Si existe alguien al que se le atribuye la existencia de las bombas nucleares, ese es Otto Hahn. Este alemán, junto a su equipo de trabajo, fue el responsable de descubrir la fisión nuclear, lo cual dio pie a que la energía nuclear se convirtiera en toda una nueva área en la química y la ciencia.

Hahn nació en Frankfurt-on-Main el 8 de marzo de 1879. A sus 18 años se fue a estudiar química en Marburg y Munich, en 1901 tomó su examen de doctorado y logró egresar de la institución. Inmediatamente después encontró un puesto como asistente en el Instituto de Química de Marburg, en el cual permaneció durante dos años.

Posteriormente, logró encontrar trabajar en el University College de Londres trabajando lado a lado con Sir William Ramsay. Durante este tiempo, logró descubrir una nueva sustancia radiactiva, el radiotorio, mientras trabajaba en la preparación de sales de radio puras.

Luego de esto, Hahn se mudó a Canadá para trabajar en el Instituto de Física de la Universidad McGill de Montreal con el profesor Ernest Rutherford. En esta ocasión, logró hacer otro gran descubrimiento: el radioactinio. Esto lo motivó a hacer más investigaciones acerca de los rayos alfa de radiotorio y radioactinio.

En 1907, el mismo año en el que descubrió el mesotorio, Hahn viajó de nuevo a Europa para graduarse como profesor universitario del Instituto de Química de la Universidad de Berlín.

Un descubrimiento nuclear

Otto Hahn y Lise Meitner
Otto Hahn y Lise Meitner

En este mismo año, Hahn comenzó la colaboración más importante de su vida luego de la llegada a Berlín de la doctora Lise Meitner. Con ella inició un conjunto de investigaciones que abarcaron los rayos beta, su absorbabilidad, espectros magnéticos y el uso del retroceso radiactivo para obtener nuevos productos de transformación radiactiva.

El trabajo entre ambos tuvo que suspenderse desde 1914 a 1918 por el servicio de Hahn en la Segunda Guerra Mundial, pero en cuanto volvió reanudó su trabajo con Meitner. De hecho, descubrió el protactinio, la sustancia madre de larga duración de la serie del actinio; y el uranio Z, el primer caso de isomería nuclear de tipos radiactivos de átomos. Su trabajo con la doctora Meitner duró unos treinta años.

Sin embargo, el contexto de la Alemania nazi hizo que Meitner huyera del país, por lo que Hahn se quedó trabajando con un compañero químico llamado Fritz Strassmann en 1938. Este año hizo el descubrimiento por el que sería recordado para siempre.

Junto con Strassmann, Hahn descubrió que el bombardeo del uranio con los neutrones térmicos daba como resultado los elementos bario y kriptón. Estos les enviaron los resultados a Meitner, quien los evaluó junto a su sobrino Otto Robert Frisch y juntos concluyeron que lo que había sucedido era una “fisión nuclear”, término que acuñó Frisch.

Cuando recibieron la respuesta de Meitner y Frisch, Hahn y Strassmann se encargaron de continuar sus estudios acerca de las cantidades enormes de energía que se liberan en la fisión inducida con neutrones, las cuales podían tener grandes usos tanto en la paz, como en la guerra.

Una gran advertencia

Otto Hahn

Luego de tal descubrimiento, las repercusiones comenzaron a hacerse eco en la comunidad científica y militar. Luego de la Segunda Guerra Mundial, Hahn formó parte del grupo de científicos que estuvo bajo vigilancia por el programa aliado ALSOS, un proyecto militar alemán que buscaba crear una bomba atómica con energía nuclear. A pesar de que él no participara directamente en el proyecto, sí fue vigilado debido a su descubrimiento de la fisión nuclear.

En 1944 recibió el Premio Nobel de Química por su descubrimiento, pero lamentablemente no pudo buscarlo porque, en ese momento, era prisionero de los británicos que investigaban sobre su posible participación en el desarrollo de bombas nucleares alemanas. En lugar de eso, le envió una nota al presidente del comité Nobel para Química, de forma que anunciara que no podría asistir a la ceremonia.

Luego del fin de la guerra, Hahn se mantuvo políticamente activo defendiendo ideales de paz y estando completamente en contra del uso de armas nucleares, hasta su fallecimiento en 1960.

Su legado fue grande en la comunidad científica y su más grande descubrimiento resultó ser un arma peligrosa de doble filo, a pesar de que sus intenciones siempre fueron pacíficas y en pro de la ciencia.

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