La pandemia de COVID-19 nos ha hecho aprender mucho más sobre los virus y las vacunas de lo que probablemente lo hicimos en la secundaria. Ahora, con la aparición de ciertas variantes del coronavirus en diferentes partes del mundo, son muchos quienes se han planteado la siguiente pregunta: ¿por qué los virus mutan?

Por fortuna, la respuesta existe. No se trata de un hecho nuevo, sino de la dinámica de selección natural de la vida en la Tierra planteada por Charles Darwin. O te adaptas, o pereces. En el siguiente artículo explicaremos por qué los virus mutan y las consecuencias que pueden tener dichos cambios en el escenario de la peor pandemia del siglo. ¿Podrán las vacunas luchar contra las nuevas variantes circulando?

Lo que hay que saber para comprender por qué los virus mutan

En primer lugar, los virus son agentes infecciosos microscópicos y acelulares. La ciencia no los considera organismos vivos, pero tampoco están muertos, lo cual los hace entes muy interesantes para la investigación. Y aunque no están ni vivos ni muertos, para continuar su extraña existencia necesitan infectar las células de otras formas de vida a su alrededor. Es por ello que se transmiten tan fácilmente entre ellas, como hemos visto a lo largo de esta pandemia y de la historia de la humanidad en general.

Estos polémicos agentes secuestran las células de los humanos, las plantas, e incluso las bacterias, y usan sus recursos para replicarse rápidamente. Esta dinámica de trabajo les permite invadir muchas otras células, lo cual favorece la adaptación a su nuevo entorno y asegurar su supervivencia. Esta adaptación es la respuesta a la pregunta de por qué los virus mutan.

Anticuerpos, un mecanismos de inmunidad contra el coronavirus sobre el que aún hay dudas sobre cuánto dura.

Los virus pueden usar los recursos celulares de los organismos que invaden para modificar los suyos, haciendo cambios que, por ejemplo, los hagan más resistentes, o más infecciosos. De este modo, aumentan sus probabilidades de sobrevivir. En pocas palabras, aunque no están vivos, trabajan arduamente por garantizar su supervivencia en este mundo hostil.

Dicho de forma simple, los virus mutan para sobrevivir, algo que no es particularmente nuevo en la biología. Sin embargo, los virus se reproducen mucho más rápido que los humanos, por lo que es de esperar que los cambios que apliquen a su estructura sean visibles mucho más rápido que en nosotros. En parte por ello es que los virus mutan tan rápido.

¿Cómo mutan los virus?

Los científicos han distinguido dos mecanismos que impulsan los cambios genéticos en los virus: la deriva genética y el desplazamiento antigénico.

Deriva genética

Mientras los virus se replican dentro de un organismo, sus genes también sufren lo que podrían llamarse “errores de copia”, pero que conocemos más como mutaciones genéticas. Es un proceso aleatorio que impulsa la evolución viral, y con el tiempo, propician cambios en los virus como alteraciones en las proteínas o antígenos de la superficie del virus.

De los antígenos ya hemos hablado en varias oportunidades; son la referencia que usa nuestro sistema inmunológico para reconocer a los virus y atacarlos. Pero estos también son inteligentes, y sus mutaciones pueden modificar dichas proteínas para que pasen desapercibidos ante la policía inmunitaria.

Es precisamente esto lo que ocurre con los virus de la influenza: acumulan tantas mutaciones genéticas que sus antígenos cambian haciendo que la superficie del virus se vea diferente a la original. Hablamos de una especie de camuflaje pero muy bien integrado en su estructura.

Ahora bien, es importante resaltar que la mayoría de estas mutaciones son puntuales e imperceptibles, porque la proteína que codifica el gen no cambia. Es decir, si existe una vacuna para determinado virus, puede que esta siga siendo efectiva, aunque este haya mutado para ser más infeccioso, por ejemplo.

