Nuestra mente es un campo amplio del que incluso ahora nos queda mucho por estudiar. Tratando de conocer un poco más sobre este, el estudio recientemente publicado en eNeuro nos refleja cómo nuestros cerebros prefieren sistemáticamente los hechos a las posibilidades.

Acá no estamos hablando de si somos realistas, pesimistas u optimistas, sino de la mismísima configuración original de nuestra mente y lo que estamos “naturalmente programados” para priorizar. Según la investigación de Maxime Tulling, Ryan Law, Ailís Cournane y Liina Pylkkänen –quien dirigió el proyecto– la forma en la que se presenta la información puede hacer la diferencia en cómo nuestros cerebros la procesan.

Hechos vs posibilidades: así es cómo los cerebros interpretan la realidad

Según lo revelado en las magnetoencefalografías del cerebro de los participantes, la actividad cerebral fue mucho mayor en las ocasiones en las que se trató la información como hechos. Es decir, aquellas en las que se las presentó como una realidad latente.

Por su parte, cuando se habló de “posibilidades”, elementos que tendrían la oportunidad de ser parte de la realidad pero no lo son, entonces la mente fue mucho menos activa. De hecho, el cerebro prestó menos atención a las expresiones que no se presentaban fácticamente.

Con esto, quedó claro el sesgo perceptivo que se manifiesta desde que se escucha la construcción de una frase.

“Nuestros cerebros parecen ser particularmente sensibles a la información que se presenta como un hecho, lo que subraya el poder del lenguaje fáctico”, comentó Tulling.

Los hechos hacen que nuestros cerebros estén más activos, por eso los prefieren

Para poder diferenciar esto, a los participantes de la investigación se les presentó una misma información de dos formas distintas. En primer lugar, se habló fácticamente de un elemento, sin dejar lugar a la duda. En segundo, se trabajó en el terreno de lo posible, en aquello que podría pasar.

Como ejemplo podemos usar frases tan simples como: “Estoy en peligro” y “Podría estar en peligro”. Allí donde una es contundente y nos envía un mensaje inmediato; la otra, arropada en ese ‘podría’ no nos causa tanto impacto, ya que no se siente tan cercana, tan ‘real’.

El poder del lenguaje

“Las regiones del cerebro involucradas en el procesamiento del discurso diferenciaron rápidamente los hechos de las posibilidades, respondiendo de manera mucho más robusta a las declaraciones fácticas que a las no fácticas. Estos hallazgos sugieren que el cerebro humano tiene una poderosa representación neuronal ajustada a la perspectiva de información fáctica y, curiosamente, señales corticales mucho más débiles y elusivas que reflejan el cálculo de meras posibilidades”, comentó Pylkkänen.

En otras palabras, nuestro cerebro no solo está prediseñado para reconocer palabras, como se ha mencionado en otros estudios. De hecho, este también es veloz a la hora de determinar la “realidad” de estas al clasificarlas como hechos o posibilidades. De este modo, puede dedicar más energía a procesar lo “real” en lugar de lo que solo es posible.

En consecuencia, así como existen zonas del cerebro que nos permiten seleccionar qué escuchar en un coro de voces, o qué recordar de un evento en particular, también puede elegir a qué prestar más atención o a qué darle más importancia dependiendo de qué tan “factible” sea. Se “(…) ilustra así cómo nuestra elección de palabras tiene un impacto directo en el procesamiento subconsciente”, completa Tulling.

Referencia:

Neural Correlates of Modal Displacement and Discourse-Updating under (un)Certainty: https://doi.org/10.1523/ENEURO.0290-20.2020

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