Representación del coronavirus SARS-CoV-2.
Vía Pixabay.

La pandemia del COVID-19 continúa siendo una amenaza para el mundo. Para estos momentos, ya ha contagiado al 1% de la población mundial y se ha llevado las vidas de 1,7 millones de personas. Mientras sigue la lucha contra la enfermedad, el estudio de detalles como la desregulación inmune causada por el coronavirus podrían finalmente ayudarnos a frenar su avance.

Con la finalidad de ahondar en este tema los investigadores de la Universidad de Alabama en Birmingham, Jacob “Jake” Files, Nathan Erdmann y Paul Goepfert, realizaron una investigación que se ha publicado recientemente en Journal of Clinical Investigation.

Su estudio observacional incluyó a pacientes hospitalizados con COVID-19, pacientes ambulatorios y también individuos control que dieron negativo en las pruebas de detección del SARS-CoV-2. Gracias a este, hemos podido entender con más profundidad las diferentes respuestas inmunes que puede dar nuestro organismo al enfrentarse al virus.

Sobre la desregulación inmune y el coronavirus

Básicamente, la desregulación inmune se produce cuando el cuerpo no ha podido encontrar un equilibrio entre la activación de las células protectoras y su posterior agotamiento. Por lo general, su presencia implica entonces el desarrollo de condiciones autoinmunes, autoinflamación y pérdida del equilibrio homeostático general de los procesos del organismo.

En el caso del coronavirus, los casos de desregulación inmune sostenida pueden traducirse en personas más susceptibles a tener infecciones secundarias junto al COVID-19 o con mayor dificultad para generar una respuesta inmune fuerte contra este.

Así se investigó si el coronavirus causó una desregulación inmune sostenida

Como mencionamos, se trató de un estudio meramente observacional, por lo que solo se recopilaron datos para registrar el avance de todos los casos. Para esto, se obtuvieron muestras de sangre y los datos clínicos de los 46 pacientes hospitalizados con COVID-19 activo. Se repitió esto mismo con los 39 pacientes ambulatorios que estaban en la etapa convaleciente de la enfermedad.

Del mismo modo, se recopilaron estos mismos datos del grupo control equivalente lleno de casos negativos de COVID-19. Gracias a esto, no solo se pudo comparar la respuesta inmune y sus variaciones entre los diferentes niveles de severidad de la enfermedad, sino que también se contó con los niveles base “equilibrados” desde los que cada organismo debería empezar y a los que debería volver.

La desregulación inmune fue mayor en los pacientes con coronavirus no hospitalizados

Sorpresivamente, aunque en un inicio los pacientes hospitalizados con coronavirus mostraron la desregulación inmune más fuerte, fueron los ambulatorios quienes la sostuvieron por más tiempo.

En otras palabras, para el momento del segundo examen de sangre, a pesar de que los pacientes no hospitalizados ya no tenían el virus activo en su organismo, estos fueron los que presentaron más problemas. Esto ya que tenían un sistema inmunológico desequilibrado y más expuesto a amenazas externas como otras enfermedades (o el propio COVID-19).

Gracias a esta información, podemos comprender mejor cómo funciona la inmunidad contra el coronavirus, un punto que incluso ahora nos sigue siendo bastante elusivo. Con esto se podrían desarrollar mejores estrategias y tratamientos para lidiar con los efectos posteriores de la enfermedad. Igualmente, también se podrían adaptar las futuras vacunas para suplir las posibles diferentes necesidades de los individuos según su organismo.

Referencia:

Sustained cellular immune dysregulation in individuals recovering from SARS-CoV-2 infection: http://dx.doi.org/10.1172/JCI140491