Más de un año después de que los médicos e investigadores chinos emitieran las primeras alertas sobre el coronavirus, ahora contamos con una vacuna. Y no solo uno, sino varios proyectos han obtenido éxito en el desarrollo del medicamento en un tiempo récord, lo cual es digno de admiración. A pesar de ello, muchos tienen razones para temer recibir la vacuna COVID-19.

Esta pandemia ha constituido un escenario perfecto para la propagación de matrices de opinión, noticias falsas y mitos varias veces derribados por la ciencia, y las candidatas a vacuna no se han salvado de ello. Es por ello que aprovecharemos esta oportunidad para desmitificar un poco el panorama y dar a conocer algunas razones por las que no hay que temer a la vacuna contra COVID-19 próximamente.

Científicos expertos siguieron el desarrollo de las vacunas contra COVID-19 

Los reguladores sanitarios de Reino Unido, Canadá, Estados Unidos y la Unión Europea han aprobado el uso de emergencia de la vacuna de Pfizer-BioNtech por una razón: los científicos encargados de examinar sus resultados han confirmado que es segura y eficaz.

En una nota previa explicamos lo que es una autorización de uso de emergencia, pero no está demás repasar su definición. Se trata de un mecanismo que facilita la disponibilidad y administración de ciertos recursos médicos en situaciones de emergencia, como esta pandemia.

Representaciones humanas de color blanco examinando con una lupa una jeringa con tres frascos con la vacuna contra COVID-19 a su alrededor.

Para poder emitirla, los fabricantes deben cumplir con una serie de pasos que les permitan obtener información sobre la efectividad y seguridad de su medicamento. Entonces envían un informe detallado a los reguladores con los datos de su desarrollo y de los ensayos para que estos los verifiquen y den su veredicto.

Esto ha sido lo que han hecho asociaciones como Pfizer-BioNtech y Moderna. Ambas desarrollaron una vacuna contra COVID-19 basada en una tecnología de ARN mensajero que, aunque novedosa, ha arrojado productos que no han dado razones para temer.

La política no influyó en la autorización de emergencia de las vacunas

Una de las razones por las que muchas personas han preferido temer y resistirse a recibir la vacuna contra COVID-19 es la influencia política que presionó su desarrollo. Los gobiernos se vieron en la necesidad de ayudar con financiamiento a los fabricantes para acelerar el diseño y pruebas de los medicamentos. Entre ellos, el gobierno estadounidense liderado por el controversial Donald Trump.

Muchos creen que la política ha hecho más que arrojar dinero para el desarrollo de las vacunas, y temen que la presión haya omitido algunos pasos científicos cruciales para confiar.

Sin embargo, en septiembre, nueve compañías farmacéuticas líderes, incluidas Pfizer y Moderna, se comprometieron a anteponer la seguridad a la velocidad en sus proyectos:

“Enviar para aprobación o autorización de uso de emergencia solo después de demostrar seguridad y eficacia a través de un estudio clínico de fase 3 que está diseñado y realizado para cumplir con los requisitos de autoridades reguladoras expertas como la FDA”.

Y en efecto, hemos visto cómo los resultados de los ensayos de fase III han surgido luego de las elecciones presidenciales, por ejemplo.

Las vacunas ya se han probado y han arrojado excelentes resultados

Como indicamos en la razón uno, muchos dudan de la efectividad y seguridad de los medicamentos por el poco tiempo y la presión política. Pero es necesario recordar que su uso de emergencia ha sido aprobado, no para comenzar a probarla en nosotros, sino porque ya ha sido probada en otras personas y han arrojado excelentes resultados.

Los ensayos de fase III incluyeron a decenas de miles de voluntarios en diferentes partes del mundo. La candidata de Pfizer-BioNtech se aprobó en más de 43,000 voluntarios en seis países; mientras que la de Moderna se probó en más de 30,000 voluntarios en Estados Unidos.

