El escándalo del actor Armie Hammer, conocido por su participación en The Social Network y Call me by your name, ha dejado al mundo atónito. Puede que hasta ahora, muchas personas no tuvieran ni idea de que existiera una parafilia como la vorarefilia, un comportamiento guiado por el deseo de comer a otras personas o ser comido, pero ahora las críticas sobre el tema abundan en las redes.

Aunque Hammer haya actuado como un héroe en películas como Mumbai Hotel y Mirror Mirror, la imagen del actor ha dado un giro tal que se ha convertido en un antagonista ejemplar gracias a sus aparentes gustos excéntricos.

Pero nuestro interés no va en criticar, sino en indagar sobre las raíces e implicaciones de algo tan descabellado como la excitación sexual ante la idea de comer a alguien o, incluso ser comido, como lo plantea la vorarefilia. Es por ello que dedicaremos el siguiente artículo a explorar lo que dice la ciencia al respecto.

¿Qué son las parafilias?

Antes de definir la vorarefilia, partamos de lo que son las parafilias: patrones atípicos de comportamiento sexual asociados a objetos, actividades, situaciones o individuos. En la psicología sexual es muy difícil definir lo que es normal y anormal, porque en ello influyen una amplia variedad de factores sociales y culturales.

“Lo problemático con las fantasías sexuales se da en dos casos: cuando influyen negativamente en la vida del individuo, generando malestar o deterioro social; o, por supuesto, cuando esas conductas o fantasías dañan o ponen en riesgo a los demás”, afirma la sexóloga Carme Sánchez, del Instituto de Urología Serrate & Ribal.

Tomando en cuenta esto, hasta el momento se han identificado varias que pueden atentar contra la integridad, salud y vida de las personas. Y entre ellas, por supuesto, figura la vorarefilia, una de las más peligrosas por su parecido con el canibalismo.

¿Qué es la vorarefilia?

Un payaso sosteniendo una mano humana y con un dedo ajeno en su boca.

Podemos definir la vorarefilia como la existencia de fantasías sexuales que encajan con la idea de comerse a alguien, o de ser comido por otra persona. Estas pueden implicar el consumo total del cuerpo, o solo ciertas partes. Para poder ser considerada como tal, es necesario que dichos pensamientos se mantengan de manera constante durante al menos seis meses generando excitación sexual.

Si bien esta es una metáfora muy usada en la intimidad humana para referirse al deseo, en esta parafilia hay intenciones muy serias de llevarlo a cabo. En pocas palabras, una persona con vorarefilia podría estar muy decidida a concretar esta fantasía de manera literal.

Ahora bien, es necesario recalcar que las fantasías vorarefílicias no tienen por qué implicar la muerte de la otra persona. El objeto del placer en estos casos no reside en la muerte o el sufrimiento de otra persona, sino concretamente en la idea de comer o ser comidos, o también integrarse o ser integrado en otra persona, como ocurriría en la digestión.

Comer a una persona, o ser comido; una fantasía difícil de cumplir

Dos manos humanas ensangrentadas como si estuvieran a punto de agarrar algo en medio de un fondo negro.

Con lo dicho hasta ahora, muchos comprenderán cuán difícil resulta para las personas con vorarefilia cumplir sus retorcidas fantasías. La sociedad condena moral y legalmente el daño físico entre los humanos y el asesinato, y aunque esta parafilia no refleja una intención de asesinato como tal, su desarrollo podría terminar justo en ello.

Además, una investigación sobre el tema publicada en 2013 en la revista Archives of Sexual Behaviour destaca que quizás por ello las fantasías rara vez se hacen realidad. La investigación sugiere que estas personas no suelen consumar su deseo más allá de expresarlo a través de mensajes tan sugerentes como los que han publicado las ex amantes de Hammer.

“Las fantasías vorarefílicas se componen en su mayor parte de textos e ilustraciones que se comparten con otros miembros de esta subcultura”, escriben los autores en su artículo científico.

