La mayoría estará de acuerdo en que 2020 ha sido un año muy difícil en prácticamente todo el mundo. Entre todos los acontecimientos, la pandemia de COVID-19 se lleva casi todo el crédito, reconocimiento que comparte con todos aquellos personajes que aportaron, bien como héroes o bien como villanos, en la lucha contra la enfermedad.

Héroes de la pandemia de COVID-19

Todos estamos de acuerdo en que los principales héroes de la pandemia de COVID-19 son los médicos, científicos y todo el personal de salud que ha enfrentado al coronavirus en la primera línea de batalla. Pero también líderes femeninas con una excelente gestión de la pandemia como Angela Merkel, en Alemania, y Jacinda Ardern, primera ministra de Nueva Zelanda.

Li Wenliang

Li Wenliang, oftalmólogo chino considerado como un héroe en la pandemia de COVID-19 por advertir sobre la enfermedad a tiempo.

Bien sabemos que el inicio de la pandemia fue misterioso, y con ello no nos referimos al momento o lugar en el que el coronavirus SARS-CoV-2 saltó a los humanos. Los primeros reportes de casos de una enfermedad no identificada fueron censurados por las autoridades de China hasta que no hubo más alternativa que darla a conocer.

En diciembre de 2019, mucho antes de que el gobierno por fin advirtiera al mundo del nuevo peligro, Li Wenliang, un oftalmólogo chino que trabajaba en el Hospital Central de Wuhan emitió las primeras alarmas. En aquel momento, catalogó la enfermedad como similar al síndrome respiratorio agudo grave (mejor conocido como SARS), pero un año después ya todos la conocen: COVID-19.

Y aunque el gobierno confirmó las advertencias en plena víspera de año nuevo, el 3 de enero de 2020, la policía de Wuhan convocó a Wenliang para amonestarlo. ¿La razón? Una de las más controversiales en nuestros tiempos de redes sociales: “hacer comentarios falsos en Internet”.

Wenliang se vio obligado a firmar un documento en el que admitía haber “alterado el orden social gravemente” con sus declaraciones alarmantes sobre una nueva enfermedad (que resultó cierta). Con la firma de dicho documento también debería detener la promoción de dichos “rumores”.

Pero callar a Wenliang fue una medida infructuosa para el gobierno, que a finales de enero se vio en la necesidad de declarar un estado de emergencia. Para entonces, el mismo oftalmólogo había contraído la nueva enfermedad, al igual que otros médicos de la región de Wuhan.

Wenliang mantuvo el optimismo, como mostraron sus publicaciones en la red social china Sina Weibo, similar a Twitter. Sin embargo, esto no fue suficiente para detener una enfermedad para la que para entonces no había un tratamiento efectivo. El valeroso médico empeoró al punto de requerir cuidados intensivos y finalmente murió con tan solo 34 años de edad.

Pero esto no marcó el fin de su trayectoria. Wenliang dejó a una población indignada por la censura de parte del gobierno chino, cuyo Partido Comunista ofreció una disculpa más tarde por la amonestación que se le aplicó. La misma Organización Mundial de la Salud (OMS) reconoció el papel del médico chino como alertador de lo que se avecinaba.

Así pues, muchas personas en el mundo han hecho grandes aportes o han sido objeto de admiración en diferentes áreas mucho después de haber sucumbido a la parte más segura de nuestras vidas: la muerte. Li Wenliang es precisamente uno de ellos. Su legado es una lección que debemos tener presente en cada aspecto de nuestra vida, y más aún en situaciones de emergencia sanitaria. El compromiso con la verdad por encima de las preferencias políticas.

Ugur Sahin y Özlem Türeci

Foto de los científicos Ugur Sahin y Özlem Türeci.
Crédito: Stefan F. So¤mmer/Reuters.

Y si de héroes hablamos, pues todos los científicos que han trabajado arduamente durante los últimos meses en el desarrollo de la vacuna contra COVID-19. Aunque, hasta el momento, destaca la pareja detrás del diseño de la vacuna fabricada por la asociación Pfizer-BioNtech: Ugur Sahin y Özlem Türeci.

Ambos con ascendencia turca, pero naturalizados en Alemania, son fundadores de una compañía farmacéutica conocida como BioNtech. Con ella, continuarían sus trabajos iniciales enfocados en la búsqueda de una cura para el cáncer, pero también introducirían el innovador método de tecnología de ARN mensajero para vacunas.

De hecho, desde 2018 estuvieron trabajando con la reconocida farmacéutica estadounidense Pfizer en el desarrollo de una vacuna contra la gripe. Porque sí, antes de la llegada del SARS-CoV-2 otros virus, incluidos coronavirus, ya eran objeto de investigación científica orientada a la inmunización.

Cuando se enteraron de lo que amenazaba el mundo, se pusieron manos a la obra para crear una vacuna contra el patógeno utilizando la tecnología de ARN mensajero. Hasta ahora, los ensayos de fase III han confirmado una efectividad de 95 por ciento, la cual ha superado las expectativas de las agencias sanitarias.

