Leptocéfalo alargado y plano sobre fondo negro.
Leptocéfalo en su fase larvaria.

Los animales transparentes son una particularidad que más de una vez puede llamar nuestra atención. Sin embargo, desde el punto de vista natural, su existencia no es tan extraña y, en realidad, se trata de una obvia opción evolutiva que favorece sus posibilidades de supervivencia a largo plazo.

Debido a esto, el mundo está lleno de diferentes criaturas cuyos cuerpos se han vuelto transparentes para poder subsistir en sus ambientes. A continuación, de contaremos cómo seis de los más variados, a través de diferentes estrategias, logran la “invisibilidad” en sus entornos.

Calamar de vidrio

Calamar cristal traslúcido sobre fondo negro.
Crédito: Edie Widder/NOAA.

Unos de los primeros grupos de animales transparentes que debemos nombrar son aquellos comúnmente conocidos como calamares de vidrio. Estas criaturas se destacan por hacer que cada uno de los tejidos de su cuerpo sea “invisible” con excepción de dos órganos cruciales, los ojos y el estómago.

Los primeros, como necesitan reflejar la luz para poder captar las imágenes del entorno, inevitablemente tiñen aunque sea levemente sus tejidos. Igualmente, a pesar de que los tejidos del estómago sí son transparentes, los contenidos que llegan a este no lo son. En consecuencia, durante todo el proceso digestivo este órgano se vuelve perfectamente visible.

En general, los tejidos de las más de 60 especies de calamares de cristal están compuestas por emisores de luz llamados fotóforos y células reflectantes capaces de desviarla. De esta forma, aquella luz que llega al animal no se refleja sobre este, causando que su piel se haga “transparente”.

Ahora, en las áreas en las que la transparencia no es una opción, entonces los órganos emisores de luz entran en juego para crear una “ilusión” en la que estos liberan rayos que concuerdan con la ruta que llevan las fuentes de luz en debajo del agua. En consecuencia, parece que el rayo está atravesando directamente al animal, en lugar de reflejándose sobre su piel.

Rana de cristal

Rana cristal vista desde abajo, sobre fondo negro.
Crédito: Matthieu Berroneau. Vía Getty Images.

Por otro lado, otro de los animales transparentes que más ha llamado la atención es la conocida “rana de cristal” perteneciente a la familia Centrolenidae. Por lo general, la transparencia es una característica mucho más común en criaturas marinas. Debido a esto, los casos terrestres suelen llamar mucho la atención.

A pesar de su nombre, la rana de cristal no llega a los niveles de transparencia de los calamares. Sin embargo, su piel ligeramente verde es lo suficientemente traslúcida como para que podamos observar sin problemas su órganos internos.

Su piel parcialmente transparente le permite ajustar sus niveles de brillo y reflexión de la luz a la superficie sobre la que se encuentre. Como consecuencia, se “difuminan” los contornos entre la rana y el objeto, haciendo que los depredadores tengan mucha más dificultad para ubicarla entre en el entorno.

Crustáceo Paraphronima gracilis

Crustáceo traslúcido sobre fondo negro.
Crédito: Fergus et al, Current Biology, 2020.

Regresando al océano, otra criatura que no podemos dejar de nombrar es el Crustáceo Paraphronima gracilis. Su estructura y exoesqueleto son similares a los de los camarones comunes que conocemos, pero con una clara diferencia: estos son totalmente traslúcidos.

Nuevamente, los ojos de estas criaturas no pueden hacerse transparentes, ya que deben reflejar la luz. En general, para animales transparentes como el calamar, diferir la reflexión de la luz es suficiente para disimular sus ojos. Sin embargo, esto no es tan sencillo cuando estos representan casi el 50% de tu cuerpo.

En este caso, los crustáceos han optado por una solución diferente, en el que casi todos los tejidos oculares se hacen traslúcidos, menos las 12 retinas de cada ojo. Gracias a la distribución inteligente de estas y su capacidad de adaptarse a los niveles de luz y colores de su ambiente, estas se “camuflan” lo suficiente como para hacerse casi invisibles sin volverse transparentes.

Anguila de cristal

Leptocéfalo transparente en el agua.
Vía Wikimedia Commons.

Aún dentro del océano, pero más cerca de la superficie, nos encontramos un pez muy particular al que se conoce como leptocéfalo. Este tanto durante su fase larvaria como en su etapa adulta, muestra las cualidades que lo convierten en la conocida “anguila de cristal”.

Para el caso de estas criaturas, el secreto de su invisibilidad se encuentra en su capacidad de contraerse hasta el extremo. Como consecuencia, estos animales no solo son en extremo transparentes, sino que también son particularmente planos. De este modo permiten que la luz pase con facilidad a través de sus tejidos y evitan reflejarla.

Polilla de la abeja del café

Polilla de abeja del café volando sobre flores amarillas.
Crédito: Nitin Prabhudesai/500Px Plus. Vía Getty Images

Subiendo de nuevo a la superficie, nos encontramos con la polilla de la abeja del café, o Cephonodes hylas. Como ya lo mencionamos antes, los casos de transparencia terrestres son más raros y por lo general no tan completos como los marinos.

Por esto, la polilla de la abeja del café solo muestra las propiedades transparentes en sus alas, y no en el resto de su cuerpo. Dichas extremidades desarrollaron tejidos con protuberancias submicroscópicas que juegan con la longitud de onda de la luz. Al ser estos menores a la mitad de ella, evitan que el tejido sea un reflector, lo que ayuda a la sensación de traslucidez.

¿Flores transparentes?

Flores transparences, a la derecha cuando sus pétalos son traslúcidos y mojados, a la izquierda cuando están blancos y reflejan la luz.
Crédito: Yong et al., Journal of Materials Chemistry A, 2015.

Finalmente, llegamos a nuestra sexta mención, claramente esta no pertenece al grupo de los animales, pero sí es un ser vivo que ha logrado dominar las cualidades para hacerse transparente en la naturaleza.

A simple vista, las “flores esqueléticas” o Diphylleia grayi no muestran muchas diferencias con otras muestras de flora silvestre de tonalidades blancas. Sin embargo, dentro de su normalidad oculta una capacidad muy particular de transformar sus pétalos blancos en estructuras completamente transparentes.

La flor en sí no es blanca por un pigmento, como sí lo son las demás. De hecho, la superficie de sus pétalos es rugosa, lo que crea espacios de aire que ayudan a reflejar la luz, siendo la longitud de onda blanca la que termina rebotando y dando color a la planta.

En este caso, el que la planta se haga transparente depende de las condiciones ambientales. Cuando llueve, o hay suficiente humedad como para que se genere rocío sobre las plantas, el agua que entra por los canales rugosos de los pétalos acaba con las bolsas de aire reflectoras. Como consecuencia, las longitudes de onda ya no rebotan sobre los pétalos y estos quedan totalmente transparentes.

A diferencia de los otros casos, no se sabe exactamente cuál es el beneficio que la transparencia le acarrea a esta planta. Por lo que aún se deben realizar estudios que revelen qué tipo de razón evolutiva pudo llevar a la aparición de tan particular cualidad en ella.