El efecto de la mano humana en el planeta es innegable. Después de miles de años rondándolo, hemos llegado a influir tanto en él como para comenzar a hacer que cambie su clima y el comportamiento de otras criaturas –lastimosamente, de forma negativa–. Ahora, como ejemplo de esto tenemos la sabana del parque nacional Gorongosa, que quedó devastada luego de la larga guerra de Mozambique.

Con la intención de analizar los cambios que ocurrieron en ella desde entonces y qué tanto se ha podido o no repurarar, un equipo de científicos decidió estudiar el estado de la sabana. Ahora, K. M. Gaynor,  J. H. Daskin, L. N. Rich y J. S. Brashares finalmente han podido publicar el fruto de sus análisis en la revista científica Animal Conservation.

La devastación invadió la sabana africana durante la guerra de Mozambique

El estallido de la guerra de Mozambique se dio hace ya más de 40 años, en su momento, poco a poco la acritud del conflicto bélico fue inundando la sabana. En ese entonces, tanto las poblaciones animales como las humanas que vivían allí se vieron fuertemente afectadas.

Durante casi una década, los habitantes de la sabana africana tuvieron que valerse de la caza de los animales de la zona –e incluso de la caza furtiva de estos– para sobrevivir. Como consecuencia, cuando el conflicto terminó, el 90% de las especies de la zona había desaparecido, recalcó la investigadora postdoctoral Kaitlyn Gaynor.

Los animales han regresado con mucho esfuerzo a las sabanas del parque naciona Gorongosa

Durante los últimos 30 años, se han realizado trabajos de recuperación de la vida silvestre en la sabana de Gorongosa para intentar hacerla volver a su estado inicial, antes de la guerra de Mozambique. Sin embargo, el éxito solo ha sido parcial.

Para cuando terminó la guerra, los grandes herbívoros casi no estaban presentes y de los grandes carnívoros solo quedaban los leones. Debido a esto, otras especies como los jabalíes, los antílopes comunes y los antílopes acuáticos se hicieron más numerosas. Asimismo, depredadores medianos y pequeños (mesodepredadores) también comenzaron a proliferar en la sabana.

Ahora, gracias al esfuerzo de los conservacionistas, las poblaciones animales están regresando a su variedad original. De hecho, en los tres meses del estudio se contabilizaron hasta 38 especies diferentes dentro del parque nacional. Es decir que, en cuanto a biodiversidad, Gorongosa ya está a la par con otras zonas como la Reserva de Caza Moremi en el delta del Okavango (Botswana) o el Parque Nacional Serengeti (Tanzania).

¿Todo ha vuelto a la normalidad? Una segunda mirada nos dirá que no

A pesar de que la variedad de especies se ha recuperado, tras la guerra de Mozambique la distribución de estas en la sabana no ha sido la misma. De hecho, nuevamente, los grandes herbívoros como las cebras, los ñus y los hipopótamos representaron la minoría en el censo –cuando son de los más abundantes en condiciones normales–.

Por su parte, nuevamente los mesodepredadores –usualmente del tamaño de un gato salvaje– como las civetas, mangostas y jinetas se mostraron en una proporción inusual. De hecho, superaron con creces los aún escasos carnívoros grandes, de los que aún hay más leones y unos pocos recién introducidos leopardos.

Los investigadores suponen que esta prevalencia de las criaturas más pequeñas ha sido producto de la desaparición de los grandes depredadores. Después de todo, por un lado los herbívoros tienen menos amenazas de las qué preocuparse, mientras que por el otro los pequeños carnívoros encuentran entonces menos competencia.

En general, se espera que poco a poco la proporción usual de animales pueda volver a equilibrarse. Sin embargo, según estudios realizados en el 2019, la tendencia del mundo será exactamente que las especies de animales grandes desaparezcan y den lugar a criaturas más pequeñas.

Referencia:

Postwar wildlife recovery in an African savanna: evaluating patterns and drivers of species occupancy and richness: https://doi.org/10.1111/acv.12661

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