Aunque la vacuna contra COVID-19 fue uno de los medicamentos más esperados por la humanidad en 2020, aún muchas personas muestran un rechazo contundente hacia esta. Los investigadores han descubierto que entre el 29 y 37 por ciento de los estadounidenses planea resistirse a recibirla, por ejemplo.

Para algunas, sonará como una locura en medio de una emergencia de tal magnitud, mientras que otros los entenderán. Pero los investigadores se han propuesto comprender mejor el contexto en el que surge dicho rechazo dado el alto riesgo de ello pueda afectar la lucha contra la pandemia.

En un artículo publicado en The Conversation, Matt Motta, profesor asistente de ciencia política en la Universidad Estatal de Oklahoma explica los resultados de su estudio.

Para detener la propagación, tres cuartas partes de los estadounidenses deben crear inmunidad

Para que la propagacón del coronavirus se detenga en EE.UU., es necesario que tres cuartas partes de los habitantes se vuelvan inmunes. Esto puede ocurrir ya sea a través de una vacuna o de la recuperación tras experimentar la infección (inmunidad colectiva). La ciencia recomienda la primera opción, principalmente, porque esto reduciría las consecuencias nocivas de la enfermedad documentadas hasta ahora.

A pesar de ello, muchos estadounidenses preferirán prescindir de ella, una tendencia que parece estar vinculada a una percepción o expectativas poco realistas sobre el medicamento.

Una encuesta reveló las razones de rechazo hacia la vacuna contra COVID-19

Joven mujer recibiendo vacuna con expresión de dolor.

Para investigar las razones del rechazo a la vacuna contra COVID-19, Motta aplicó una encuesta en línea a 990 adultos estadounidenses. Cada uno calificó la probabilidad de recibir la vacuna en función de diferentes características. Estas fueron: país de origen (EE.UU., Reino Unido, China o Rusia); efectividad (entre un 70 y 90 por ciento; requisitos de dosis (una o dos dosis); tipo de antígeno (ARNm frente a virus atenuado); tiempo dedicado al desarrollo (nueve, 12 o 15 meses) y efectos secundarios, como dolor en el lugar de la inyección, escalofríos o fiebre entre probabilidades de 1 de cada 100, 1 de cada 10 o 1 de cada 2.

El antígeno usado para crear la vacuna de COVID-19 no parece importar

Los resultados sugieren que los estadounidenses no son especialmente críticos respecto al tipo de antígeno utilizado para crear la vacuna. Es decir, no hubo mayor preferencia por una vacuna creada a partir de un virus desactivado o una desarrollada con ARN mensajero.

Tiempos de desarrollo superiores a un año

Pero su confianza sí parece ir a la par con tiempos de desarrollo más cortos; los encuestados mostraron una ligera preferencia por las vacunas desarrollada durante más de un año. Ocurrió de manera similar con las vacunas que se aplican en una sola dosis. Para ambos casos, las intenciones de vacunación entre los estadounidenses aumentaron en un 2 por ciento.

Estadounidenses prefieren una vacuna contra COVID-19 desarrollada en su país

Sin embargo, los encuestados mostraron una clara tendencia a preferir una vacuna contra COVID-19 desarrollada en su país, mientras que mostraron rechazo hacia alguna extranjera.

La intención de vacunarse se redujo en un 21 por ciento si la vacuna ofertada fuera desarrollada por China; en un 18 por ciento si fuera desarrollada por Rusia; y en un seis por ciento si fuera desarrollada en Reino Unido.

Preferencia por menos efectos secundarios, aunque fueran leves

En cuanto a los efectos secundarios, los encuestados expresaron su preferencia por un riesgo bajo de experimentarlos, incluso aunque fueran menores. “Esto también puede resultar problemático”, escribe el autor en su artículo, refiriéndose al rechazo hacia la vacuna contra COVID-19.

“Más de la mitad de los participantes en los ensayos clínicos de Pfizer experimentaron algún nivel de fatiga después de vacunarse y más de un tercio experimentó escalofríos”.

Estadounidenses prefieren una vacuna con al menos un 90% de efectividad

La efectividad también fue clave. Aunque los estadounidenses están acostumbrados a vacunarse contra la influenza, por ejemplo, cuya efectividad no suele exceder el 60 por ciento, son exigentes respecto a la de COVID-19, con tendencia al rechazo de no alcanzar el 90 por ciento.

“Los estadounidenses prefieren las vacunas que tienen al menos un 90 por ciento de efectividad a aquellas que tienen un 70 por ciento (una disminución de aproximadamente un 5 por ciento en las intenciones de vacunar) o un 50 por ciento de efectividad (una disminución del 11 por ciento)”.

En condiciones ideales, solo 68% de la población de EE.UU. recibiría la vacuna contra COVID-19

Con lo dicho hasta ahora, podríamos pensar que, de crearse una vacuna que cumpla con todas estas especificaciones, la población podría estar más dispuesta a recibirla. Pero la encuesta reveló otra cosa. Apenas el 68 por ciento de los participantes afirmó que se vacunaría con un medicamento que satisfaga todas estas expectativas.

Cabe destacar que recibir la vacuna contra COVID-19 es de carácter voluntario. Esto quiere decir que cada persona puede prescindir de su administración a pesar de los riesgos.

Sin embargo, debemos tener en cuenta que, mientras se administra, el brote continuará, así como sus consecuencias en la economía y dinámica de la humanidad. Mientras más personas se resistan, más lenta será la lucha contra la enfermedad, por lo que el rechazo a la vacuna contra COVID-19 solo pronostica más dificultades.

Referencia:

Americans have unrealistic expectations for a COVID-19 vaccine. https://theconversation.com/americans-have-unrealistic-expectations-for-a-covid-19-vaccine-152745

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