A casi cuatro décadas de la prohibición de la caza de ballenas, las poblaciones de varias especies , anteriormente en peligro de extinción, parecen estar recuperándose. Los conteos más recientes revelan que varios individuos han empezado a nadar hacia las regiones polares, dejando así evidencia de la efectividad de esta estrategia.

Sin lugar a dudas, se trata de buenas noticias que merecen ser divulgadas, pero los científicos han aprovechado la oportunidad para recordar que el problema aún no se resuelve. Y es que, aunque la caza de ballenas de siga en un estado de prohibición, las poblaciones recuperadas deberán enfrentarse a otras amenazas, como el calentamiento global, la alteración de su hábitat y el tráfico marítimo.

Las consecuencias de alta demanda de caza de ballenas

La caza de ballenas es una actividad antigua, pero alcanzó su punto máximo durante el siglo XX, cuando los avances tecnológicos y la demanda eran tales que la industria hizo que las poblaciones de diferentes especies mermaran. Durante 70 años, solo en la Antártida, se sacrificaron más de 1,3 ballenas bajo esta dinámica.

Las acciones para revertir el daño no llegaron sino hasta 1986, cuando la Comisión Ballenera Internacional (CBI) aplicó una prohibición contra la caza de ballenas. Gracias a ello, muchos cetáceos han logrado recuperarse de manera paulatina hasta llegar a un punto notorio en 2020, cuyos informes sobre el tema fueron muy esperanzadores.

Algunos cetáceos se han recuperado

Ballena jorobada, una de las especies recuperadas tras la prohibición de caza.
Ballena jorobada, una de las especies que han logrado recuperarse tras la prohibición de caza de la década de 1980.

A casi 40 años de dicha prohibición, algunas de las especies más amenazadas décadas atrás parecen estar prosperando. Entre ellas, las ballenas azules, consideradas el animal más grande que ha existido.

Según un estudio reciente, las poblaciones se ballenas azules se han vuelto más numerosas en las aguas que rodean la isla subantártica de Georgia del Sur. Los científicos informan en la revista que en los últimos nueve años han catalogado 41 nuevos individuos en dicha zona.

Por supuesto, esta cifra aún resulta bastante pequeña si recordamos que, durante el pico de la caza de ballenas a principios del siglo XX, murieron alrededor de 3,000 individuos en esta zona.

Los científicos también reportaron una recuperación similar en la península antártica occidental, aunque con las ballenas jorobadas como protagonistas. De hecho, en el extremo norte, la cantidad de ballenas de Groenlandia del Ártico occidental se acerca a las cifras anteriores al incremento de la caza. Asimismo, las ballenas de aleta y minke ahora se ven con más regularidad en el mar de Chukchi, cerca de Alaska.

La mejor parte es que, aún con todo el malestar que han reportado los expertos respecto a las condiciones oceánicas y climáticas, las ballenas aún cuentan con recursos para mantenerse. Los expertos indican en un artículo en The Conversation que los hábitats siguen siendo relativamente prístinos y que, por el momento, también alojan un suministro de alimento estable.

La prohibición de caza no será suficiente para salvar a las ballenas

A pesar de ello, no todas las especies parecen ir por el mismo camino de recuperación. Los cachalotes en el hemisferio sur y las ballenas grises occidentales en el Ártico ruso no han mostrado señales tan optimistas como los anteriores.

De hecho, no es momento de cantar victoria. El futuro que se avecina puede que sea tan sombrío para las ballenas como lo es para los humanos si tomamos en cuenta el equilibrio del planeta.

Aunque la prohibición de caza de ballenas ha extinguido prácticamente la industria, aún hay riesgos que abordar: calentamiento de los océanos, alteración de los ecosistemas y del suministro de alimento, contaminación y pesca comercial.

Medidas que complementan la prohibición de la caza

Con el derretimiento del hielo, el tráfico de las embarcaciones probablemente aumente, lo que a su vez pone en riesgo el libre tránsito de los cetáceos. A medida que los barcos naveguen más rápido y se hagan más numerosos, aumentarán las colisiones con los animales, así como la contaminación sónica tal como en una ciudad súper poblada.

De modo que la prohibición de la caza de ballenas no será suficiente para salvarlas en el contexto histórico actual. Es por ello que los expertos han identificado algunos puntos clave que podrían ayudar a mantener y extrapolar los logros de preservación obtenidos en las últimas cuatro décadas.

Entre ellos, reducir la velocidad de los barcos, lo cual, a su vez, reduce la probabilidad de colisiones fatales con ballenas. Esta medida en particular resulta atractiva porque también provee un beneficio adicional: reducir el ruido que producen los barcos.

Sin embargo, aún es necesario plantearlas en forma de estrategias optimizadas que permitan realmente lograr dicho cometido. Y más importante aún, políticas que permitan garantizar que dichas medidas se lleven a cabo aún cuando la supervisión no sea posible.

Referencias:

The hopeful return of polar whales. https://theconversation.com/the-hopeful-return-of-polar-whales-151487

High pregnancy rates in humpback whales (Megaptera novaeangliae) around the Western Antarctic Peninsula, evidence of a rapidly growing population. https://royalsocietypublishing.org/doi/10.1098/rsos.180017

Blue whales have ‘rediscovered’ South Georgia. https://www.bbc.com/news/science-environment-54994814

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