Hombre con mascarilla para reducir el riesgo de contagio con COVID-19 con manos sobre la cabeza en señal de dolor.

Durante el año 2020, vimos cómo millones de personas en todo el mundo se infectaron con el ya no tan nuevo coronavirus SARS-CoV-2. A más de un año después de su aparición, es mucho lo que hemos aprendido, pero aún hay desconcierto sobre el riesgo de síntomas persistentes, un conjunto de casos que han denominado COVID-19 prolongado.

Los científicos han recolectado información valiosa durante los últimos meses, logrando identificar los que parecen ser los grupos más vulnerables a los síntomas de COVID-19 a largo plazo. En un artículo en The Conversation, Frances Williams, profesor de epidemiología genómica y reumatólogo consultor en King’s College London, aborda algunas dudas comunes sobre el tema: qué tan común es, quiénes están en riesgo y qué consecuencias puede acarrear.

Variabilidad de síntomas en la infección

Muchas de las personas que llegan a infectarse con el temido SARS-CoV-2 experimentan síntomas leves de los que se recuperan después de unos días. Otros desarrollan un cuadro más acentuado, como enfermedad respiratoria aguda. Y tan irónico como suena, muchos otros no desarrollarán ningún síntoma, y probablemente nunca se enteren de que tuvieron la enfermedad.

Sin embargo, los científicos advirtieron desde el año pasado que ciertos síntomas parecen persistir en algunos casos. Algunas personas experimentan síntomas de larga duración que continúan incluso después de recuperarse de la infección, un cuadro que se conoce como COVID-19 prolongado que parece ser más común en pacientes de riesgo.

Los síntomas del COVID-19 a largo plazo

El COVID-19 prolongado muestra síntomas tan variados como el de la versión de corto plazo por la que suele pasar la mayoría. Estos son: dificultad para respirar, fatiga marcada, dolor de cabeza y pérdida de del gusto y del olfato.

Los investigadores han hecho seguimiento de los síntomas a través de una aplicación llamada COVID Symptom Study para recolectar información al respecto. Gracias a ella, descubrieron que el 13 por ciento de las personas mantiene los síntomas durante más de 28 días, mientras que el 4 por ciento puede mantenerlos durante más de 56 días.

Ahora bien, entre los que desarrollaron la enfermedad más grave, los síntomas persistentes parecen ser más específicos. En un estudio que incluyó 384 pacientes con COVID-19 que requirieron hospitalización, 53 por ciento permaneció sin aliento uno o dos meses después de su recuperación; mientras que 34 por ciento permaneció con tos; y un 69 por ciento con fatiga.

COVID-19 puede causar daño a los órganos, lo que podría aumentar el riesgo de síntomas prolongados

Otro punto digno de consideración es que el SARS-CoV-2 también parece tener impacto a largo plazo en los órganos de las personas que resultan infectadas. En TekCrispy hemos reseñado algunos estudios que muestran que la COVID-19 puede afectar los riñones, el corazón, el hígado, aunque los casos no son tan frecuentes.

Pero para mayor evidencia, un estudio que incluyó 200 pacientes con una edad media de 44 años que se habían recuperado de la enfermedad. Entre ellos, 25 por ciento mostraba daño en múltiples órganos; 32 por ciento de ellos mostró un deterioro en el corazón; 33 por ciento de los pulmones; y 12 por ciento de los riñones.

Aquí es importante resaltar que solo el 18 por ciento había sido hospitalizado con COVID-19; es decir, el daño a los órganos por COVID-19 no solo se asocia con enfermedad grave, sino que puede ocurrir también después de haber atravesado la infección con síntomas no tan agudos.

¿Quiénes tienen mayor riesgo de desarrollar COVID-19 prolongado?

El estudio de Williams le ha hecho estimar que las personas con una enfermedad más grave desde el principio, con más de cinco síntomas, pueden tener mayor riesgo de COVID-19 prolongado. Entre los factores de riesgo identificados hasta ahora figuran la edad avanzada, el sexo femenino y el índice de masa corporal más alto.

Ahora bien, las razones por las que las personas pueden tener síntomas meses después de haberse infectado con el patógeno en realidad son variadas. Puede que el síntoma de COVID-19 prolongado que ha persistido sea consecuencia de algún efecto o daño en algún órgano, como mencionamos anteriormente.

En cuanto a la fatiga, que también es muy común, no parece estar relacionada con la gravedad de la enfermedad en sus inicios. Además, las pruebas muestran que las personas no tienen niveles elevados de inflamación, lo que descarta como explicación la posibilidad de una infección persistente o la acción del sistema inmunitario. De hecho, este es el síntoma de COVID-19 prolongado cuyo riesgo es más difícil de explorar.

Referencia:

Long COVID: who is at risk? https://theconversation.com/long-covid-who-is-at-risk-151797