En la actualidad, nuestra vida cotidiana es ajetreada, llena de pendientes y carente de tiempo suficiente para cumplir con todo. Este tipo de entornos puede ser altamente desgastante para una persona, sobre todo si esta no sabe o no tiene las herramientas para cuidarse. Ahora, el estrés es el mal más común del nuevo siglo y, por esto, conocer sus consecuencias y cómo evitarlas, es vital.

No es un secreto que estas últimas décadas han sido más estresantes debido a los cambios en el estilo de vida. Por lo que, conocer por qué debemos hacer un esfuerzo extra por mantener nuestra mente sana se hace una necesidad. Sobre todo cuando entendemos que esto también nos ayudará a tener un organismo más saludable y una mejor calidad de vida.

¿A qué llamamos “estrés”?

A estas alturas, cuando pensamos en estrés inmediatamente le damos una connotación negativa. Sin embargo, en realidad incluso este sentimiento es una parte natural de nuestra vida que desencadena reacciones comunes en nuestro organismo.

Es gracias a él que, cuando nos enfrentamos a una situación “de peligro” se activan nuestros instintos de lucha o huida y nuestro cuerpo se pone en alerta. Como consecuencia, se manifiestan reacciones físicas como un pulso y respiración acelerados, o un golpe de adrenalina que deja a los músculos listos para actuar.

Si el estrés se manifiesta en estas situaciones puntuales –que no necesariamente son de peligro físico– entonces tenemos una relación normal con él. Los verdaderos problemas inician cuando las consecuencias del estrés se sostienen en el tiempo y nos encontramos atrapados en un estado de alternación y preocupación constante –que no es igual al de la ansiedad o la depresión–.

El verdadero peligro

En el momento en el que el estrés deja de ser una respuesta a una situación particular y se convierte en una constante, empezamos a ver los indicios de un problema de salud. A este se le conoce como estrés crónico y sus consecuencias pueden llegar incluso a ocasionar deterioro cognitivo en quien lo sufre.

Cuando el estrés crónico hace presencia, las personas pueden comenzar a experimentar otras consecuencias como mayor irritabilidad así como inicios de trastornos ansiosos o depresivos. Por otro lado, algunos de los síntomas físicos más comunes son los dolores de cabeza y el insomnio.

Estas son las consecuencias más graves del estrés en tu organismo

Representación en una ilusttración de algunas de las consecuencias que el estrés trae a nuestro organismo.

Lo antes mencionado está lejos de ser todo el alcance que tiene el estrés en nuestro organismo. Después de todo, así como es capaz de activar todo el cuerpo en una situación de peligro, también puede perjudicarlo como un todo si su presencia se vuelve crónica.

Por este motivo, acá te comentaremos las consecuencias más graves que tiene el estrés según las partes de nuestro organismo.

1) El estrés altera tu cabeza… literalmente

No debería sorprenderlos que una de las áreas que más rápidamente se vea afectada por el estrés sea nuestro cerebro. No obstante, a pesar de que estamos conscientes de que este se ve afectado, es poco probable que realmente sepamos qué tanto.

Por este motivo, es importante recalcar que el estrés puede afectar nuestro desarrollo cerebral en la infancia o incluso hacer que nuestro cerebro se encoja, si ya estamos en la adultez. Como si eso fuera poco, otros estudios también han comprobado que la presencia constante del estrés también nos ocasiona consecuencias como una memoria menos eficiente y una capacidad de pensamiento reducida.

Todo esto debido a la acción de dos elementos, el sistema endocrino y el eje HPA (hypothalamic-pituitary-adrenal). Con su interacción, el organismo incrementa la producción de cortisol (la “hormona del estrés), cuya permanencia puede ocasionar todas las consecuencias antes mencionadas.

2) El sistema nervioso central no se libra de su alcance

Pisándole los talones al primer punto nos encontramos con el sistema nervioso central, que también se ve afectado por el incremento de cortisol en el organismo. El sistema endocrino y el eje HPA comunican las alertas a través del hipotálamo, que también le ofrece información al sistema nervioso.

