El fin del 2020 se encuentra en la recta final y, contra todos los pronósticos, el mundo ya se encuentra recibiendo los primeros lotes de las vacunas contra el coronavirus. Por ahora, solo pequeños grupos de alto riesgo las obtendrán, pero la vacunación masiva ya está a la vuelta de la esquina. Ahora, una nueva preocupación se extiende entre el sector de la salud: ¿cómo motivar a las personas a recibir la segunda dosis de la vacuna contra el COVID-19?

Para tratar este tema, la Universidad de Michigan entrevistó a su internista general e investigador experimentado, Mark Fendrick. Con sus postulados, la institución publicó un resumen en la página web del Michigan Health Lab, ofreciendo posibles soluciones para esta situación.

Antecedentes preocupantes

En general, la preocupación sobre la segunda dosis de la vacuna del COVID-19 nace de eventos pasados con otras vacunas de dos partes. En general, se ha visto que muchos pacientes simplemente optan por no recibir la segunda inyección.

Fendrick cita específicamente los casos de vacunas como el herpes zóster, el virus del papiloma humano (VPH) y la hepatitis B. Efectivamente, todas estas enfermedades son menos letales que el COVID-19 y definitivamente no se contagian tan fácil ni rápidamente. Sin embargo, sigue siendo un riesgo para las personas es recibir solo una de las dosis recomendadas, en lugar de las dos.

¿Por qué alguien no querría recibir su segunda dosis?

Acá los motivos podrían ser variados, en primer lugar Fendrick alega que el ámbito económico muchas veces juega un rol importante. Por ejemplo, el tener que desembolsar en pocas semanas el pago completo de las dosis de una vacuna puede ser demasiado fuerte para las economías de algunos individuos.

Debido a esto, muchos podrían optar por recibir al menos la primera vacuna, aunque realmente no tengan la intención o los recursos para luego buscar las segunda.

“[Igualmente, pueden presentarse] desafíos ambientales y de comportamiento adicionales, incluidos informes de efectos secundarios, afirmaciones falsas sobre la seguridad de las vacunas, barreras logísticas y la politización del programa, que pueden disuadir a las personas de vacunarse o regresar por su segunda dosis”, dice Fendrick.

Con esto, podemos ver que pueden existir variados obstáculos ambientales, económicos, sociales y políticos que podrían terminar alejando a la persona de la segunda dosis de su vacuna, algo que sería altamente perjudicial en el caso del COVID-19. Por esto, se trata de un problema que debe abordarse a la brevedad.

¿Qué hacer para motivar a las personas a recibir su segunda dosis de la vacuna contra el COVID-19?

En la actualidad, según comenta Fendrick el gobierno de Estados Unidos ya está pensando en distribuir kits “educativos” con la postura de la primera inyección. Con estos, esperan poder informar a las personas sobre el proceso inmunización y hacerlas entender la importancia de recibir su segunda dosis de la vacuna contra el COVID-19.

Objetivamente, esta medida puede ser de gran utilidad a la hora de concientizar a la población que vaya a vacunarse. Sin embargo, para Fendrick este debería ser apenas el paso uno. Esto debido a que, considera que deberían desarrollarse en paralelo otras medidas para asegurarse de verdad de que se está motivando a la población a conseguir su segunda dosis.

Hay que ir más allá, y apoyar a los primeros receptores de la vacuna

Como una forma de llevar estos “kits” un poco más allá, Fendrick propone el uso de la tecnología para “personalizar” la motivación y el seguimiento de los pacientes con una sola vacuna. Comenta que así como los vendedores de retail online tratan a sus clientes, los centros de salud podían también abordar a sus pacientes para atraerlos, motivarlos y convencerlos de que reciban la necesaria segunda dosis.

Fendrik comenta por ejemplo que el uso de una app que dé información actualizada sobre la vacuna (funcionamiento, efectos secundarios, tratamientos, etc…), que programe y siga la fecha de la segunda cita de la vacuna y que informe sobre las mejores rutas para llegar a los centros de vacunación podría ser un aliado invaluable a la hora de motivar a la población.

Mantener las vías abiertas, mientras se ofrece información clara, transparente y actualizada

Otro de los puntos en los que hace énfasis Fendrick es justamente en el transporte a los centros de vacunación. Es vital que los ciudadanos sepan exactamente dónde están estos y también cuáles son las mejores vías para poder acceder a ellos.

En muchas oportunidades, la dificultad para acceder a estos espacios puede disuadir a muchos pacientes de regresar a ellos. Por esto, es vital que se creen rutas especiales y que se mantengan siempre abiertas, de forma que las personas no encuentren ‘peros’ que los alejen de recibir su segunda dosis de la vacuna contra el COVID-19.

Incentivos monetarios

Por último, Fendrick también comenta que un incentivo monetario también podría ser de ayuda para impulsar a las personas a recibir sus dosis completas. Actualmente, el gobierno está haciendo en Estados Unidos algo similar a esta idea. Básicamente, ofrecen un incentivo a los que vayan a vacunarse por primera vez.

El internista de la Universidad de Michigan considera que esta estrategia podría pulirse más. Por ejemplo, si se ofrece la recompensa monetaria, pero después de recibir la segunda dosis, se podría aumentar el porcentaje de individuos que realmente regresarían por su otra vacuna contra el COVID-19.

¿Por qué debemos asegurar que todos reciban la segunda dosis de la vacuna contra el COVID-19?

Tal como explicamos en el caso de la vacuna de Pfizer, si una persona recibe solo una de las dos dosis de la vacunas, entonces su sistema inmunológico solo lanzará una reacción a medias. Para el caso de la vacuna de Pfizer, por ejemplo, sin la segunda dosis, solo se consigue un 52% de efectividad contra el COVID-19.

En otras palabras, una sola dosis de la vacuna solo ofrece poco más de 50% de inmunidad ante el SARS-CoV-2. Por su parte, al recibir la segunda, dicho porcentaje puede subir desde un 90% hasta un 95% según las vacunas ahora disponibles.

Con esto, la protección contra la enfermedad sería mucho más fuerte y el riesgo se minimizaría exponencialmente. En consecuencia, no solo las personas tendrían menos posibilidades de enfermarse, sino que tampoco serían un riesgo potencial para otros. Un detalle que, si se repite a gran escala, podrá finalmente ayudar a ponerle un freno a la pandemia.

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