La noche del 31 de diciembre marca un evento de transición simbólico. Al llegar la medianoche resuenan exclamaciones de entusiasmo, emoción y buenos deseos; y entre brindis, fuegos artificiales, abrazos e ilusiones, familiares y amigos se reúnen para compartir la alegría del momento. Curiosamente, este ambiente festivo suele estar marcado por profundos sentimientos de nostalgia y melancolía que nos llevan a sentirnos tristes en año nuevo.

Es un hecho, no todas las personas se sienten regocijadas en la víspera del año nuevo. Incluso sucede que los regalos, la comida y las reuniones familiares son factores que terminan por aflorar emociones negativas, tristeza y depresión.

Un momento de reflexión

Lo que distingue a la víspera de Año Nuevo de otras festividades y puede hacerla particularmente difícil, es su énfasis en la reflexión, y durante la noche del 31 de diciembre es bastante probable que recapacitemos sobre nuestros logros o la falta de ellos. Cada vez que hay un momento para reflexionar tienes la posibilidad de deprimirte, especialmente si sientes que no estás a la altura de los demás.

Sentirnos tristes en año nuevo puede ser un sentimiento previsible particularmente si en el transcurso del año que termina ocurrieron eventos trágicos.

Uno de los factores más relevantes en la llamada depresión de Año Nuevo es la creencia en el mito de que todos los demás lo están pasando bien y participan en relaciones familiares amorosas, claramente un deseo, pero no necesariamente un hecho.

Estos sentimientos de tristeza afectan principalmente a aquellos que tratan las fechas festivas desde el punto de vista del perfeccionismo. Personas que organizan esta celebración y asumen responsabilidad de garantizar que todos sean felices en esta fecha, ignorando que no se puede ser feliz por obligación.

Esta es una celebración programada, y el placer, un sentimiento natural y espontáneo, no va bien con la obligación. Podemos establecer un paralelo con los placeres del amor y el deber conyugal. La primera se percibe como un suceso feliz, la otra, mucho menos placentera, puede percibirse como una camisa de fuerza carente de fantasía.

Es normal sentirnos tristes en Año Nuevo

Otro aspecto que nos lleva a sentirnos tristes en Año Nuevo son las “esperanzas frustradas”. Esperamos demasiado de esta festividad, incluyendo acercarnos más a la familia y amigos y experimentar esa sensación de calidez y unidad tan anhelada. Muchos viven a la espera de un milagro e incluso renovación espiritual, y cuando estas expectativas no se materializan, llega la decepción.

Curiosamente, el ambiente festivo de fin de año nuevo suele estar marcado por profundos sentimientos de nostalgia y melancolía.

Además, sentirnos tristes en Año Nuevo puede ser un sentimiento previsible, particularmente si en el transcurso del año que termina ocurrieron eventos trágicos, como la pérdida de un ser querido, la culminación de una relación amorosa o un fracaso laboral. Una celebración generalizada, en contraste con el dolor personal, solo intensificará la tristeza y la depresión.

En general, sentirnos tristes la noche de Año Nuevo es bastante normal. Por lo tanto, no te sorprendas de recibir el año sintiendo un poco de nostalgia y melancolía. La buena noticia es que la víspera de Año Nuevo es solo el 0,27 por ciento del total del año.

Referencias:

Increased suicides during new year, but not during Christmas in Sweden: analysis of cause of death data 2006-2015. Nordic Journal of Psychiatry, 2018. https://doi.org/10.1080/08039488.2017.1378716

Effect of new year holidays on hospital mortality: a time series study. International Journal of Emergency Medicine, 2019. https://dx.doi.org/10.1186/s12245-019-0243-x

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