Antes de que se implementara el cloroformo como analgésico, era común que, para esta tarea, se utilizara el éter, pues este compuesto, además de funcionar como tratamiento para ciertas infecciones pulmonares y otras enfermedades, también puede reducir el dolor de quien lo consuma. Pero hoy no solo hablaremos de este químico, sino del personaje responsable de descubrirlo: Valerius Cordus.

Este hombre vivió y descubrió el éter mucho tiempo antes de que el mismo fuera implementado como analgésico. De hecho, lo hizo dos siglos antes, en 1540.

Cordus nació el 18 de febrero de 1515, no se ha determinado si en Turingia o en Hesse, Alemania, y desde siempre estuvo en el mundo de la ciencia, pues su padre, Euricius Cordus, fue un médico reconocido. Sin embargo, y además de la medicina, a Valerius le apasionaba la botánica, así que con solo doce años, en 127, comenzó sus estudios en el área, aprendiendo también sobre farmacia, y todo bajo la tutela de su padre.

Este mismo año, ingresó a la Universidad de Marburg, de donde se licenció en 1931, y luego decidió ampliar sus estudios trabajando como boticario en la Universidad de Leipzig. En 1539, ingresó a la Universidad de Wittenberg para estudiar medicina. Sin dudas, fue un hombre apasionado por sus estudios desde muy corta edad.

Sin embargo, poco tiempo después logró el descubrimiento por el que sería recordado de por vida: el éter.

Éter

Sucedió en 1540, cuando sintetizó el ácido sulfúrico con el ácido etílico, lo cual dio como resultado el éter, una sustancia que él describió como un “aceite de vitrolio dulce”. Sin embargo, Cordus tendría que esperar mucho tiempo para que su descubrimiento fuera realmente implementado como analgésico, que es para lo que realmente era efectivo.

En la época, este compuesto comenzó a utilizarse para tratar infecciones pulmonares y también la enfermedad del escorbuto, que es cuando el paciente tiene una grave carencia de vitamina C, por lo que le genera anemia, hemorragias cutáneas, y debilidad general.

Además, por su efecto de somnolencia y excitación, también era utilizado como droga recreativa. De hecho, en la época era mal visto que las mujeres consumieran alcohol al igual que los hombres, así que se comercializó éter mezclado con etanol para que estas pudieran consumirlo en sociedad y que fuera aceptado.

Fotografía del Dr. Crawford Long
Fotografía del Dr. Crawford Long

Tiempo después, en 1842, el médico estadounidense Crawford Long se dio cuenta de que sus amigos dejaban de sufrir dolores a pesar de tener heridas luego de consumir este compuesto. De esta forma, empezó a explorar su uso en intervenciones médicas y logró probar su efectividad como analgésico.

El éter era bastante efectivo en esta tarea, pero tenía efectos secundarios. Además de que se tardaba cierto tiempo en hacer efecto, el mismo generaba mareos o vómitos y, además, era inflamable.

En este sentido, y luego de que se comprobara la efectividad del cloroformo como anestésico a finales del siglo XVII, el éter se dejó de utilizar para esta tarea, pues su sucesor hacía efecto mucho más rápido y, según se creía, era menos tóxico.

Hoy en día hay muchos compuestos que se utilizan como anestésicos, suplantando perfectamente tanto a éter como al cloroformo y que no son tan tóxicos como estos, tales como la ketamina, el halotano, el propofol y otros. Sin embargo, sin este primer descubrimiento de Cordus, el desarrollo de otros compuestos probablemente hubiera sido mucho más lento, así que la ciencia, y específicamente la medicina, le debe mucho a este importante médico alemán.