Mano enguantada de médico sosteniendo tres frascos con variantes de la vacuna contra el COVID-19, sobre fondo azul claro.

El desarrollo de formas de contrarrestar el coronavirus fue un tema protagónico el año pasado, y lo seguirá siendo en este 2021. Ahora, con algunas alternativas de la vacuna contra el COVID-19 aprobadas, surge la duda de si, al menos en este campo, aún es necesario continuar con la investigación.

Para responder esta incógnita, el investigador Jerry Woodward de la escuela de medicina de la Universidad de Kentucky (UK) conversó con UKNow, el ala de noticias de la entidad. Gracias a sus comentarios, ahora nos es posible recopilar los datos más resaltantes en este ámbito para poder repasar todo lo que debemos saber sobre el desarrollo de vacunas y por qué su investigación sigue siendo vital incluso ahora.

Si ya aceptaron una vacuna… ¿las demás deberían detenerse?

No. Lo primero que debe aclararse es que, aunque alternativas como las de Pfizer-BioNtech y Moderna ya están circulando en algunos países, no es necesario que las demás investigaciones se detengan. De hecho, en muchos casos, la aceptación de estas primeras dos puede ser una motivación para el desarrollo de las que vienen atrás.

En el caso de Pfizer y Moderna, ambas vacunas han desarrollado compuestos para atacar las proteínas espiga del SARS-CoV-2. Con su aceptación, se reafirma que este proceso es útil contra la enfermedad.

De esta forma, las otras vacunas que se encuentran a medio camino o en las rectas finales –y que también atacan a la proteína espiga– tienen una seguridad más sobre su eficacia. Como consecuencia, adquieren una motivación más para llevar hasta el final su investigación, ya que saben que su vacuna realmente podrá funcionar contra el COVID-19.

Moderna y Pfizer-BioNTech están lejos de ser las únicas opciones

A pesar de que la mayoría de las vacunas trabajan contra la proteína espiga del SARS-CoV-2, no todas se manejan de la misma forma. Por su parte, las vacunas de Pfizer-BioNTech y las de Moderna trabajan con un novedoso método que utiliza el ARN mensajero. Pero no funcionan exactamente igual ni se desarrollan del mismo modo.

Como otras alternativas tenemos entonces las alternativas de AstraZeneca o las de Johnson & Johnson. En ambos casos, la investigación sobre su efectividad como vacuna contra el COVID-19 se encuentra en sus fases finales. Pero, a diferencia de las primeras, trabajan con vectores de adenovirus. Es decir, con versiones no replicables del SARS-COV-2 que entrenan al organismo para hacerle frente.

Finalmente, también existen otras posibilidades, como las estudiadas por Woodward en los laboratorios de la UK. Estas utilizan otro método basado en “vacunas de subunidad” que atacan directamente a la proteína espiga del SARS-CoV-2. En la actualidad, se destacan por ser unas de las más probadas y aceptadas en los últimos años para diferentes enfermedades, según el investigador.

La investigación sobre alternativas a la vacuna contra el COVID-19 debe continuar

Para el campo de desarrollo de las vacunas, en la variedad está la fuerza, y esta situación de pandemia no será la excepción. Como podemos ver, tan solo mencionando algunas de las alternativas ahora existentes ya contamos con un portafolio amplio de opciones para lidiar con el coronavirus.

Esto no se trata de una situación atípica y, en un contexto de necesidad mundial, es la opción más sensata. Todo debido a que una o dos empresas simplemente no son capaces de abastecer al mundo entero. Por esto, si se cuenta con varias opciones que funcionen, entonces la carga de trabajo y producción individual de cada una se hace más ligera y manejable.

Además de lo anterior, un motivo vital para continuar con la investigación sobre la vacuna contra el COVID-19 es que aún estamos lejos de saber todo sobre ella. Por ejemplo, no hay muchos datos sobre su funcionalidad o efectos secundarios en poblaciones especiales como los niños y las mujeres embarazadas.

Según Woodward, es posible que incluso se detecten algunas alternativas de vacuna que sean más beneficiosas para grupos particulares. Por lo que, una vez tengamos este conocimiento, podríamos distribuir las vacunas no solo geográficamente, sino también basadas en las diferentes necesidades fisiológicas de los receptores. Todo con la intención de llevarles la inyección que más beneficiosa vaya a ser para su salud y seguridad.

La evaluación de las vacunas deberá mantenerse por años

Otro punto vital que menciona Woodward es que, a pesar de que se sabe que las vacunas efectivamente le hacen frente al coronavirus, no se tiene idea de verdaderamente cuánto puede durar su inmunidad. Por esto, el investigador asegura que al menos durante la siguiente década será necesario seguir investigando a la vacuna contra el COVID-19 y la forma en la que funciona con la inmunidad de nuestro organismo.

Como otro elemento a tener en cuenta, la aparición de nuevas mutaciones del virus ha preocupado al mundo sobre una posible obsolescencia temprana de las vacunas. Sin embargo, a pesar de que es cierto que si la proteína espiga muta demasiado ya las vacunas no serán efectivas, aún este no es un problema por el que preocuparse. Sobre todo porque para que mutaciones de esta magnitud se den son necesarios años y no solo meses.

Eso sí, mientras este proceso se da, dichas mutaciones se convierten en otro motivo para continuar la investigación sobre la vacuna contra el COVID-19. Esto en todas sus presentaciones y variedades posibles, según Woodward.