Muchos grupos fueron excluidos, es cierto, y probablemente también lo estarán bajo el uso de emergencia. Pero en promedio, los ensayos arrojaron efectividades de más de 90 por ciento, lo cual supera con creces la expectativa de al menos 50 por ciento solicitada por la Organización Mundial de la Salud.

El tiempo de desarrollo fue corto, pero no insuficiente

Siguiendo con el factor del tiempo, la vacuna más rápida jamás desarrollada, de las paperas, requirió más de cuatro años; la mayoría requiere incluso décadas. Moderna y BioNtech diseñaron sus vacunas contra le coronavirus en cuestión de días, pero esto no quiere decir que se saltaran pasos o que haya que temerles.

Pero recordemos que los científicos chinos secuenciaron y publicaron el genoma del coronavirus en enero. Desde entonces, los investigadores de dichas compañías lo usaron junto con un método novedoso. Las vacunas que dependen del ARN mensajero tan solo necesitan el material genético que instruirá a las células para que produzcan las proteínas inmunitarias contra el coronavirus.

“No nos estamos saltando pasos, en realidad tenemos mejor tecnología”, dijo anteriormente a Business Insider Albert Rizzo, director médico de la Asociación Estadounidense del Pulmón. “¿Por qué tomó dos semanas cruzar el Atlántico en el siglo XIX? Bueno, tuvimos que ir en un bote. Mientras que ahora, puedes cruzar el océano en varias horas”.

La tecnología es relativamente nueva, pero sus beneficios son bien conocidos

Aunque el tema se ha hecho muy popular en los últimos años, y en especial, en este 2020, la tecnología de ARN mensajero tiene una larga trayectoria de desarrollo. Fue descubierta en 1961, pero no fue sino hasta aproximadamente 30 ños después que los científicos lograron usarla para enviar instrucciones a las células para producir proteínas específicas.

Antes de las de COVID-19 creadas por BioNtech y Moderna, ya había prototipos de vacunas desarrolladas con ARN mensajero, como la del virus del Zika. Sin embargo, la emergencia no fue tan masiva como para merecer la atención mediática que ha recibido la nueva enfermedad.

“Cuando la gente dice: ‘No ha existido nunca una vacuna de ARN mensajero’, es muy importante y muy importante saber que no porque haya fallado”, dijo la bioquímica Katalin Karikó, ahora vicepresidenta sénior de BioNTech. “Simplemente no tuvo tiempo de ser avanzado por muchas personas”.

Es poco probable que las vacunas produzcan efectos secundarios a largo plazo

Pero más allá de la efectividad, otra de las razones por las que la gente parece temer a la vacuna contra COVID-19 es la seguridad. Los grupos antivacunas se han dedicado a propagar ideas de que las vacunas son nocivas y que la mejor forma de obtener inmunidad es cayendo enfermo.

Por supuesto, esto no es ninguna mentira, pero conlleva un altísimo riesgo, en muchos casos mortal. Las vacunas existen precisamente para ahorrarnos el mal rato y proteger de forma más inteligente.

En cuanto a los efectos secundarios, la mayoría de las vacunas los causan. Conscientes de ello, tanto Pfizer-BioNtech, como Moderna y Oxford-AstraZeneca han hecho seguimiento sus voluntarios luego de administrarles el medicamento en los ensayos de fase III.

Hombre con mascarilla y guantes sosteniendo con sus dedos un frasco con vacuna contra el coronavirus.

Y, hasta ahora, no se han encontrado efectos adversos peligrosos, salvo las reacciones alérgicas. Los casos de mielitis transversa entre los voluntarios que recibieron la vacuna británica tampoco han sido asociados directamente a su administración. Así que, al menos a corto plazo, no hay que temer.

Otros temen por complicaciones a largo plazo. En el caso de las vacunas de ARN mensajero en particular, el cuerpo destruye la molécula con rapidez, por lo que esta pasa poco tiempo dentro de él.

“La experiencia previa muestra que después de que la FDA ha aprobado una vacuna, es raro descubrir efectos secundarios inesperados nuevos e importantes”, dijo el Dr. Noam Tau, médico del Sheba Medical Center a Business Insider.

