Hombre con los brazos cruzados y rostro serio mostrando agresividad.
Vía Pixabay.

No es un secreto que muchos hombres, cuando sienten su masculinidad cuestionada, tienden a reaccionar con agresividad. La conducta se ha expandido tanto que se ha convertido en un fenómeno común. Sin embargo, esto no implica que se trate de la respuesta estándar para todos los individuos.

Una reciente investigación publicada en Personality and social Psychology Bulletin toma esta idea como punto de partida. Gracias a ella, fue posible comprobar que ciertos tipos de hombres eran más propensos a la agresión cuando se “amenazaba” su masculinidad.

Los investigadores detrás del estudio fueron Adam Stanaland y Sarah Gaither, ambos de la Universidad Duke, en Estados Unidos.

No todos los hombres responden igual cuando su masculinidad es “amenazada”

Para poder comprobar esta premisa, los investigadores trabajaron con 195 estudiantes universitarios y otros 391 hombres seleccionados aleatoriamente. En la muestra, las edades consultadas variaron entre los 18 y los 56 años.

Cada uno de los voluntarios participó en una encuesta que consultaba el “conocimiento de género” que tenían los hombres sobre temas estereotípicos como el fútbol, la mecánica y hasta reparaciones del hogar.

Luego, se les dijo de forma aleatoria que habían recibido una puntuación mayor o menor a la promedio. Además, a los que estuvieron por debajo de la media se les dijo que eran “menos masculinos que el hombre promedio” antes de pasarlos a la segunda fase de la investigación.

Los hombres usaron la agresividad como método para defender su masculinidad amenazada

Para este momento, la “amenaza” a la masculinidad de los hombres ya se había hecho y ellos comenzaron a responder y razonar con más agresividad. Con la finalidad de determinar esto, los investigadores trabajaron con un modelo simple de completación de palabras. En ella, se colocaba una sílaba y los individuos debían colocar las letras faltantes para formar una palabra con sentido.

En alternativas como “ki” los hombres amenazados escribieron “kill” (Matar), cuando también estaba la opción “kiss” (Besar). Igualmente, con otras sílabas como “blo”, muchos escribieron “blood” (Sangre), cuando existían otras posibilidades como “bloom” (Florecer).

Con este tipo de exámenes, los investigadores notaron rápidamente una tendencia al pensamiento más agresivo en los hombres que sintieron su masculinidad amenazada. De hecho, incluso los autores reportaron recibir amenazas directas de los encuestados, una vez se les mencionaba su “baja masculinidad”.

Pero, no todos a los que se les dijo que eran menos masculinos reaccionaron así. Algunos casi ni se vieron afectados. ¿Cuál fue la diferencia para ellos?

Mientras más jóvenes, más propensos a este tipo de reacciones

La primera observación de los investigadores era que los hombres jóvenes solían ser los más propensos a reaccionar con agresividad para “defender” su masculinidad. En la visión de tres categorías, los hombres de 18 a 29 años presentaron la mayor cantidad de comportamientos agresivos de la muestra.

Seguidamente, los hombres entre 30 y 38 se vieron un poco menos afectados y sus respuestas no fueron tan agresivas. Finalmente, la menor incidencia de respuestas violentas vino de los hombres de 38 años en adelante.

¿La presión social podría ser el origen de las respuestas agresivas?

Finalmente, los investigadores pudieron también detectar que las variaciones en edad estaban asociadas a factores como la presión social y la imagen propia. Mientras más jóvenes eran los hombres, más posibilidades tenían de depender de la opinión de los demás para estipular su “hombría”. Por lo que, al verla amenazada, reaccionaron con violencia para probar lo masculinos que eran.

Al mismo tiempo, descubrieron que estas conductas de agresividad también eran comunes en hombres que sentían que constantemente debían probar su masculinidad. Es decir, a aquellos que actuaban exageradamente “como hombres” ya fuera para encajar, ser aceptados o hasta conseguir citas.

En todos los casos, se observó que quienes más agresivamente respondían solían tener una idea débil de su propia masculinidad. De allí el sentimiento de inseguridad que los llevaba a tener que probarse a sí mismos durante el resto del experimento.

En comparación, las estudiantes femeninas no mostraron respuestas agresivas si su género era amenazado o cuestionado. Con esto, se probó incluso más que este se trata de un método exclusivamente usado por los individuos masculinos para probar que son “hombres de verdad” a los demás –y también a ellos mismos–.

El siguiente paso de los investigadores es ahondar incluso más en este fenómeno para tratar de entender sus causas y sus raíces. De esta forma, podrían encontrarse nuevas formas para abordar problemas como el maltrato y la violencia de género para finalmente ponerles un alto definitivo.

Referencia:

“Be a Man”: The Role of Social Pressure in Eliciting Men’s Aggressive Cognition: DOI: 10.1177/0146167220984298