Grupo de niños sonrientes en un parque y mirando a la cámara, todos posando para una foto.
Vía Wikimedia Commons.

Desde pequeños nuestros padres nos inculcan que debemos ser agradecidos por cortesía –debido a que la práctica es una norma social–. Sin embargo, la gratitud, tanto en niños como en adultos, puede ser mucho más beneficiosa para su salud mental de lo que imaginaríamos.

Debido a esto, el aprender a agradecer deja de ser una mera norma de educación y se convierte en una práctica que puede mejorar nuestro estilo y calidad de vida. En general, ser agradecidos no siempre es fácil, pero vale la pena hacer el esfuerzo de inculcar la costumbre en nuestra cotidianidad. Esto ya se ha comprobado en adultos, pero también es vital para los más pequeños de la casa.

La gratitud y la salud mental de los niños

Sobre todo en tiempos de pandemia, cuidar la salud mental de los niños con todas las herramientas posibles, incluida la gratitud, es vital. En estos momentos, los pequeños experimentan un mundo peligroso, solitario y totalmente fuera de su control.

Esta situación fácilmente puede acabar por tener un costo emocional sobre el bienestar mental de los niños. Por este motivo, herramientas como la gratitud pueden ayudarlos a centrarse en el presente, lo que tienen y lo que sí pueden controlar: ellos mismos.

¿Cómo ayudar a cuidar la salud mental de los niños?

La gratitud no es una de las reacciones que viene de forma natural en los niños. De hecho, estudios han mostrado que es más fácil para los infantes sentir rencor que agradecimiento.

Sin embargo, este no es un motivo para desalentarse. En realidad, es otra de las razones por las que se hace tan importante inculcar prácticas como la gratitud y la reciprocidad en los niños desde pequeños.

Según los consejos ubicados en el medio Medicalxpress, existen algunas estrategias particulares que podrían ayudar a los niños a asimilar esta costumbre en cada ámbito de su vida. De este modo, ella irá más allá de decir solo “gracias”. Con estos tips, la salud mental de los pequeños podrá ser más estable debido a la gratitud. Un detalle que, además, probablemente también mejore su relación con el ambiente que los rodea.

Algunas ideas

Uno de los primeros consejos es aprender a ver lo “positivo” en cada día. Si somos capaces de tomar unos minutos antes de dormir para apreciar todo lo que salió bien para nosotros. Habrá una diferencia sustancial en nuestro humor al día siguiente.

Asimismo, este efecto también se puede extender hasta los más pequeños, que pueden tratar la actividad al igual que la hora del cuento para ir a dormir. Incluso, se puede convertir el evento en una actividad familiar que mejorará la comunicación y fortalecerá los lazos entre los miembros.

Otro consejo implica internalizar que la gratitud se expresa todos los días. Culturalmente, celebraciones como Acción de Gracias o Navidad se vuelven fechas en las que la gente recuerda lo que tiene y agradece por ello. Aunque esto no está mal, el acto de agradecer no tiene por qué ser exclusivo de estas épocas. Hay que enseñar con el ejemplo que cada día hay algo distinto que agradecer, tus hijos rápidamente seguirán tus pasos.

De la mano con lo anterior, incluir en la cotidianidad actividades de agradecimiento activo (verbal o escrito) puede hacer la diferencia. Esto tanto para la quien agradece como para quien es recipiente del aprecio y el reconocimiento.

Finalmente, el agradecimiento no solo pueden ser palabras, sino acciones. La participación en actividades de voluntariado y que favorezcan a la comunidad puede poner a los niños en el lado receptor de la gratitud; pero también los ayuda a desarrollar un sentido de compromiso mucho más fuerte con el espacio y con quienes los rodean.

Sobre la gratitud y nuestro día a día

Otros estudios, como el desarrollado por Jennifer S. Cheavens y David R. Cregg de la Universidad Estatal de Ohio, nos recuerdan que la gratitud no lo es todo. De hecho, según el reflejo de sus estudios, sus efectos positivos para la ansiedad y estrés sí existen, pero son pequeños.

Sin embargo, esto no implica que el estudio recopilatorio publicado en el Journal of Happiness Studies esté desacreditando la práctica. En realidad, lo que recalcan los autores es que, aunque no sea la alternativa más eficiente para la promoción del bienestar propio:

“(…) la gratitud podría ser la manera más valiosa de apreciar y reconocer a los demás. Efectivamente, los investigadores han descubierto que las expresiones de gratitud llevan a mejores relaciones tanto para el que expresa la gratitud como para el que la recibe”.

Con esto en mente, vemos también que la gratitud en los niños no necesariamente ofrezca un camino directo a mejorar su salud mental. Sin embargo, incluirla en su esquema de vida los ayudará a desarrollar un carácter y habilidades que le facilitarán las interacciones y comunicación adecuada con otros en su vida adulta. Un detalle que añadirá puntos a su nivel de bienestar general emocional.

Referencia:

Gratitude Interventions: Effective Self-help? A Meta-analysis of the Impact on Symptoms of Depression and Anxiety: https://doi.org/10.1007/s10902-020-00236-6