Estación Espacial Internacional desde afuera.
Crédito: Agencia Espacial Europea (ESA).

La exploración del espacio ha tomado un nuevo protagonismo dentro de las últimas décadas. Pero los estudios que se han realizado en él nunca se han detenido por completo. Ahora, en un intento por desarrollar conocimientos que nos permitan hacer viajes a terrenos más lejanos e inexplorados, la Estación Espacial Internacional (ISS, por sus siglas en inglés) investiga cómo mantener la suciedad y los gérmenes a raya.

La información sobre esta investigación se publicó recientemente en la página de la Agencia Espacial Europea (ESA, por sus siglas en inglés). En su reporte, no solo informaron sobre la meta final del experimento, sino que dieron detalles de sus utilidades futuras tanto en el espacio como en la Tierra.

La Estación Espacial Internacional deja libre a la suciedad para aprender a contenerla

Específicamente, la investigación a llevar a cabo se ha titulado Microbial Aerosol Tethering en superficies innovadoras dentro de la ISS –o, para abreviar MatISS–. Este proyecto se inició en el 2016 con el apoyo de la agencia espacial francesa CNES.

Desde entonces, varios experimentos se han llevado a cabo en el espacio para medir el crecimiento de bacterias y demás patógenos en diversas superficies dentro de los ambientes de microgravedad. Básicamente, se ha probado qué materiales son más o menos propensos a contaminarse en dentro de la ISS.

Para esto, se han probado diversos compuestos innovadores como los polímeros verdes, los polímeros de cerámica o los híbridos hidrofóbicos, entre otros. Cada uno comparado con una superficie de vidrio común usada como “control”. Durante las investigaciones esos se enviaron al espacio y se les dio a los astronautas una orden muy clara: “no tocar, ni limpiar”.

¿Por qué se hace este experimento?

De este modo, las piezas experimentales simplemente se mantienen en un área determinada de la ISS por un tiempo y van recolectando las bacterias que pueda haber en el ambiente. Luego de que su periodo en la Estación Espacial Internacional termina, los paneles y la suciedad que han acumulado regresa a la Tierra.

La información recuperada durante su tiempo en el espacio se analiza de vuelta en el planeta. Todo para poder determinar qué material fue mejor manteniendo a raya los virus y demás patógenos cuando no recibió ningún tipo de mantenimiento. De esta forma, se puede identificar cuáles son los materiales más idóneos

Sobre el experimento MatISS

Módulo de la Estación Espacial Internacional que se mantiene lleno de suciedad por la ciencia,
Placas del experimento MatISS. / Crédito: Agencia Espacial Europea (ESA).

Hasta el momento, el experimento MatISS ha tenido tres fases. La primera, el MatISS-1 llegó a la Estación Espacial Internacional con plaquetas de diversos materiales que debían ser colocadas una misma área para que acumularan la suciedad y bacterias del ambiente. Luego de seis meses, las placas volvieron a la Tierra donde se analizaron sus resultados.

Como respuesta, se envió una segunda ronda de plaquetas al espacio, durante MatISS-2, pero esta vez solo eran distintos materiales hidrofóbicos, más el control de vidrio, colocados en una misma zona de la ISS.

Poco después se realizó la tercera fase (el MatISS-2.5) en la que se enviaron nuevamente plaquetas idénticas de materiales hidrofóbicos. Sin embargo, esta vez cada una de estas tenía un equivalente de vidrio y se distribuyeron en diferentes partes de la ISS.

Los datos de esta tercera parte llegaron a la Tierra recientemente. Gracias a esto, estamos mucho más cerca de determinar qué materiales podrían ser los más eficientes en el espacio a la hora de mantener la higiene y a los microbios a raya.

La importancia de mantener un espacio libre de gérmenes

“Las bacterias son un gran problema en el espacio ya que tienden a crecer en la atmósfera constantemente reciclada de la Estación Espacial”, explicó la ESA.

Tan solo en el 2019 la NASA advirtió que la ISS tenía muchas más bacterias y hongos de los que se esperaba en la nave. Esto puede ser grave para los astronautas ya que el aire reciclado de la estación poco a poco podría convertirse en un cultivo de enfermedades.

Por este motivo, cada sábado los astronautas realizan labores de limpieza en casi todos los rincones de la nave. Acá solo las placas de MatISS quedan intactas y solo porque gracias a ellas se podrían en el futuro desarrollar nuevas formas de que la propia nave sea un seguro de limpieza y resistencia a los microbios.

“Entender la efectividad y uso potencial de estos materiales será esencial para el diseño de futuras naves espaciales, especialmente para aquellas llevando humanos más lejos en el espacio”, concluyó la ESA.

Este conocimiento no será solo valioso en el espacio

Además de todo lo dicho anteriormente, el conocimiento adquirido con las placas que han acumulado suciedad en la Estación Espacial Internacional no solo es valioso para los viajeros espaciales. De hecho, también pude llegar a sernos de gran ayuda en la Tierra.

Con situaciones como la pandemia actual, el conocer qué materiales son más resistentes a los gérmenes podría ayudarnos a desarrollar espacios públicos más seguros. Elementos tan cruciales como botones de ascensores, pasamanos, perillas y demás elementos que tocamos en nuestra cotidianidad podrían valerse de estos nuevos materiales para ser más higiénicos y evitar la propagación de enfermedades.