Y como muchos sabrán, este logro ha merecido la aprobación de parte del regulador de Reino Unido, donde esta semana inició el programa de vacunación masiva. Dicho esto, la calificación de héroes se queda corta ante la magnitud de sus aportes en esta pandemia.

Anthony Fauci

Anthony Fauci, director del Instituto Nacional de Alergia y Enfermedades Infecciosas de EE.UU.

Uno de los países que más encabezó las noticias durante este 2020 fue Estados Unidos. A pesar de ser la potencia mundial en la que todos confían, el coronavirus logró hacerse un buen lugar y contagiar a más de 15 millones de personas, cifra que le ha concedido el primer lugar entre los países más afectados en todo el mundo.

Pero entre las protestas por George Floyd, los hospitales colapsados y los conflictos del presidente con China y la OMS, destaca un personaje que ha acompañado al país durante largo tiempo en lucha contra enfermedades infecciosas: Anthony Fauci.

En medio de la contienda política y los intentos por hacer creer que las cosas iban mejorando en la nación norteamericana, Fauci alzó la voz para mostrar la otra cara de la moneda… o quizás una moneda verdadera.

Como informamos a mediados de julio, el reconocido epidemiólogo fue objeto de críticas luego de haber contradicho los informes de mejoras emitidos por el mismo Donald Trump. Para entonces, las infecciones y muertes seguían aumentando, pero la administración ya consideraba y alentaba el regreso a la normalidad para reactivar la economía.

A pesar de la campaña de descrédito contra el funcionario, la población estadounidense sigue depositando su confianza en sus informes. Las mismas encuestas revelaron que 67 por ciento de sus participantes confiaba más en Fauci que en Trump en lo referente al manejo de la pandemia.

Y aunque esto suene como un conflicto político intenso entre dos personajes muy polémicos este año, el tiempo dio la razón a Fauci. Incluso hoy, casi seis meses después de dichas críticas, EE.UU. sigue encabezando la lista de mayores infecciones, lo cual coincide con las advertencias del veterano.

Villanos de la pandemia de COVID-19

Bien sabemos que cada cabeza es un mundo, y que, paradójicamente, la relatividad es la regla. Por lo que, quien para muchos puede llegar a ser un héroe, para otros se parece más a un villano, y la pandemia de COVID-19 tuvo varios antagonistas con estas características.

Xi Jinping

Xi Jinping, presidente de China, considerado uno de los principales villanos de la pandemia de COVID-19.
Xi Jinping, presidente de China. Foto: Lintao Zhang/Getty Images.

Xi Jinping, el presidente de China, ha figurado como uno de los villanos formidables de este 2020, y concretamente, de la pandemia de COVID-19, opinión que se mantiene incluso entre los habitantes del país.

Casi nadie tiene dudas de que China es un país próspero y avanzado en la actualidad, pero el tema de la censura sigue enlazándolo a tradicionalismos políticos nocivos. Esto fue muy evidente durante esta emergencia, empezando por el hecho de que el gobierno de Jinping ocultó lo que pasaba en el país a finales de diciembre de 2019, y como muestra, el caso de Li Wenliang.

Cuando en diciembre del año pasado los médicos de Wuhan empezaron a alertar sobre el brote de una nueva enfermedad similar al SARS, fueron amonestados por las autoridades. Pero en menos de un mes la situación ya se había salido de control, e incluso tuvieron que bloquear Wuhan y las ciudades aledañas.

Tiempo después surgió una polémica grabación en la que algunos funcionarios de la OMS se quejaban de la respuesta tardía de China frente al brote. Sabemos que, comparada con la de otros países, la iniciativa de bloquear las ciudades fue rápida y eficaz. Sin embargo, haber informado a tiempo algo tan importante como que el coronavirus se transmite de persona a persona pudo haber cambiado el curso de la historia drásticamente.

Un año después, muchos siguen culpando al gobierno chino encabezado por Jinping de que el brote se convirtiera en una pandemia, es por ello que figura entre los villanos de la COVID-19.

Donald Trump

Donald Trump, presidente de los Estados Unidos, sonriendo y aplaudiendo.

Donald Trump casi siempre ha sido un personaje polémico, pero como presidente de la mayor potencia mundial, su popularidad se extendió mucho más. Inicialmente, por asegurar que tratamientos que apenas estaban siendo probados eran efectivos para contrarrestar la nueva enfermedad.

El ejemplo que ha quedado para la historia ha sido la hidroxicloroquina, comúnmente utilizada para la malaria y el lupus. Trump se refirió a ella como un “regalo de Dios”, pero poco después los estudios revelaron que esta resultaba más nociva para los pacientes con COVID-19, razón por la cual tuvieron que detener los ensayos.

El mandatario también fue objeto de duras críticas cuando, durante un comunicado a finales de abril, sugirió que sería “interesante” investigar el potencial de las inyecciones de productos desinfectantes para eliminar el coronavirus del organismo.

