Entendemos que en el mundo cada vez se han dado más casos en los que se comprueba que, en algunas ocasiones, los cuerpos policiales abusan de poder y, en lugar de proteger a las personas, terminan haciéndoles daño. Sin embargo, la verdad es que esta no es ninguna novedad, pues lo hemos visto anteriormente en muchas ocasiones. Una de ellas sucedió el 30 de enero de 1972 en Irlanda, un día que luego recibió el nombre de Domingo Sangriento.

Para entender lo que sucedió este día, hay que entrar un poco en contexto. Años antes de esta masacre, Irlanda estaba pasando por un momento difícil en su historia, el cual es conocido como The Troubles (traducido como Los Problemas) en el que los unionistas de Irlanda del Norte se enfrentaron de forma violenta contra los republicanos del país. ¿El motivo? Los unionistas querían mantener los lazos con Reino Unido mientras que los republicanos pretendían la independización y, en su lugar, la integración de la provincia de la República de Irlanda.

Este conflicto inició en octubre de 1968 y finalizó en abril de 1998. Casi tres décadas de tensión en las que sucedieron incluso enfrentamientos violentos entre ambas partes, entre las cuales destacan las campañas paramilitares del Ejército Republicano Irlandés (IRA), quienes principalmente buscaban sostener una guerra de desgaste que diera como resultado la renuncia de Reino Unido sobre la nación irlandesa.

Un día terrible

Manifestantes huyen de las bombas lacrimógenas en el Domingo Sangriento.
Manifestantes huyen de las bombas lacrimógenas.

El 30 de enero de 1972, la Asociación por los derechos civiles de Irlanda del Norte (NICRA) convocó una manifestación que tenía dos postulados principales: protestar a favor los derechos de las mujeres y en contra del encarcelamiento sin juicio a los sospechosos de pertenecer al IRA. A la misma acudieron quince mil personas aproximadamente, quienes se reunieron en el barrio del Bogside de la ciudad de Derry y comenzaron a protestar de forma pacífica para defender sus postulados.

Por su parte, y en vista de que uno de sus postulados tenía que ver con IRA, NICRA decidió hablar con las cabezas del grupo paramilitar con el objetivo de que suspendieran sus actividades de ese día para lograr una protesta pacífica y multitudinaria. IRA aceptó esta condición y NICRA logró llevar a cabo el movimiento.

Se había previsto que marcharían hasta el ayuntamiento de la ciudad, pero las autoridades de Reino Unido le prohibieron a los manifestantes salir de los barrios católicos, conocidos en la localidad como Free Derry (los cuales tenían la particularidad de que, en ellos, no podían actuar las fuerzas británicas). Además, había una prohibición genérica con respecto a las manifestaciones públicas, por lo que el Ejército de Reino Unido envió un regimiento de paracaidistas a la ciudad para “controlar” a los manifestantes desde las barricadas al borde del área.

NICRA decidió entonces que no marcharían al ayuntamiento como pensaron inicialmente, por lo que iban a atenerse a las normas establecidas por Reino Unido. Sin embargo, un pequeño grupo de unos 50 manifestantes decidió salirse de los planes y empezaron a lanzar piedras y botellas a una de las barricadas policiales. Aquí fue cuando empezó a descontrolarse todo.

Al principio, las autoridades respondieron con gas, balas de goma y chorros de agua a presión. El problema fue que, de pronto, el regimiento enviado por el Ejército británico salió de las barricadas y comenzó a disparar a la multitud de manifestantes desarmados.

No más que víctimas

Un irlandés se defiende con un palo del Batallón de Paracaidistas británico durante el Domingo Sangriento.
Un irlandés se defiende con un palo del Batallón de Paracaidistas británico.

Los manifestantes comenzaron a huir, pero el ejército continuó disparando contra ellos utilizando incluso varias tanquetas que se adentraron por Rossville St. para perseguir a los que escapaban. En total, hirieron a 30 personas y 14 más fallecieron a causa del enfrentamiento. La mayoría de los caídos tenían entre 17 y 22 años de edad.

Al día siguiente, el mundo entero estaba horrorizado por lo ocurrido y se organizaron varias protestas en contra de la respuesta violenta del Primer Batallón de Paracaidistas del Reino Unido. Protestaron en Milán y en Nueva York, incendiaron la embajada británica en Dublín, hubo atentados de bomba en Belfast y en Berlín Occidental. Incluso la diputada irlandesa Bernadette Devlin cacheteó abofeteó a Reginald Maudling, Ministro del Interior británico, diciéndole “hipócrita asesino”.

Existía el miedo general de que Irlanda del Norte y Reino Unido entraran en guerra debido al acontecimiento, pero a pesar de todo, ambas naciones mantuvieron sus relaciones diplomáticas. Probablemente debido a que ese mismo año, ambas entrarían a la Comunidad Económica Europea.

Buscando la verdad

Emisión del informe y disculpas emitidas por el Primer Ministro británico David Cameron en Derry, Irlanda del Norte.
Emisión del informe y disculpas emitidas por el Primer Ministro británico David Cameron en Derry, Irlanda del Norte.

Algunos de los pertenecientes al ejército aseguraron que habían iniciado fuego como respuesta a algunos disparos provenientes de los manifestantes, pero nunca se demostró que las víctimas ni otros manifestantes hubieran estado armados. Lo que sí se comprobó fue que muchos de los fallecidos habían sido asesinados por la espalda.

La polémica continuó y la verdadera respuesta no fue descubierta sino veinte años más tarde, cuando Tony Blair, el Primer Ministro británico de la época, encargó una “nueva investigación judicial completa” en 1998. No fue sino doce años después que se publicaron los resultados.

Entonces, ¿qué fue lo que pasó? Pues los fallecidos efectivamente iban desarmados. Según la investigación, los soldados británicos dispararon siguiendo órdenes “que nunca debieron ser dadas”.

Ante tal resultado, quien declaró acerca de la investigación, el Primer Ministro David Cameron, se disculpó en nombre de la nación:

“En nombre del Gobierno —y desde luego en nombre del país— estoy profundamente consternado. Ninguna de las víctimas planteaba una amenaza de causar la muerte o heridas graves o estaba haciendo algo que desde ningún punto de vista justificara que se disparara contra ellos”.

Afortunadamente los irlandeses obtuvieron una disculpa oficial por los actos cometidos en 1972, pero ha ocurrido en muchas ocasiones que otras naciones simplemente no han aceptado el error por su parte, por lo que los abusos de poder continúan ocurriendo. Sin dudas, este suceso termina siendo una gran lección y también un doloroso aprendizaje para el mundo entero.