Mujer con mascarilla contra COVID-19 sentada frente a una laptop.

Las batallas que ha tenido que enfrentar la humanidad en esta pandemia no se limitan al coronavirus SARS-CoV-2, sino también a los medios de comunicación. Particularmente, el miedo que sienten muchas personas hacia la COVID-19 parece hacerlas más vulnerables a creer en fake news y compartirlas, contribuyendo así con la desinformación.

Los investigadores de la Universidad de Texas, en Austin, llegaron a dicha conclusión en un reciente estudio sobre el tema. Y, como indican en Frontiers in Communication, esta emoción hace que las personas piensen de manera más rígida, lo que las lleva a creer en datos falsos sobre la pandemia que suelen circular a través de las redes sociales e Internet en general. Y, por supuesto, tienen más probabilidad de difundirla para que otros también la crean.

Una encuesta en línea entre marzo y abril de 2020

A lo largo del 2020 surgieron una gran cantidad de rumores y teorías conspirativas, muchos de los cuales desmentimos en TekCrispy. Incluso después de empezaron a aprobar el uso de emergencia de la vacuna contra COVID-19 del dúo fabricante Pfizer-BioNtech, hubo una campaña de miedo y desinformación que sugería que esta contenía un microchip de rastreo. Y, aunque resulte literalmente increíble, muchas personas lo creyeron.

Interesados por explorar el fenómeno y determinar qué factores lo estimulaban, los investigadores encuestaron a 565 adultos que viven en Italia y Estados Unidos. El estudio se realizó durante los primeros meses de la pandemia enfocándose en la influencia del miedo al COVID-19 en factores sociales y cognitivos.

La encuesta en línea fue bastante completa. Incluía preguntas sobre sus creencias y experiencias relacionadas con la enfermedad, así como su opinión sobre la precisión de los artículos de noticias reales y falsos; con ello, querían evaluar su probabilidad de sobrestimar ciertas declaraciones. Algunas preguntas también estaban dirigidas a obtener información sobre el pensamiento polarizado y aspectos como xenofobia, entre otros.

Los participantes también tuvieron que resolver acertijos y problemas de lógica, por medio de los cuales los investigadores buscaban evaluar sus habilidades de razonamiento. De este modo, obtuvieron una robusta base de datos que les permitiría comprender mejor el fenómeno de “infodemia”, término con el que se refieren a la pandemia de información.

El miedo a la COVID-19 como gran contribuyente para la desinformación

Los resultados revelaron que el miedo era un gran contribuyente en la desinformación vinculada a la COVID-19. Mientras más temores tenían los encuestados, mayor era su probabilidad de identificar información falsa o tergiversada y difundirla.

Asimismo, tenían mayor riesgo de aceptar información no verificada como verdadera y compartirla y de creer en declaraciones sin fundamentos y considerarlas como profundas y creíbles.

El miedo al coronavirus influyó incluso en la aceptación de formas de pensamiento rígidas y terminó por atribuirles puntajes altos en la escala de polarización. Estos casos tuvieron también menos probabilidades de detectar información errónea y más probabilidades de tener bajo desempeño en habilidades analíticas y de resolución de problemas.

Escasez de respuestas al inicio de la pandemia de COVID-19 pudo contribuir en el miedo y la desinformación

Ahora bien, antes de juzgar, analicemos un poco el contexto. Al inicio de la pandemia, ni siquiera los científicos tenían suficiente información sobre el coronavirus como para proporcionar algo de seguridad a las personas.

Para entonces, solo se hablaba de la importancia del lavado de manos y el distanciamiento social como medidas preventivas mientras la ciencia hacía de las suyas para comprender a lo que nos enfrentábamos.

Si sumamos el escaso conocimiento que tenía la mayoría de la población sobre enfermedades infecciosas y vacunas, el impacto en la asociación negativa se incrementa aún más.

El objetivo del miedo es protegernos

Cuando no sabemos algo, y ni siquiera estamos al tanto de que deberíamos saberlo, y además tememos, somos propensos a creer prácticamente cualquier cosa con la que nos topemos. Así que, en definitiva, la asociación entre el miedo al COVID-19 y la desinformación tiene sentido.

“Los seres humanos tienen una tendencia natural a reducir su propio miedo y ansiedad buscando cualquier información disponible”, explica Carola Salvi, investigadora de psiquiatría y miembro del Departamento de ciencias del comportamiento de la Escuela de Medicina Dell de la Universidad de Texas en Austin.

“También quieren sentir más control sobre sus vidas, que es probablemente la razón por la que vimos que las personas que tenían más miedo al coronavirus comenzaron a sobreestimar el valor de declaraciones aparentemente profundas que en realidad no eran tan significativas”.

A pesar de ello, el miedo tuvo efectos positivos también, precisamente al cumplir la función para la cual lo sentimos: protegernos. Y es que un mayor miedo también propició la búsqueda de más información para evitar la información. E irónicamente, el miedo también motivó a muchas a buscar datos reales para compartir con otros y combatir el fenómenos de desinformación.

Referencia:

Going Viral: How Fear, Socio-Cognitive Polarization and Problem-Solving Influence Fake News Detection and Proliferation During COVID-19 Pandemic. https://www.frontiersin.org/articles/10.3389/fcomm.2020.562588/full