Los científicos han encontrado lo que podría considerarse la primera evidencia de que el campo magnético de la Tierra en realidad podía influir en la actividad de las células.

Desde hace mucho tiempo se sabe que, particularmente las aves, cuentan con mecanismos celulares que les permiten usar el campo magnético de la Tierra para guiarse mientras migran.

Pero ahora, un equipo de la Universidad de Tokio ha logrado mayor especificidad en la comprensión de este fenómeno. Una serie de experimentos con células cultivadas en laboratorio revelaron una reacción clave que parece estar detrás de esta capacidad en las aves y otras criaturas del planeta.

Los fotorreceptores en las criaturas intervienen en la detección de campos magnéticos

En notas previas hemos explicado cómo es que las aves saben hacia dónde dirigirse mientras migran para cumplir con el cronograma de su existencia. Cuentan con fotorreceptores que intervienen en la regulación de los ciclos circadianos, y curiosamente también en la misteriosa capacidad de detectar campos magnéticos.

Pero, ¿cómo es que las células, especialmente las humanas, pueden ser capaces de responder a los campos magnéticos? Porque sí, aunque los humanos no podamos verlos en alta resolución como lo hacen las aves, la nueva evidencia muestra que también estamos sujetos de cierta forma a ellos.

Para comprender mejor este tema podemos empezar hablando de algo básico. Los investigadores creen que la capacidad de detectar el campo magnético terrestre está ligada a una reacción cuántica única en la que intervienen fotorreceptores llamados criptocromos. Estos se encuentran en las células de muchas especies, como las aves migratorias, los perros e incluso los humanos.

Células responden de forma dinámica a los cambios en el campo magnético

Dados los indicios, el equipo diseñó un experimento que consistió en bañar un cultivo de células humanas que contenían criptocromos con luz azul. Esto con el fin de proporcionarles una fluorescencia débil. Luego, aplicaron campos magnéticos de varias frecuencias en varias oportunidades sobre dichas células para observar lo que pasaba a través de un microscopio especial.

Fue así como descubrieron que con cada barrido de campo magnético que aplicaban sobre las células, la fluorescencia de estas bajaba alredeodr de un 3,5 por ciento. Aunque este porcentaje parezca bajo, fue suficiente para que desencadenara una reacción directa.

“No hemos modificado ni agregado nada a estas células”, dice el biofísico Jonathan Woodward. “Creemos que tenemos pruebas extremadamente sólidas de que hemos observado un proceso puramente mecánico cuántico que afecta la actividad química a nivel celular”.

¿Esta reacción puede asociarse con los procesos biológicos?

En pocas palabras, el material sensible a la luz que contenían las células respondía de forma dinámica a los barridos magnéticos. Esta fue una hipótesis planteada y apoyada por muchos durante mucho tiempo, pero que, hasta ahora, no había sido vista en acción.

Ahora los científicos están interesados en explorar con más detalle la influencia que pueden tener los campos magnéticos, incluso débiles, sobre los procesos biológicos y cognitivos de los humanos. Aunque ciertas tendencias de salud plantean el magnetismo como una opción terapéutica contra ciertas enfermedades, la evidencia de que este realmente influye en la salud humana es débil.

Referencia:

Cellular autofluorescence is magnetic field sensitive. https://www.pnas.org/content/118/3/e2018043118

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