En caso de que la amenaza se vaya, o de que el sistema endocrino de la orden, el sistema nervioso central también debería bajar su nivel de alerta. Pero, si esto no ocurre y el cortisol se mantiene alto, entonces se podrían desencadenar variados comportamientos a consecuencia del estrés como el abuso del alcohol y drogas (a modo de distracción) o el aislamiento social.

3) El estrés no solo afecta tu mente, sino también tu corazón

Mujer en medio de oficina de trabajo con rostro de preocupación rodeada de manos que le presentas trabajos y tareas pendientes.
Vía iStock/PeopleImages.

Otra de las áreas de nuestro organismo que rápidamente puede verse afectada por el estrés constante es nuestro sistema cardiovascular. Si bien es cierto que son el cerebro, el sistema endocrino y el nervioso los que mueven los hilos, el resto del organismo también sufre las secuelas de la alteración constante.

Por ejemplo, se sabe que emociones como la ira y el estrés emocional pueden ser detonantes de insuficiencias cardiacas. Igualmente, la presencia del estrés constante también puede traer otras consecuencias como un ataque cardiaco o la obstrucción de los vasos sanguíneos.

Todo lo anterior, se desencadena como una respuesta del organismo a la presión continua tener un ritmo cardiaco acelerado y vasos sanguíneos comprimidos todo el tiempo. Estos cambios a la larga también pueden hacer a los individuos más propensos a otros problemas como la hipertensión.

4) El estrés enferma

Así como la presencia del cortisol en el organismo termina por agotar al sistema nervioso y desgastar el cardiovascular, también le pasa factura a nuestra resistencia inmune. De hecho, el exceso de cortisol en el organismo tiende a ralentizar la respuesta de este a patógenos externos.

En otras palabras, cuando estamos estresados constantemente nuestro sistema inmune se debilita. Como consecuencia, el estrés nos deja más vulnerables a contagiarnos con enfermedades que estés en nuestro ambiente, lo que va desde detalles como un resfriado hasta patologías peligrosas como el actual COVID-19.

Igualmente, investigaciones han demostrado que los altos niveles de estrés también se asocian con un aumento en la vulnerabilidad a infecciones. E, incluso, se lo ha relacionado con la reactivación de células cancerígenas dormidas.

5) Que el estrés no afecte tu capacidad de respirar

Como sabemos, el sistema nervioso parasimpático ayuda en la regulación de elementos como el proceso respiratorio. En casos normales, facilita la respiración y absorción de oxígeno durante una situación de estrés. Pero, si el estímulo se hace continuo entonces pueden manifestarse problemas adicionales como el asma o el enfisema.

Asimismo, si las personas ya tenían estas condiciones desde el principio, entonces las obstrucciones adicionales causadas por el estrés pueden llegar a complicarles notoriamente la posibilidad de respirar. Como consecuencia, se pueden presentar cuadros de falta de aliento o también de hiperventilación.

6)  ¡ni de moverte!

Hombre frente a una laptop con rostro cansado, mostrando las consecuencias del estrés, y una mano sobre la cara.
Crédito: gpointstudio.

Por otro lado el sistema nervioso simpático regula la epinefrina que actúa en las respuestas de “lucha o huida” contrayendo los vasos sanguíneos y aumentando el consumo de glucosa para producir más energía. Sin embargo, si la alerta de estrés no se “apaga” el organismo fácilmente puede quedar agotado.

Esto último se debe a que entonces el músculo permanece “tenso” listo para al acción. Como consecuencia, la presencia constante la hormona del estrés también se puede traducir en dolores de cabeza, espalda y hombros que agotan al organismo. Incluso, se ha confirmado que el estrés a la larga puede evitar que nuestras células aprovechen correctamente la energía.

7) El estrés no es el mejor acompañante de las comidas

Como vemos, el organismo como un todo se ve expuesto a las consecuencias del estrés. Por este motivo, el sistema gastrointestinal no podía quedarse por fuera.

Cuando estamos en una situación de estrés, nuestro organismo aumenta el azúcar de nuestra sangre (la glucosa) para darnos un subidón de energía. Sin embargo, esto solo puede mantenerse por un breve periodo de tiempo –mientras estamos expuestos al estresor, por ejemplo–.