De manera similar lo reconoce la doctora Victoria Hartmann, autora del libro ‘I Love Dead People: Inside the Minds of Death Fetichists‘. Esta asegura que la mayoría de las personas con estas tendencias caníbales no desean hacer daño a alguien en realidad. “Solo alrededor de un 0,5 por ciento de las personas a las que estudié reconocieron haberlo cumplido. Para la mayor parte, solo representa una fantasía”, dijo.

De hecho, incluso cuando ven pornografía vorarefílica, muchas de las personas con dicha parafilia preferirían que las escenas resultaran lo menos realistas posible. Esto, de cierta forma, reduce mucho la estigmatización en torno al tema, aunque sigue siendo bastante complejo de aceptar para la mayoría de las personas.

Algunos ejemplos de vorarefilia consumada y no consumada

Armin Meiwes, un acusado vorarefilia por comer a una persona, con una mirada seria.
Armin Meiwes, mejor conocido como el “Caníbal de Rotemburgo”.

Hammer es un buen ejemplo de ello, hasta el momento. Pero también podemos mencionar a Gilberto Valle, un policía de la ciudad de Nueva York también diagnosticado con esta parafilia, como indica The New York Mag.

Pero esto no quiere decir que nunca nadie los haya llevado a cabo. En las últimas décadas se han documentado casos abominables de personas que pudieron cumplir su deseo de comer parte de alguien más, aunque no de ser comidos.

Por ejemplo, Armin Meiwes, mejor conocido como el “Caníbal de Rotemburgo”, que descuartizó y comió el pene de una persona que contactó en Internet. En este caso en particular entra en juego un punto muy discutido en los últimos años: el consentimiento. Meiwes usó como defensa que el acto había sido consensuado, y que había aplicado una especie de eutanasia.

Asociación con otras parafilias

Dos papas con cara sonriente y brazos sosteniendo cubiertos mientras comen una papa en el suelo de la cual emana salsa de tomate en alusión a la sangre.

Antes de que el término de vorarefilia se hiciera popular, se hacía referencia al trastorno como una especie de canibalismo sexual, o un trastorno necrofílico. Y de hecho, guarda ciertos vínculos con otras parafilias que vale la pena mencionar para diferenciarlos bien.

El psicólogo Justin Lehmiller, quien también ejerce como investigador sexual, explica que la vorarefilia suele estar acompañada de otras parafilias. Entre ellas, la zoofilia o el gusto por la bestialidad, el furry o gusto por disfrazarse de personajes de dibujos animados peludos para tener relaciones sexuales; el feederismo, que consiste en el gusto sexual por la comida y el hecho de engordar; así como ciertas formas de dominación y sumisión.

Armie Hammer sonriendo vistiendo un traje azul.
Armie Hammer, actor de Hollywood recientemente acusado de vorarefilia.

En definitiva, la mente es todo un universo. Incluso para la ciencia de nuestros tiempos ha sido muy difìcil comprender todos los fenómenos que ocurren dentro de ella. Ciertas parafilias, por ejemplo, son motivo de rechazo y condena, por lo que muchas personas que las “padecen” prefieren reservárselo, o compartirlo solo en casos peculiares. Esto reduce sustancialmente la cantidad de casos que podrían ser estudiados por los expertos.

Pero en estos tiempos en que dejamos huella de todo a través de la tecnología, mantener el secreto definitivamente no es tan fácil. Aunque aún no hay certeza de que Hammer en realidad haya incurrido en dichos actos, o de que en verdad tenga vorarefilia (cosa que ha negado), lo cierto es que la evidencia parece muy sugerente y podría tener implicaciones legales graves.

Referencias:

Vorarephilia: a case study in masochism and erotic consumption. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/24057211/

A Dangerous Mind. https://nymag.com/news/features/cannibal-cop-2014-1/