Célula del cáncer de la que ahora tenemos otra visión gracias al descubrimiento de un secreto centenario de funcionamiento.
Crédito: Science Photo Library.

Este 2021, junto al centenario de un conocimiento médico sobre el cáncer, un nuevo descubrimiento lo ha desmontado. Con esto, ha llegado una nueva forma de entender a la enfermedad, cómo actúa sobre nuestro organismo y de qué modo podemos tratarla.

Específicamente, el nuevo descubrimiento ha estado de la mano con el conocido efecto Warburg. Así se denomina en el mundo de la oncología al proceso a través del cual las células cancerígenas no solo procesan el azúcar, sino que lo fermentan.

La idea de que las células cancerígenas realizaban este proceso vino de la observación de grandes cantidades de oxígeno que se “desperdiciaban”. Por esto, se asumió primero que las mitocondrias (las fuentes de energía de las células) no estaban trabajando adecuadamente. No obstante, esta asunción se probó como falsa en los siguientes años. Como resultado, el efecto de Warburg era lo único que podía explicar el oxígeno “sobrante” y la capacidad de generación de energía de las células.

Un cambio de perspectiva

Gracias a la reciente investigación publicada en la revista Science, el grupo de investigadores del Instituto Sloan Kettering nos ha traído una nueva perspectiva para el proceso de Warburg.

El estudio, que estuvo dirigido por el inmunólogo, Ming Li, no negó la participación de este efecto en la proliferación de las células, pero añadió un nuevo jugador al juego que cambió las reglas: la quinasa PI3.

“La quinasa PI3 es una molécula de señalización clave que funciona casi como un comandante en jefe del metabolismo celular”, comentó Li.

Su investigación ha señalado a una poderosa enzima capaz de activar la quinasa PI3. Esta molécula, a su vez, es el punto de origen de la “energía” de las células cancerígenas. Gracias a este descubrimiento, se ha revelado un secreto centenario que nos revela de dónde verdaderamente estas células del cáncer consiguen el impulso para multiplicarse y expandirse.

El ciclo del efecto de Warburg

La investigación de Li estuvo específicamente enfocada en las células inmunes conocidas como células T. Estas, al igual que las cancerígenas, dependen del efecto de Warburg para funcionar.

Sin embargo, el estudio reveló que este no era el fin del proceso. De hecho, los resultados del proceso de “fermentación” daban lugar a la creación de ATP –uno de sus productos netos–. Este elemento es también el “combustible” que le da fuerza a la quinasa PI3.

Como resultado el proceso que inició como una señalización para dar energía a las células, también surte de poder al resto de los elementos que hacen posible todo el ciclo. Por lo que se completa un círculo interdependiente que mantiene al organismo y al sistema inmunológico funcionando.

El descubrimiento que desarmó un conocimiento centenario sobre el cáncer

“Al igual que con las células inmunes, las células cancerosas pueden emplear el efecto de Warburg como una forma de mantener la actividad de esta vía de señalización y, por lo tanto, asegurar su crecimiento y división continua. Los resultados plantean la intrigante posibilidad de que los médicos puedan frenar el crecimiento del cáncer bloqueando la actividad de LDHA, el ‘interruptor’ de Warburg”, explicó Li.

En otras palabras, el nuevo descubrimiento de este nuevo proceso dentro de las células del cáncer ha ayudado a derribar un misterio ya centenario que rondaba su producción de energía.

Gracias a la nueva información, podrían desarrollarse nuevos tratamientos. Estos se podrían enfocar en las moléculas quinasa PI3, o en la producción de ATP del efecto de Warburg, para regular el crecimiento celular del cáncer.

Referencia:

Glycolysis fuels phosphoinositide 3-kinase signaling to bolster T cell immunity: DOI: 10.1126/science.abb2683