Para poder combatir los contagios del COVID-19, se han aplicado infinidad de estrategias. Algunas más reconocidas como la cuarentena han sido el sello del pasado 2020. Sin embargo, otras menos notorias como la detección de brotes por monitoreo geográfico, también han puesto su grano de arena en la lucha contra el coronavirus.

Ahora, investigadores del Case Western Reserve University, del Cleveland Medical Center y de la Texas A&M University han unido fuerzas para dar a esta herramienta la atención que se merece. Para esto, han investigado los diferentes efectos que puede tener su aplicación temprana a la hora de combatir un problema como la pandemia actual.

Este concepto no se nos hace tan extraño, ya que países como Japón hicieron sus propios intentos de algo similar a través de una app. Esto mientras que Google desarrollaba una propia para intentar aplicarlo a escala mundial. Sin embargo, ninguno reveló datos que pudieran utilizarse a futuro. Es justamente esto lo que ha cambiado ahora gracias al reporte publicado en Nature Scientific Reports.

Sobre el monitoreo geográfico y su utilidad en medio de la pandemia

En general, las aplicaciones antes mencionadas son efectivas para el rastreo de contactos y el seguimiento de las cadenas de contagio. Sin embargo, debido a lo específico de cada caso, suelen quedarse un poco cortos a la hora de ofrecer información vital para que las autoridades tomen acciones generalizadas.

Ahora, con la alternativa del monitoreo geográfico, es posible hacer un seguimiento casi en tiempo real a la detección de casos de coronavirus. Sin embargo, estos no se manejan solo individualmente, sino que permiten la detección de clústeres dentro del territorio. En pocas palabras, permite observar los espacios en donde los brotes están surgiendo de forma casi simultánea.

Las ventajas de monitoreo geográfico para la detección de brotes de coronavirus

Gracias a las posibilidades del monitoreo geográfico en los procesos de detección del COVID-19, las entidades gubernamentales y de salud se encontrarían con una nueva y valiosa herramienta en sus manos: información.

Debido a la capacidad que tienen estos sistemas de dar información casi en tiempo real sobre los reportes de nuevos casos y su ubicación geográfica, rápidamente será posible identificar las zonas de “riesgo” donde se generen la mayoría de los casos.

De esta forma, se podrán tomar medidas destinadas a controlar cada brote o clúster que se detecte. Así se pueden evitar las medidas generalizadas que pueden llegar a perjudicar a toda la población y que no necesariamente son lo que se necesita para detener el virus en lugares específicos.

Asimismo, los sistemas de salud pueden utilizar esto para comenzar a prepararse de antemano si se detecta un clúster en áreas cercanas. De este modo, podrán estar listos si los contagios aumentan vertiginosamente.

La nueva propuesta

Para poder llevar esto a cabo, los investigadores desarrollaron un nuevo sistema de monitoreo geográfico para la detección del coronavirus conocido como GeoMEDD. Dentro de su estudio, hablaron de su funcionamiento y capacidades diciendo lo siguiente:

“A través de la integración de una base de datos espacial y dos tipos de algoritmos de agrupamiento, GeoMEDD utiliza datos de prueba entrantes para proporcionar múltiples perspectivas espaciales y temporales en un panorama de enfermedades en constante cambio al conectar casos utilizando diferentes umbrales espaciales y temporales”.

Gracias a este, se podrían complementar los métodos tradicionales de rastreo de contactos con nuevas estrategias de detección geográfica y actualizaciones del sistema médico en tiempo real. Así se podría perfeccionar el tiempo y la calidad de respuesta de forma sistemática y consistente.

Cambios a futuro

“GeoMEDD ha demostrado ser eficaz para revelar estos diferentes tipos de clústeres, así como los influyentes y aceleradores que dan una idea de por qué existe un clúster donde existe y por qué evoluciona; lo que lleva a salvar vidas a través de una intervención más oportuna y geográficamente dirigida”, concluyeron los investigadores en su estudio.

Gracias a esta nueva gama de posibilidades que abren propuestas como la de GeoMEDD, en el futuro la respuesta a gran variedad de brotes de enfermedades –viejas o desconocidas– podrá realizarse con mucha más rapidez. Asimismo, la información obtenida casi en tiempo real permitirá la personalización de los planes de acción para suplir las necesidades de cada comunidad y cada clúster.

Debido a esto, incluso cuando la pandemia del coronavirus acabe, el uso del monitoreo geográfico para la detección de brotes de enfermedades seguramente se mantendrá. Por lo que estamos observando el nacimiento de una nueva línea de protección para la salud de la sociedad.

Referencia:

Geographic monitoring for early disease detection (GeoMEDD): https://doi.org/10.1038/s41598-020-78704-5