Ahora, cuando el estrés crónico hace presencia, todo se complica ya que el organismo mantiene los niveles de glucosa altos todo el tiempo –como que a la larga se sale de control–. En consecuencia, la persona puede terminar desarrollando condiciones como la diabetes tipo 2.

Asimismo, la presencia constante de cortisol puede también desencadenar problemas de digestión como diarrea o constipación. Sumado a esto, síntomas como el reflujo, las nauseas y los dolores estomacales también se vuelven más comunes.

Por si fuera poco, debido al debilitamiento del sistema inmunológico, el intestino podría no ser capaz de controlar su flora bacteriana. Como resultado, las infecciones y problemas estomacales causados por patógenos externos (como las úlceras) se hacen más comunes.

8) Estrés y sexualidad: una mala combinación

Otro punto que también se ve particularmente afectado por el estrés es la sexualidad y capacidad reproductiva de las personas. Tanto para hombres como para mujeres, el exceso de cortisol en el organismo puede traducirse en una reducción del deseo sexual.

En el caso de los hombres, en un primer instante se produce más testosterona. Pero esta solo aparece para la situación de “lucha o huida”, por lo que pronto comienza a caer y, con ella, la capacidad reproductiva del hombro. Esto sobre todo porque puede llegar a afectar la producción de esperma e incluso causar problemas como la disfunción eréctil.

Por su parte, el estrés en las mujeres también puede implicar más problemas para ellas a la hora de concebir. Asimismo, tiene la capacidad de interferir en el desarrollo del bebé durante el embarazo. Y, por si fuera poco, con el cortisol desbordando el organismo, las mujeres se hacen más propensas a sufrir de casos de depresión postparto y tienen menos oportunidad de crear lazos sanos con sus hijos en sus primeros momentos de vida.

9) El estrés tiene consecuencias únicas en el organismo femenino

Como si lo anterior no fuera suficiente el estrés también produce otras consecuencias específicas en el organismo femenino. Por ejemplo, su aparición puede causar la aparición a temprana de los síntomas asociados con la menopausia o el aumento en su frecuencia e intensidad.

Sumado a esto, la menstruación también se ve afectada volviéndose más irregular y dolorosa. Además, los efectos del síndrome premenstrual también se hacen más intensos y los cambios de humor en muchas pueden ser más bruscos o intensos.

10) Y en el masculino también

Por otra parte, el organismo masculino también lidia con sus propias consecuencias particulares debido al estrés. No obstante, son menos que las de las mujeres. En su caso, el debilitamiento del sistema inmune los hace más propensos a infecciones los testículos, la próstata y la uretra. Si no se tratan o detienen a tiempo, estos pueden traducirse después no solo en cuadros dolorosos, sino también en problemas reproductivos.

¿Cómo mantener a raya estas consecuencias?

Una vez nos hemos paseado por todas las consecuencias que el estrés puede tener en nuestro organismo, es más que claro que debemos aprender a cuidarnos de él. Sobre todo en momentos como el actual, cuando la pandemia del COVID-19 nos pone a todos en una situación de alteración constante.

Por este motivo, te dejamos acá algunos de los consejos que podrían ayudarte a mantener al estrés a raya. En primer lugar, mantener una red de apoyo constituida por amigos y familiares cercanos con los que compartir siempre podrá tener un efecto calmante que disminuirá los niveles de cortisol del organismo.

Igualmente, el ejercicio regular nos ayuda a relajar tanto la mente como el cuerpo. Por lo que tendrá un efecto gratificante que nos permitirá bajar los niveles de estrés.

Sumado a lo anterior, también es vital que procuremos tener las suficientes horas de sueño cada noche. Cuando dormimos, nuestro cuerpo no solo descansa, sino que recarga energía, y “resetea” el organismo para que al día siguiente pueda funcionar adecuadamente.

Como un último consejo, en la actualidad, otras alternativas como la respiración consciente y el mindfulness también muestran ser alternativas con las que aumentar nuestra sensación de bienestar.

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