Los niños pueden reconocer las emociones de las personas que los rodean aunque lleven una mascarilla para protegerse del coronavirus. Esta fue la conclusión a la que llegaron los investigadores en un nuevo estudio publicado en la revista PLOS ONE.

Aunque la pandemia hizo este año inolvidable de una forma excéntrica y poco deseable, hay ciertas cosas buenas que posiblemente tampoco olvidemos. Entre ellas, los chistes respecto a la protección facial que usamos para prevenir el contagio con el coronavirus SARS-CoV-2.

Impacto de las mascarillas en el reconocimiento facial y de las emociones

Cuando las autoridades empezaron a recomendar a las personas el uso de mascarillas como medida preventiva complementaria del distanciamiento social, Internet se inundó de memes. La creatividad de las personas generó, más allá de admiración, muchas risas, y más aún el hecho de que se nos hiciera difícil reconocernos las pocas veces que pudimos salir a la calle.

Y aunque los chistes fueran hechos en su mayoría por adolescentes y adultos, los niños también vivieron en carne propia la experiencia. Quizás para ellos fue más intensa ya que, por su corta edad y desarrollo, aún hay muchas cosas que no conocen o procesan tan rápido como los adultos.

Aquí podemos hablar de las expresiones faciales, claramente distorsionadas mientras andamos con la mitad del rostro cubierto. Aunque los ojos y las cejas pueden decir mucho de lo que sentimos, puede que los más pequeños no estén en capacidad de discernirlo con una mascarilla.

Niños expuestos a diferentes configuraciones faciales

Precisamente en ello se enfocó el nuevo estudio. Los investigadores querían saber en qué medida afectaba el uso de mascarilla la inferencia de los niños de las emociones de los rostros.

Para determinarlo, los investigadores reunieron a niños de diferentes razas y en edad escolar (de siete a 13 años) que formaban parte de programas extracurriculares financiados con fondos públicos.

En un experimento, los expusieron a diferentes configuraciones faciales: no cubiertas, con gafas de sol en el área de los ojos o con mascarillas quirúrgicas que tapaban la nariz y la boca. Entonces les pidieron que hicieran inferencias sobre las emociones que expresaban los rostros.

Fue entonces cuando notaron que, a pesar de que tenían que esforzarse más por inferir sobre las emociones de las configuraciones faciales a las que fueron expuestos, podían hacerlo.

Los niños luchan por reconocer las emociones en quienes usan mascarilla

Los niños pueden requerir más información facial visual para poder reconocer las emociones de las personas a su alrededor. Pero cuando estas usan mascarillas contra el coronavirus, igual pueden detectar la tristeza o ira en alguna de ellas basándose únicamente en la región de los ojos.

Algo similar se observó al comparar los resultados de la exposición a personas enmascaradas con los de las personas que llevaban gafas de sol, un accesorio con el que estaban más familiarizados antes de la pandemia.

“Por lo tanto, parece que las máscaras no tienen un impacto negativo en las inferencias emocionales de los niños en mayor medida que las gafas de sol”, escriben los autores en su artículo.

Así que, en definitiva, el uso de mascarillas no necesariamente afecte la capacidad de los niños de inferir y responder a las emociones de otros, ni afecte sus interacciones sociales. En definitiva, al menos en este ámbito, no hay excusa para no colocarles la protección.

En resumen, la capacidad de los niños para inferir y responder a la emoción de otra persona, y sus interacciones sociales resultantes, puede no verse dramáticamente afectada por el uso de máscaras durante la pandemia de COVID-19.

Referencia:

Children’s emotion inferences from masked faces: Implications for social interactions during COVID-19. https://journals.plos.org/plosone/article?id=10.1371/journal.pone.0243708

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