En aquel momento, las autoridades sanitarias y líderes de respuesta de cada país hacían mucho énfasis en la limpieza e higiene como medida preventiva contra el contagio. Pero después de dicha declaración, tuvieron que hacer el discurso mucho más específico, reiterando que las personas no deben inyectarse ni tomar desinfectante.

A ello sumamos el profundo conflicto con China, arrastrado desde la decisión de Trump de impedir el uso de servicios de telecomunicaciones extranjeras en EE.UU. Con la llegada del coronavirus, cuyo brote, hasta el momento, parece haberse originado en la ciudad china de Wuhan, las acusaciones de conspiración se hicieron aún más intensas.

Trump aseguró en varias oportunidades tener evidencia de que el SARS-CoV-2 salió de un laboratorio de virología en la misma ciudad, aún a pesar de que las investigaciones del equipo de inteligencia estadounidense descartaron que el patógeno haya sido diseñado. Aunque cabe destacar que, hasta el momento, el punto en el que el coronavirus saltó a los humanos sigue siendo un misterio.

Pero, sin lugar a dudas, colocó la cereza sobre la torta cuando anunció la retirada de Estados Unidos de los países miembros de la OMS en plena pandemia. Como muchos saben, este es el mayor contribuyente financiero de la organización, y las investigaciones y campañas de prevención requieren dinero.

Aunque las acusaciones de Trump contra la OMS fueron consideradas válidas incluso por muchos expertos, no cabe duda de que su decisión fue drástica. Es por ello que muchos tienen expectativas de que la llegada de Joe Biden revierta dichas decisiones.

Boris Johnson

Boris Johnson, Primer Ministro de Reino Unido.

El distanciamiento social no es la estrategia preferida por los políticos y empresarios para el manejo de emergencias, y puede que de nadie, en realidad. Pero en esta pandemia fue necesaria dados los altos niveles de infectividad del coronavirus para los humanos.

A pesar de ello, líderes como Donald Trump y Boris Johnson, en Reino Unido, se negaron rotundamente a implementarla… hasta que no quedó de otra más que hacerlo.

El primer ministro de Reino Unido es un personaje interesante. Para algunos, merece estar entre los héroes, mientras que para otros, entre los peores villanos, y esta dualidad también se hizo notoria durante la pandemia de COVID-19.

Durante los primeros meses, se negó rotundamente a implementar estrategias de confinamiento mientras el coronavirus se propagaba a diestra y siniestra por Gran Bretaña. Su estrategia, en cambio, era permitir que la población se contagiara de manera gradual para así alcanzar la tan anhelada inmunidad del rebaño, o inmunidad colectiva.

Sin embargo, un estudio realizado por el Imperial College London lo hizo entrar en razón y reconsiderar el distanciamiento social. La opción de mitigación que decidió implementar inicialmente prometía colapsar los hospitales y causar 250,000 muertes.

Poco después Johnson dio positivo por coronavirus, y requirió cuidados intensivos. Quizás esta experiencia fue lo que lo hizo reconocer posteriormente que su país, al igual que muchos otros, no estaba preparado para lidiar con la pandemia.

Jair Bolsonaro

Jair Bolsonaro, presidente de Brasil, con el escudo y la bandera de fondo.

Jair Bolsonaro no podía faltar en esta recopilación de héroes y villanos de la pandemia de COVID-19. Podríamos decir que su imagen es para los latinoamericanos lo que es Trump para los americanos: admirable para muchos, detestable para muchos otros.

Jair Bolsonaro también se negó rotundamente a implementar estrategias de distanciamiento social en Brasil, donde se registró el primer caso al sur del continente. Gracias a ello, y en general, al poco respeto por el nuevo patógeno que mostró su administración, el gigante de Latinoamérica es el país con más infecciones hasta ahora.

Bolsonaro se refirió varias veces a la COVID-19 como una simple gripecilla, y alegó que las fábricas de carros no se detienen solo porque haya accidentes de tránsito. Al igual que Trump y Johnson, su desenfado frente al virus venía precisamente como protección de la economía del país, pero al final también dio positivo para la enfermedad.

Hemos llegado al final de un año pandémico con un país con una vacuna contra el coronavirus aprobada para su uso de emergencia. Además, tenemos personas con más conocimiento sobre epidemiología y enfermedades infecciosas, más conscientes de la importancia del altruismo durante las crisis, y por supuesto, con más respeto hacia quienes ejercen la ciencia.

Pero estas lecciones no surgieron de la nada. Al contrario, son el resultado de experiencias, tanto buenas como malas, en las que intervinieron líderes de diferentes rangos y áreas, bien como villanos o como héroes. Y si bien su labor quizás no fue la más idónea en cada momento, nos ha dejado enseñanzas que deberíamos considerar en el futuro.

Referencias:

«新冠肺炎“吹哨人”李文亮:真相最重要 (Li Wenliang, “denunciante” de neumonía de la nueva corona: la verdad es lo más importante). http://china.caixin.com/2020-02-07/101509761.html

Li Wenliang: Coronavirus kills Chinese whistleblower doctor. https://www.bbc.com/news/world-asia-china-51403795

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