El vello facial, en la actualidad, está ganando protagonismo de nuevo entre las generaciones más jóvenes, pero incluso ahora para algunos sigue siendo complicado ver la utilidad detrás de esta tendencia.

Inicialmente, se esperaría que las barbas y los bigotes, al igual que el resto de los vellos del cuerpo, cumpla con una función biológica específica. Por esto, se plantea la posibilidad de que sea un elemento para proteger a los humanos de elementos como gérmenes o para regular mejor la temperatura.

No obstante, una mirada más a fondo dentro de este punto nos permite ver que, en realidad, ni las barbas ni los bigotes cumplen con estas funciones. Por lo que, es normal que lleguemos a preguntarnos cuál será la verdadera utilidad detrás de estos vellos.

Todos los vellos tienen una función, ¿cierto?

En un principio, la respuesta es sí, cada uno de los vellos en nuestro cuerpo cumple con una función. Sin embargo, la utilidad del vello facial está orientada a metas diferentes a la del presente en el resto de nosotros.

De hecho, se plantea que, allí donde el vello corporal puede actuar como un termorregulador, el facial es simplemente un elemento ornamental. De hecho, tampoco es una protección particular para la cara, como sí lo es el cabello para nuestro cuero cabelludo ante los embates del sol o del frío.

Por este mismo camino, las pestañas mantienen el polvo y las partículas lejos de los delicados ojos, mientras que las cejas atrapan el sudor y evitan que lleguen a ellos. Incluso el vello de las axilas actúa como un liberador natural de feromonas y un amortiguador para la fricción del movimiento de los brazos.

Sumado a lo anterior, el vello púbico también actúa para disminuir la fricción y para proteger nuestras partes íntimas ante posibles bacterias o patógenos malignos. Ahora, el vello facial no ha demostrado ser capaz de cumplir con ninguna de estas funciones.

Entonces, ¿cuál es la utilidad del vello facial?

Como lo mencionamos, según parece, la principal utilidad del vello facial parece ser para cumplir un fin meramente ornamental. Un detalle que, al reflexionar más a fondo, tiene más sentido.

Sobre todo porque, si se tratara de una característica totalmente necesaria, como los otros tipos de vellos mencionados, entonces toda la población debería tenerlo. No obstante, como sabemos, el vello facial tiende a ser una característica principalmente masculina, con pocas féminas mostrando grandes acumulaciones de este en su rostro.

Como consecuencia, cuesta considerarlo una característica biológica necesaria para toda nuestra especie. Sin embargo, aunque no sea un elemento general, el vello facial sí tiene una utilidad tanto desde el punto de vista biológico como social.

El vello facial como otro accesorio de utilidad para la interacción social

Por un lado, este comúnmente viene asociado con masculinidad y fuerza, ya que se produce con altos niveles de testosterona en el organismo. Por ende, suele o solía ser un punto de interés para las relaciones intersexuales, es decir, para atraer posibles parejas femeninas.

Asimismo, la misma proyección de la barba también puede usarse en la competencia intrasexual. En pocas palabras, actuaba como una “medida” de fuerza o masculinidad entre hombres.

Claramente, en la actualidad es más que claro que las barbas no necesariamente implican un mayor éxito en el amor. De hecho, acá también interviene un factor cultural (que determina no que es “atractivo” para la mayoría) y otro conductual (que puede decantarse por lo que es “diferente” entre un grupo mayormente homogéneo).

El vello facial a lo largo de la historia

En los últimos, años el uso de barbas y bigotes se ha comenzando a retomar como un elemento de moda. Aunque este no es un elemento que ocurra por primera vez dentro de nuestra historia.

De hecho, el uso del vello facial ha seguido un particular ciclo de culturas que se contraponen. Por ejemplo, los romanos se afeitaban en antagonismo con los griegos que dejaban largas sus barbas como muestra de sabiduría y estatus.

Por su parte, los habitantes de Europa hacían lo mismo para diferenciarse de los vikingos, que solían presentarse como agresivos saqueadores y conquistadores de territorios. Como contraparte, los cristianos protestantes comenzaron a dejarse la barba, para oponerse al catolicismo, dentro del cual la mayoría de los padres, curas y figuras de autoridad estaban perfectamente afeitadas.

Ahora, el vello facial suele ser una respuesta de las generaciones más jóvenes a las más antiguas. Estas, mucho más relajadas con las normas de etiqueta y demás, usan las barbas como un símbolo de libertad.

Las barbas en la actualidad

Sin embargo, a pesar de que, en general, las barbas han formado parte de nuestra historia de un modo u otro, existen momentos en los que el propio ambiente pide su ausencia.

Tal como ya lo mencionamos, la utilidad del vello facial es prácticamente ornamental y tiene como bases algunos elementos de socialización. No obstante, en realidad no es una protección para nuestro rostro. De hecho, se dice que las barbas pueden tener más gérmenes que el pelaje de un perro y que, para estar sano, es necesario limpiarlas constantemente.

Como consecuencia, durante una pandemia como la del COVID-19 el uso de las barbas y bigotes deja de ser un asunto de estética, cultura o ideología, para convertirse en un tema de salud. En estos casos, a pesar de todo lo anterior, la recomendación de los expertos es dejar atrás los estilismos y mantener el vello facial al mínimo.

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