Cambios antigénicos

Por otro lado, tenemos los cambios antigénicos, que constituyen cambios más significativos en el genoma del virus. El desplazamiento antigénico ocurre como consecuencia de la recombinación genética.

Tomemos como ejemplo los virus de la influenza que, como muchos saben, mutan rápidamente, razón por la cual es necesario actualizar las vacunas cada año. Cuando el virus de la influenza atraviesan este proceso, sus antígenos se vuelven imperceptibles a la respuesta inmunitaria generada por las vacunas en los individuos. Es decir, si una persona vacunada contra la influenza se expone a una variante con antígenos mutados, probablemente termine contagiada con esta.

¿Qué pasa con las mutaciones que ha experimentado el SARS-CoV-2?

Coronavirus mutando.

Desde mediados del 2020 e inicios de 2021 los científicos han reportado variantes del coronavirus SARS-CoV-2 derivadas de los procesos ya descritos. En varias oportunidades han recalcado que estas no necesariamente impliquen que las vacunas quedarán inutilizables, pero que es necesario continuar con el seguimiento.

La variante de Dinamarca, por ejemplo, mereció el sacrificio de millones de visones, animales que se sabe que pueden transmitir el coronavirus. En Reino Unido, la variante del coronavirus parece ser más contagiosa, pero hasta el momento no hay indicio de que pueda causar una enfermedad más grave o escapar a la inmunidad generada por las vacunas.

Otra que ha resonado en las noticias es la de Sudáfrica, que sí ha causado preocupación entre los expertos. Esta podría haber acumulado suficientes mutaciones en la proteína espiga como para reducir la efectividad de las vacunas, pero eso tampoco ha sido comprobado científicamente. Y finalmente, la variante del coronavirus detectada en el Amazonas, con características similares.

En definitiva, el coronavirus SARS-CoV-2 es una clara muestra de que los virus mutan. Respecto a ello, Mayo Clinic escribe:

“No hay ninguna evidencia de que estas variantes de la COVID-19 cause una enfermedad más grave con la COVID-19 o un aumento en el riesgo de muerte debido a la COVID-19. Además, no se espera que estas variantes hagan que las vacunas contra la COVID-19 sean menos efectivas”.

Sin embargo, los imprevistos existen, y la ciencia está al tanto de ello. El fundador de BioNtech, compañía que desarrolló una vacuna contra la COVID-19 a partir de tecnología de ARN mensajero dijo que, incluso si este escenario cambiara, podrían solucionarlo. Adaptar su medicamento para hacerlo eficaz contra las nuevas variantes tomaría solo seis semanas, según estimaciones.

Los virus mutan, por lo que la prevención sigue siendo la clave

Mano humana sosteniendo una jeringa con virus que mutan y lucen diferentes a su alrededor.

Con lo dicho hasta ahora seguro la duda sobre por qué mutan los virus debe estar resuelta. Quizás ya no resulte tan catastrófico escuchar que las noticias sobre una nueva variante detectada en determinado lugar. En este sentido, el conocimiento basado en la ciencia definitivamente puede ayudarnos a pensar con la cabeza más fría.

Ahora bien, esto no quiere decir que estemos exentos de riesgo. Aunque es un proceso natural, los científicos deben mantener el monitoreo de las mutaciones para que no pase desapercibida ninguna variación importante.

Pero más importante aún es continuar con las medidas de prevención recomendadas por las autoridades sanitarias del mundo. La mascarilla, el distanciamiento social y la higiene de manos siguen siendo nuestros mejores recursos de protección incluso mientras se distribuyen las vacunas.

Referencias:

How Do Viruses Mutate and What it Means for a Vaccine? https://www.breakthroughs.com/advancing-medical-research/how-do-viruses-mutate-and-what-it-means-vaccine

Variantes de la COVID-19: ¿son causa de preocupación? https://www.mayoclinic.org/es-es/diseases-conditions/coronavirus/expert-answers/covid-variant/faq-20505779

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