Personas maninando por una calle de China mientras arriba, como un montaje digital, está la forma enorme de un virus de COVID-19, junto a otras versiones un poco más pequeñas de él que flotan a su alrededor.
Vía Pixabay.

Con la llegada de los últimos días del año, el mundo finalmente le dice adiós al acontecido 2020. Sin embargo, esto no implica que los problemas se acaben o que las preocupaciones deban disminuir. Al estar consciente de esto, el gobierno de China ya ha tomado acciones para reforzar sus medidas de prevención contra el COVID-19.

Ya una vez, a mediados de este año, el mundo creyó estar viendo el fin de la pandemia y relajó sus protecciones. Como consecuencia, una segunda ola de coronavirus hizo presencia. Fue así como naciones como China, Hong Kong y Australia terminaron con nuevos brotes de la enfermedad.

Para este momento, parece que China ha sido capaz de controlar nuevamente los brotes de SARS-CoV-2. No obstante, la llegada del invierno y la temporada decembrina presentan nuevos retos para los que la nación asiática espera poder estar preparada.

La necesidad de reforzar las protecciones

A pesar de que el número de casos en el territorio chino aún es relativamente pequeño, su capital no está tomando la situación a la ligera. De hecho, ha sido específicamente en ella donde la mayoría de los controles más fuertes se han instaurado.

Todo lo anterior debido a que, durante la segunda oleada, Beijing se convirtió en uno de los epicentros de los brotes. Ahora, sumando a esto la aparición de una nueva cepa más contagiosa de SARS-CoV-2, no es sorpresa que China no escatimara en medidas de protección contra el COVID-19 para instaurar en su capital.

China no ha escatimado en medidas de prevención contra el COVID-19

Ya para mediados de este año el país asiático había tomado cartas sobre el asunto de los nuevos brotes. De hecho, en este punto Beijing fue también el epicentro de muchos de los controles más fuertes para evitar la propagación del virus.

Con esto en mente, ahora que una cepa más contagiosa ronda el mundo y la temporada invernal hace presencia, China se ha movido rápidamente para instaurar medidas de prevención que eviten la llegada de una tercera ola de COVID-19 a su territorio.

En general, los refuerzos se han dado en tres áreas primordiales: los controles de temperatura, las pruebas de despistaje y los monitoreos en los aeropuertos internacionales.

Los primeros simplemente han aumentado en frecuencia dentro de la capital. Por su parte, los segundos implican la aparición de largas (y organizadas) colas de ciudadanos a la espera de hacerse la prueba del COVID-19. Finalmente, se han duplicado todos los controles de bioseguridad para evitar que el SARS-CoV-2 vuelva a estar detrás de las fronteras chinas.

China, ahora

Para estos momentos, China cuenta con al menos 87 mil casos totales de COVID-19. Sin embargo, solo una pequeña minoría se mantiene activo. Para este lunes, por ejemplo, solo se reportaron 21 nuevas detecciones de las cuales la mayoría es “importada”; es decir, que llegó de otros países y que no se dio por contagios dentro de su territorio.

En total, los fallecidos reportados por China a causa del COVID-19 se mantienen en 4.634 mientras la nación hace lo posible por congelar allí la cifra aumentando las medidas de prevención contra el coronavirus.

En paralelo, la Organización Mundial de Salud está trabajando con China para estudiar los orígenes verdaderos del SARS-CoV-2 y cómo este llegó a saltar de los animales a las personas.