poiquilotermos. Esto quiere decir que deberían ser incapaces de controlar la temperatura corporal.

¿Qué pasaría si los humanos pudieran decidir el sexo de la descendencia a través de la temperatura?

Por el momento, parece mejor no indagar demasiado en dichas posibilidades. Como muchos saben, en algunas culturas la preferencia por el sexo masculino es mucho más marcada, lo que lleva al sacrificio u omisión social de muchas niñas y mujeres.

Los humanos contamos con una gran inteligencia, pero muchas veces esta se convierte en un arma de doble filo. Si de la nada surgiera esta capacidad, puede que muchos la aprovechen para satisfacer sus intereses y esto definitivamente desencadenaría graves problemas sociales. Y sí, ya tenemos bastante con los actuales.

Referencia:

What if temperature determined a baby’s sex? https://www.livescience.com/what-if-temperature-determined-human-sex.html