Par de monos sentados sobre un tronco dándose la mano y mirando a la cámara.
Vía Pixabay.

En general, nuestra persistencia a la hora de seguir adelante con malas inversiones de tiempo, dinero o esfuerzo solo porque ya nos hemos comprometido por ellas se ha intentado explicar desde puntos de vista meramente humanos. Sin embargo, investigaciones recientes en variadas especies de monos nos han revelado que esta tendencia de comportamiento no es únicamente nuestra.

El estudio se publicó recientemente en Scientific Reports gracias al trabajo de las investigadoras Julia Watzek y Sarah F. Brosnan. Ambas se encargaron de analizar el comportamiento de los macacos Rhesus así como de los monos capuchinos a la hora de enfrentarse a “costos hundidos”. Según sus resultados, los humanos no somos los únicos mamíferos que pueden quedarse atrapados dentro de una “mala inversión”.

¿Evolucionamos para perseguir “costos hundidos”?

Esta no sería la primera vez en la que nuestro comportamiento tiene un paralelismo con el de nuestros primos más cercanos. Por lo general, variadas de las actitudes sociales de estos y la forma en la que reaccionan al estrés también pueden relacionarse con las nuestras.

Ahora, tal parece que nuestra persistencia ante proyectos que son malas inversiones también es comparable. En general, si ya hemos iniciado una actividad e invertido en ella tiempo, dinero o esfuerzo, seremos más propensos a quedarnos con ella, incluso si la posibilidad de obtener la recompensa esperada al final se hace cada vez más pequeña.

Por lo que se ha mostrado en los resultados del estudio, los monos parecen tener opiniones similares a las nuestras. Para comprobar esto, dentro de la investigación se realizó un experimento en el que los monos debían someterse a tres tareas de seguimiento que durarían 1, 3 y 7 segundos.

Dentro del estudio, si el simio no era capaz de mantener el seguimiento, entonces no recibía una recompensa. En general, si estos fallaban la primera fase, tenían la posibilidad de simplemente moverse a la siguiente. Sin embargo, la mayoría aún se quedó en cada una de ellas hasta que finalmente lograron obtener la recompensa prometida inicialmente –a costa de invertir mucho más tiempo y esfuerzo del originalmente necesario–.

Debido a lo antes mencionado, se podría decir que los monos persiguieron “costos hundidos”, es decir, inversiones cuya totalidad iba a ser imposible recuperar. En este caso, esto implicó que el tamaño de la recompensa recibida ya no coincidía con el esfuerzo puesto en obtenerla.

Hay más que solo mantener la “imagen pública”

Por lo general, se considera que parte de nuestra persistencia como humanos a la hora de perseguir malas inversiones se debe a presiones sociales. En otras palabras, se achaca este impulso a nuestra necesidad de ser consistentes en un grupo y a no mostrarnos como individuos capaces de “abandonar” un proyecto.

Ahora, aunque es posible que este factor también tenga un rol importante en nuestra toma de decisiones, queda claro que no es el único que influye. De hecho, las actitudes presentadas por los 7 macacos y los 26 capuchinos demostraron que no somos los únicos mamíferos con una tendencia mayor a persistir incluso cuando se considera una “causa perdida” o cuando las posibilidades de recibir una recompensa son bajas.

En general, todos los simios “persistieron de cinco a siete veces más de lo óptimo” comentó Brosnan. Asimismo, agregó que estudios anteriores en palomas y ratas también mostraron estas tendencias en estas especies. Por lo que podemos ver cómo el abanico de criaturas con tendencias similares a las nuestras se hace más amplio. Un detalle que bloquea la idea de que nuestra persistencia incluso durante las malas inversiones viene desde un elemento meramente humano y cultural.

“La persistencia puede resolver la incertidumbre”

Esto fue parte de la conclusión del estudio que escribieron las autoras. En general, se plantea que esta persistencia ante las malas inversiones se traduce como una estrategia de supervivencia para superar la adversidad.

Por ejemplo, cuando los animales buscan comida en la naturaleza, refugio y hasta pareja muchas veces pueden encontrarse con impedimentos que conviertan sus esfuerzos en un “costo hundido”. Sin embargo, la capacidad de dejar esto de lado y seguir adelante es lo que ha asegurado la supervivencia de las especies.

Ahora, por nuestra parte, sabiendo que es un reflejo casi natural y que en ocasiones realmente nos llevara a un final agridulce sin la recompensa esperada… ¿Qué podemos hacer? Usar nuestras otras herramientas. Claramente en este punto somos más parecidos a nuestros primos de lo que creemos, pero aún así tenemos más herramientas que ellos a la hora de manejar la eventual decepción. Podemos aprovecharlas entonces para hacer uso del aprendizaje y no dejar que la pérdida nos hunda también.

Referencia:

Capuchin and rhesus monkeys show sunk cost effects in a psychomotor task: https://doi.org/10.1038/s41598-020-77301-w