Mujer sentada en una oficina practicando mindfulness para lidiar con el estrés.

La ciencia ha comprobado que la práctica de mindfulness o atención plena puede reducir el estrés y mejorar el bienestar, pero esto no necesariamente implica que funcionará para todos. Esta fue la conclusión a la que llegó un equipo de investigadores de la Universidad de Cambridge en una investigación sobre la efectividad de la técnica de meditación.

Aunque la noticia es buena, resulta en cierta forma desalentadora dada las altas expectativas con las que muchas personas se adhieren a su práctica. Pero también destaca la importancia de controlar mejor los factores que pueden influir en el éxito de su práctica.

La atención plena como herramienta para reducir el estrés y aumentar el bienestar

Podemos definir la atención plena, meditación consciente, popularmente conocida como mindfulness por su nombre en inglés, como una técnica que nos invita a mantenernos en el presente.

Los autores del nuevo estudio la describen como “la conciencia que emerge al prestar atención a propósito, en el momento presente, y sin juzgar el desarrollo de la experiencia momento a momento”. En los últimos años, se ha hecho muy popular por los beneficios que ofrecen en materia de mejora de la salud mental, reducción del estrés y mejora del bienestar general.

Pero el hecho de que una práctica sea extendida no quiere decir realmente que en verdad funciona. Para confirmar o descartar ello existe la ciencia, y por fortuna, varios ensayos controlados aleatorios en todo el mundo sugieren que sí. Sin embargo, los investigadores señalan la evidencia como mixta aún.

Una revisión de la evidencia de la efectividad de la práctica de mindfulness sobre el estrés y la ansiedad

Por ejemplo, la nueva investigación fue una revisión sistemática y un metanálisis para examinar los datos recolectados en los ensayos controlados aleatorios. De este modo, esperaban formular conclusiones más sólidas sobre la efectividad de la técnica a partir de los estudios con resultados más contradictorios.

Su revisión incluyó 136 ensayos sobre entrenamientos de atención plena orientada a la salud mental realizados en entornos comunitarios en 29 países. En ellos participaron 11,605 participantes con edades que iban de entre 18 y 73 años, de los cuales 77 por ciento eran mujeres.

Descubrieron que, en la mayoría de los entornos comunitarios, la práctica de mindfulness reducía la ansiedad, la depresión y el estrés y aumentaba la sensación de bienestar. Esto, en comparación con no hacer nada, es una señal muy favorable que sugiere que muchos han seguido el camino correcto. Sin embargo, en más de uno de los 20 escenarios en los que se realizaron los ensayos, dicha práctica no pudo contra la ansiedad y la depresión de algunas personas.

Ensayos controlados aleatorios sobre mindfulness son de baja calidad

A pesar de ello, los investigadores reconocen que los ensayos controlados aleatorios dirigidos a estudiar los efectos de la atención plena suelen estar mal enfocados. Es por ello que le otorgan el beneficio de la duda, sugiriendo que los datos recolectados en los mismos no necesariamente reflejen la realidad de la efectividad del método.

Sin embargo, esto no quiere decir que el resultado con datos mejor seleccionados puedan favorecer a la atención plena. Por ejemplo, cuando repitieron el análisis usando solo los estudios de mayor calidad, la práctica de mindfulness solo mostró efectos positivos sobre el estrés, más no sobre la depresión, la ansiedad ni el bienestar.

Particularmente en Reino Unido, el Servicio Nacional de Salud ofrece terapias de atención plena como opción de tratamiento para la depresión y los pensamientos suicidas. Sin embargo, muchas personas aprenden sobre el tema en entornos comunitarios, como universidades, lugares de trabajo o cursos privados.

Los resultados del mindfulness pueden ser variados por la cantidad de factores involucrados

Los investigadores creen que los resultados tan variados obtenidos a través de los ensayos podrían atribuirse a la falta de consonancia respecto a dónde y quién los implementa, así como a quién están dirigidos.

Recordemos que las raíces de esta técnica de meditación son diversas y van desde las prácticas budistas tempranas hasta la psicología, neurociencia cognitiva y la medicina participativa. Además, el mindfulness parece funcionar mejor en personas con altos niveles de estrés, como los trabajadores de la salud, que parecen ser los más beneficiados.

Por lo que, en definitiva, aún no podemos asegurar con los ojos cerrados que la meditación funcionará para todos. Hasta el momento, no hay evidencia suficiente de que el mindfulness sea mejor que otra práctica orientada a reducir el estrés o mejorar el bienestar, como el ejercicio físico. Pero si quieres intentarlo, procura ser muy selectivo con quién te enseñará.

Referencia:

Mindfulness-based programmes for mental health promotion in adults in nonclinical settings: A systematic review and meta-analysis of randomised controlled trials. https://journals.plos.org/plosmedicine/article/comments?id=10.1371/journal.pmed.1003481