Mano enguantada sosteniendo una miniatura del mundo mientras otra mano le acerca una jeringa, representando las vacunas contra el COVID-19 que deberán llegar a todo el planeta, incluso a los países en desarollo.
Crédito: Kyrylo Matukhno.

La aprobación de variadas vacunas contra el coronavirus entre finales de diciembre e inicios de este año ha puesto al mundo en una nueva etapa de la lucha contra esta enfermedad. Sin embargo, estamos lejos de haber solucionado el problema. Sobre todo porque aún no se han podido sortear problemas de distribución y de acceso como los relacionados con las vacunas contra el COVID-19 y los países en desarrollo.

En la actualidad, las naciones del primer mundo, en su mayoría, ya han hecho tratos con las empresas desarrolladoras de vacunas para asegurar al menos unas primeras dosis de estas. Sin embargo, pocos países en desarrollo de ingresos medios se han aventurado con esta idea, e incluso menos de los de ingresos bajos lo han hecho.

Sobre el acceso a las vacunas contra el COVID-19 y los países en desarrollo

Mucho de esto se debe a que las vacunas terminan teniendo precios prohibitivos para las naciones en desarrollo. O, por lo menos, esto es lo que ocurre con las candidatas que se han aprobado hasta ahora–.

Como ejemplo podemos tener a la opción de Pfizer-BioNtech que cuesta unos aproximados 20 dólares por dosis (cuando se requieren dos para tener el tratamiento completo) y requiere refrigeración en neveras especiales de -70C°. Por su parte, la de Moderna no requiere este nivel de refrigeración, pero su costo por dosis ronda los 25 y 30 dólares (cuando también requiere dos de estas para ofrecer la inmunidad completa).

Incluso con situaciones como esta, las alternativas de distribución ya se han empezado a dibujar, al igual que las expectativas que tenemos de esta. Incluso, expertos se han dado a la tarea de sugerir posibles planes para garantizar una división justa. No obstante, cuando se trata de los países en desarrollo y sus diversas realidades, muchas de estas teorías simplemente no encajan.

Sobre la iniciativa COVAX: ¿será suficiente?

Como ya sabemos, COVAX es una iniciativa internacional coordinada por la Organización Mundial de la Salud (OMS). Esta tiene la meta de asegurar que los países en desarrollo con bajos o medianos ingresos tengan acceso a las vacunas contra el COVID-19.

Para esto, ya cuenta con el apoyo de variadas naciones así como de iniciativas privadas como AI for Health de Microsoft. Sumado a esto, ahora la OMS también ha hecho acuerdos con varias farmacéuticas como Pfizer y AstraZeneca para obtener sus vacunas.

Específicamente, han destinado más de 2,4 mil millones de dólares a asegurar al menos 1,3 mil millones de dosis de vacunas para los países en desarrollo. De estas, apenas las acordadas con Pfizer tienen verdaderamente el permiso para llegar a las naciones de pocos o medianos ingresos. Mientras tanto, alternativas como AstraZeneca –más económica que las antes mencionadas– continúan esperando el permiso final de la OMS –sin el cual no pueden actuar–.

Desde finales del año pasado, la distribución de las vacunas de AstraZeneca-Oxford en Latinoamérica ya se había acordado. Incluso, en el convenio entre la farmacéutica y la universidad se dijo que venderían sus vacunas al precio de costo en los países en desarrollo. Pero nada de esto se ha podido cumplir aún ya que no cuentan con las autorizaciones y permisos necesarios.

El rol de los actores individuales: las naciones que protagonizan la distribución en países en desarrollo

Como vemos, iniciativas mundiales como COVAX no parecen capaces de cubrir todas las necesidades de vacunación del mundo. Por esto, otras acciones independientes se han desarrollado durante el 2020 y este 2021.

Una de las muestras más claras de esto tendría que ser la del Instituto del Suero de India, que se comprometió a crear más de 100 millones de dosis de estas vacunas. Con su trato con Oxford-AstraZeneca, la nación no solo aseguró la distribución privada de dosis en su territorio, sino que también se comprometió a distribuir más al resto del mundo –tanto particularmente como colaborando también con COVAX–.

Por su parte, China con sus alternativas de vacunas contra el COVID-19 creadas por Sinopharm y CoronaVac han hecho sus propios tratos alrededor del mundo. La primera alternativa ya ha hecho alianzas con los Emiratos Árabes Unidos, Bahréin, Marruecos, Egipto y Paquistán, entre otros. Por su lado, la segunda ha también podido pactar con Tailandia, Indonesia, Turquía, Filipinas y Brasil, entre otras naciones.

Finalmente, la vacuna rusa, conocida como Sputnik V, también ha dejado su marca. Por un lado, ofrece uno de los costos más bajos del mercado (a menos de 10 dólares la dosis) y podría potenciar su efecto con su nueva alianza con AstraZeneca.

La desconfianza a rodeado desde el inicio a esta alternativa. Por lo que el mundo es cauteloso con los movimientos que esta hace. Pero, aun así, ha logrado hacer algunos tratos alrededor del mundo como el África subsahariana, Guinea, Argentina y Brasil, entre otros territorios.

¿Cuándo llegarán a todo el mundo las vacunas contra el COVID-19?

Los expertos aún no pueden poner una fecha clara para el momento en el que las vacunas contra el COVID-19 hayan llegado a la mayoría del mundo. Pero, incluso si las iniciativas de vacunación actual tienen éxito, solo un pequeño porcentaje de la población se verá beneficiado durante el 2021.

Por esto, desde la perspectiva de conocedores como Adar Poonawalla, CEO del Instituto del Suero de India, consideran que la vacunación de al menos el 90% del planeta no llegará sino hasta el 2024. Claramente, nos queda un largo camino por delante. Así que ahora más que nunca es vital que tomemos todas las medidas para acortar la distancia entre nosotros y nuestra meta final.