La vacuna no se recomienda para ciertos grupos porque aún no hay datos suficientes para hacerlo

Esta razón ratifica todo lo dicho hasta ahora. Para poder administrar un medicamento a las personas bajo un escenario de emergencia, primero es necesario llevar a cabo pruebas minuciosas de seguridad y eficacia.

Los ensayos clínicos excluyeron mujeres embarazadas y niños pequeños, pero no porque haya información de que la vacuna tenga efectos nocivos en ellos, sino por prevención y bioética. Muchos padres no estarán de acuerdo en permitir que sus hijos participen en las pruebas de una sustancia nueva, y menos en medio de una pandemia.

Mujer de rasgos asiáticos con vestido beige y mascarilla contra la COVID-19.

A pesar de ello, “los niños generalmente responden bien a las vacunas”, dijo a Business Insider Donna Farber, inmunóloga de la Universidad de Columbia . “Deberían responder bien o de manera similar a un adulto joven, y tal vez incluso mejor”.

Pfizer y BioNtech probaron su vacuna en personas mayores de 12 años, pero estos grupos de menor edad fueron tan pequeños que no fueron suficiente para que la autorización de uso de emergencia se extendiera a ellos.

En cuanto a las mujeres embarazadas, en Reino Unido se ha desaconsejado su administración; mientras que en Estados Unidos las autoridades lo dejaron a criterio de la paciente y de su médico, como informamos previamente.

Ensayos clínicos de las vacunas incluyeron grupos de voluntarios diversos

Aunque por lo general se consideran nobles, la ciencia y concretamente la medicina tienen una historia vergonzosa de discriminación racial. Sin embargo, este año sirvió para remendar (solo en parte) los errores cometidos en el pasado, aunque el escepticismo entre la comunidad afroamericana se mantenga.

Los ensayos de la vacuna contra COVID-19 de Moderna fueron retrasados precisamente para tener una amplia variedad de voluntarios. “Preferiría tener participantes más diversos y tomarnos una semana más”, dijo a CNBC el director de la compañía, Stéphane Bancel. En aquel momento, añadió que la diversidad le importaba “más que la velocidad”.

Para finales de octubre, el 37 por ciento de los participantes del ensayo de Moderna no eran blancos; entre ellos, 20 por ciento era de origen hispano o latino, 10 por ciento afroamericano y 4 por ciento asiático-americano.

Los ensayos de Pfizer-BioNtech incluyeron una proporción similar. 42 por ciento de los participantes no eran blancos; entre ellos, 26 por ciento se identificaban como latinos o hispanos, 10 por ciento negros, 5 por ciento asiáticos y 1,1 por ciento como nativos americanos.

Es mejor arriesgarse y obtener protección con una vacuna contra COVID-19 que contagiarse la enfermedad

Adulto mayor femenino recibiendo vacuna contra el coronavirus de parte de una persona con guantes y traje blanco de protección.

Y por último, una de las razones más importantes: no deberíamos temer más a la vacuna contra COVID-19 que a la misma enfermedad. Hasta ahora, no se han reportado efectos secundarios graves y es poco probable que se detecten a futuro; mientras que la COVID-19 sí puede dejar secuelas, sobre todo entre personas de edad avanzada.

Algo también muy importante es que al evitar el contagio, no solo protegemos nuestra salud sino la de todos, y con ella la normalidad de la dinámica de vida que llevamos. Sin vacunas, la estrategia más efectiva para contener la propagación de la enfermedad es el confinamiento, y muchos estamos hartos de ello.

Así que, si aún sigues escéptico al respecto, puedes aplicar la “vieja confiable” mientras inmunizan a los grupos prioritarios: esperar y confirmar por ti mismo la efectividad y seguridad del medicamento.

Referencia:

9 things to say to a friend who’s skeptical of getting the coronavirus vaccine. https://www.businessinsider.com/reasons-to-trust-coronavirus-vaccine-safety-2020-12