Ilustración de un cerebro con una

Nuestro cerebro es un órgano vital para mantener nuestro cuerpo en funcionamiento, en paralelo, el sistema inmunológico se convierte en el encargado de conservarlo sano. Curiosamente, hasta la fecha, se consideraba que justamente una de las áreas “exentas” de esta protección era el cerebro.

Ahora, una reciente investigación llevada a cabo por investigadores de la Washington University en St. Louis y publicada en la revista Cell, ha llegado para cambiar este punto de vista. Gracias a sus descubrimientos, hemos podido determinar que este par de elementos vitales de nuestro organismo están mucho más relacionados de lo que pensábamos.

Una relación inesperada

Para el año 2015, descubrimientos iniciales indicaron que había ya un tipo de conexión entre el cerebro y el sistema inmunológico. Sin embargo, el problema acá radicaba en que el “puente” que los unía iba en solo una dirección. En otras palabras, no había un verdadero intercambio de información entre ellos.

Debido a esto, a pesar de que había “túneles” que permitieran la salida de información del cerebro, no había rastros de que las células inmunes pudieran usarlos para protegerlo de posibles infecciones.

Con la nueva información que se ha recolectado, vemos que este primer descubrimiento era tan solo una parte de todo un sistema de vigilancia más grande. De allí deriva el nuevo conocimiento de que, aunque las células inmunes no entren al cerebro, ellas igualmente saben mantenerlo vigilado.

El sistema inmunológico vigila el cerebro… desde la lejanía

La neuroinmunología se ha preguntado por décadas si realmente existe o no una relación cercana entre el cerebro y el sistema inmunológico. Ahora, gracias a los nuevos descubrimientos, ha quedado claro que sí. Solo que es distinta a lo que normalmente conocemos.

El estudio comprobó de nuevo que las células inmunes no vigilaban el cerebro haciendo rondas por él, como sí lo hacen el resto del organismo. En su lugar, estas se encontraban en el perímetro que rodea a nuestro órgano central y la médula central: en las meninges.

Debido a este particular método de vigilancia, se pensó por años que el cerebro era inmunoprivilegiado. Ahora, podemos comprender mejor que simplemente las células inmunes no se encuentran típicamente en él ya que solo ingresan cuando es estrictamente necesario.

¿Cómo funciona este sistema?

A través de su puesto de vigilancia en las meninges, el sistema inmunológico toma “muestras” de los líquidos que salen del cerebro. De este modo, pueden registrar posibles cambios en su composición y enterarse de sí hay algún problema como una infección, enfermedad o lesión.

Al rastrear ubicación específica de dichas células inmunitarias encargadas de esta tarea, los investigadores notaron que ellas se encontraban en el largo de los senos nasales en la duramadre –la capa dura y exterior de las meninges– que se encuentra debajo del cráneo.

En dichos senos durales, las moléculas del cerebro y las células inmunitarias se encontraron, de forma que las últimas pudieron detectar si había o no elementos “sospechosos” en las emisiones del cerebro que requirieran de la intervención del sistema inmune.

¿Por qué el sistema inmunológico trata distinto al cerebro?

Básicamente, esto se debe a la poca tolerancia que tiene el cerebro ante la inflamación y la acción constante del sistema inmunológico. De hecho, si este estuviera siempre presente, los resultados para la salud del cerebro serían altamente desfavorecedores. Lo que llevaría a la aparición de enfermedades como la esclerosis múltiple –donde el sistema inmune ataca los nervios del cerebro–.

Se abre un mundo de nuevas posibilidades

Con esta nueva información, los investigadores consideran que podrían desarrollarse nuevos tratamientos para abordar enfermedades neurológicas producidas por la inflación o los procesos degenerativos en el cerebro.

Por ejemplo, no solo la esclerosis múltiple podría controlarse, sino también otras afecciones comunes como el Alzheimer, el autismo, y la esquizofrenia, entre muchas otras condiciones neuronales.

Todo esto gracias a la apertura de un nuevo “camino” desde el cual ayudar al cerebro y controlar la acción del sistema inmunológico. Esto debido a que ahora sabemos que podemos utilizar los senos nasales y la duramadre como una nueva vía a través de la que suministrar tratamientos más allá de la barrera hematoencefálica.

Referencia:

Functional characterization of the dural sinuses as a neuroimmune interface: https://doi.org/10.1016/j.cell.2020.12.040