La pandemia del coronavirus nos ha puesto a todos en alerta tratando de entender a la enfermedad, para así poder hacerle frente. Ahora, entre uno de los más recientes descubrimientos sobre el COVID-19, se ha estipulado que la exposición al sol podría interferir en los niveles de contagio del virus.

El estudio recientemente publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences se dedicó a buscar puntos de comparación claros entre las características ambientales y la forma en la que estas afectaban o no las olas de contagio del SARS-CoV-2.

Relacionando la exposición al sol con el COVID-19

Para llevar esto a cabo, los investigadores Tamma Carleton, Jules Cornetet, Peter Huybers, Kyle C. Meng y Jonathan Proctor unieron fuerzas. Entre ellos, recolectaron los datos de más de 3 mil unidades espaciales provenientes de diversos países y sublocaciones en todo el mundo.

Gracias a esto, pudieron comprobar que el coronavirus, al igual que sus primos el SARS y el MERS, no tiene una relación fuerte con características ambientales como la temperatura y/o la humedad. Pero, por su parte, sí se pudo comprobar que los porcentajes de contagio del COVID-19 parecían responder a los niveles de radiación ultravioleta (UV) del sol.

Específicamente, las cuatro variables ambientales que se tomaron en cuenta durante la investigación fueron: radiación ultravioleta, temperatura, humedad y precipitación. No obstante, como ya se mencionó, solo la exposición al sol mostró tener una relación fuerte y directa con el COVID-19.

Más exposición al son implica menos casos de COVID-19

Para respaldar la información compartida con los investigadores, en su estudio revelaron que una mayor recepción de luz del sol causó una disminución del 1% en los casos de COVID-19 reportados durante las siguientes dos semanas posteriores a la exposición.

En otras palabras, por ejemplo, si en un espacio con un crecimiento de casos proyectado en un 15% tiene un día de alta exposición al sol, dentro de las siguientes dos semanas, el contagio real será de 14%, ya que, según parece, los rayos ultravioleta parecen ser capaces de frenar los contagios o, por lo menos, de hacerlos menos comunes.

El poder del conocimiento

Claramente, esta nueva información puede ayudar a las autoridades del mundo a comprender mejor el comportamiento de la pandemia. Después de todo, se podrían conocer los sitios de mayor riesgo de contagio de COVID-19 según la cantidad de exposición al sol que tenga en promedio el territorio.

Con esto, los países y entidades de salud podrían desarrollar planes adaptados a las necesidades y niveles de riesgo dentro de cada uno de sus territorios. Esto debido a que, como demostró la presente investigación, incluso las sublocaciones dentro de un mismo país pueden tener diferentes respuestas al coronavirus dependiendo de la cantidad de sol que reciban.

Aun así, los autores han aclarado que la influencia de la radicación UV sobre la propagación del COVID-19 es muy pequeña en comparación con otras medidas como el distanciamiento social y las medidas de bioseguridad ya conocidas. Por ende, recomiendan que su mantenimiento debe ser una prioridad.

Ahora, el cambio que se podría hacer es añadir a los planes el conocimiento sobre la exposición a los rayos UV. Todo para así conocer los puntos de riesgo y las épocas de más peligro de contagio. De esta forma, se puede ajustar lo rígido de las políticas según lo amerite la situación, la zona y la época del año.

“En el contexto de todo esto, nuestro estudio sugiere que los cambios estacionales en los rayos ultravioleta pueden influir en la transmisión de COVID-19 en los próximos meses (…) Y si eso es cierto, debemos pensar detenidamente cómo modular las políticas de contención de COVID-19 de manera estacional”, concluyó Meng.

Referencia:

Global evidence for ultraviolet radiation decreasing COVID-19 growth rates: https://doi.org/10.1073/pnas.2012370118

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